De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien

lunes, 9 de enero de 2017

El mejor regalo

Ese año aún amanecía. Bostezaba perezoso en sus primeros días, como un niño recién nacido que acaba de llegar al mundo, y que se está acostumbrando a él, sin encontrar su sitio del todo, mirando todo, pero no viendo nada con nitidez, todo entre nieblas. Esas mismas nieblas que le acompañaban cada mañana al trabajo, las que podía ver desde la ventana del tren, o las que veía si miraba en su interior, en eso que llaman alma o corazón. Él, igual que el año que comenzaba, no había encontrado aún su sitio, no acaba de encajar en ninguna parte. Las luces de la navidad aun estaban frescas en su retina, los niños todavía tenían ese brillo en los ojos, pintado por la ilusión de uno de los días más esperados del año...tres misteriosos personajes con poderes mágicos que venían cargados de regalos todas las madrugadas del 5 al 6 de enero.
Pero como de costumbre, un año más, esos reyes magos habían olvidado hacer una parada junto a su árbol navideño, algo recargado, con muchos adornos, pero con escasa (o nula) belleza.
Seguía esperando un milagro. Una chispa mágica, una estrella fugaz que llegara, aunque fuese efímera, a iluminar una rutina anodina y sepultante, que cada día le enterraba un poco más en su soledad y desidia. Se sentía como una mala hierba en un jardín hermoso. Todas las flores a su alrededor crecían, abrían sus pétalos al rocío invernal y mostraban sus colores al mundo. El sólo crecía, pero esperando ser arrancado de raíz en cualquier instante, sin un solo toque de color o hermosura que legar al recuerdo cuando ya no estuviese.
El calendario mostraba el 8. Se durmió como cada noche, extenuado por otro largo día de viajes en tren y quehaceres desalmados.
No imaginaba que aquel día sería el último. Que su vida comenzaba de nuevo.
Cuando despertó, no sabía dónde estaba. Todo le parecía familiar, y sin embargo distinto. Se encontraba en una ciudad maravillosa, como de cuento, o quizás sería más justo decir como de historia épica. Salpicada de torres y rincones oscuros, donde a cada paso pudiera asaltarte un pícaro a sueldo, armado con sable y vizcaína.
Creía recordar que le habían llevado allí, desde luego él no había ido por su propio pie. Y tambíen creía recordar que su presencia allí era por algún motivo concreto, sentía que alguien le esperaba.
Dirigió sus pasos bajo un arco, y pasó junto a una estatua, de algún famoso escritor de época, muy acorde con la ciudad de ensueño. Sin saber bien por qué, entró en aquel lugar de una manera rutinaria, como el que lo ha hecho muchas veces, con seguridad y sin atención.
Era un sitio oscuro, no demasiado alegre, tampoco triste. Sólo vulgar, corriente. Pero...algo allí dentro era diferente.
Una luz, pequeña, pero muy intensa, parecía refulgir al fondo de la estancia. Irremediablemente atraído por aquella luz, como polilla hacia un candil, se fue acercando y acercando. Mientras daba un paso tras otro, se miró las manos, durante sólo un instante, y pudo percibir claramente dos verdades que se batían en duelo y a la vez se complementaban como una sola revelación. La oscuridad de su propio ser, más intensa a la luz de aquella luciérnaga mágica, y el poder de esa misma centella para iluminarle poco a poco, no reflejándose...sino entrando en su oscuridad para alumbrarle desde el interior.
Y fueron a recorrer la ciudad, su oscuridad y la nueva luz. Y cada calle era un poco más luminosa que la anterior. Y sin embargo, el mundo alrededor parecía ir desvaneciéndose...quedándo sólo ellos, sólo la luz y él, sólo él y la luz. Subieron cuestas hacia catedrales, y parecieron pasar sólo unos segundos...pero habían pasado meses. Y la luz tenía manos, y de ellas brotaban ríos de claridad. Y se entremezclaban con los regueros de oscuridad que salían de las manos de él, y juntos de las manos, siguieron paseando. Y la ciudad fue parte de ellos, y ellos parte de la ciudad. Tomaron té entre risas, y se tomaron la luz a la oscuridad y vicerversa, en lo alto de una piedra, al otro lado del río, haciendo que en mitad de la noche toda la ciudad brillara como si fuese un día de Junio. O de noviembre, porque las estrellas nacen cuando nacen, y ésta era de otoño.
Y ya no se separaron, vieron el mar, fueron a montañas, navegaron ríos en ciudades lejanas. Pero siempre juntos.
Y de repente...despertó. Y entendió que todo aquello había sido sólo un sueño. Pero...alargó la mano...y unos dedos rozaron los suyos. Unos dedos que iluminaban cada centímetro de piel que tocaban. Unos dedos hechos de luz. Y allí estaba ella. Casi un año después de aquel 9 de enero, finalmente resultó que los magos de oriente se habían acordado de él. Y junto a él, dormida, con el pelo color sol sobre la almohada...la luz hecha persona, el sueño...pero despierto. El mejor regalo.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Bateaux Mouches

Diario interestelar. Día...penúltimo. Quién me iba a decir cuando lo comencé...que este año sería así. Sólo buscaba que cada día contara y sumara. Y vaya si contó...
Un año más...No, nada más lejos de la realidad. No es uno más. Ni siquiera es uno de los mejores.
Es EL AÑO. Con mayúsculas.
 Hace ahora unas 52 semanas, andaba sumido en dudas, en miedos y en crisis. Llegaban los 30, no avanzaba en nada...las patas de mi taburete flaqueaban...nada parecía ir como debía. Todo cambió un 9 de enero. Las mejores cosas son las que no se piden...y yo de verdad que no le pedí nada a los reyes magos. Esto...me encontró...y comenzó en la mejor ciudad de este país...no podía ser de otro modo. Mi querido Toledo.
Desde entonces...podría decir que mi vida ha cambiado, que ha mejorado...mentiría. Mi vida es otra. Abril será mi segundo mes de cumpleaños, el 29...el día señalado para soplar velas.
Y desde entonces...pues no puedo ni debo describirlo, porque las palabras no harían justicia.
En cualquier caso, este último viernes del año...no reflexiono. Sólo recuerdo y agradezco. Grandes cosas han pasado, amigos que han decidido dar pasos de gigante en sus vidas, o que buscan su camino. Pero que siguen en el mío, aunque a veces lo duden, y yo no sepa hacerlo visible. Llegadas de nuevos renacuajos a los que querer y cuidar en los ratos que me quedan. Descubrir que de lo que creías saber...no tenías ni idea. Y dejarme enseñar...y maravillarme aprendiendo y sintiendo como si fuese la primera vez. Porque es la primera vez...aunque no lo sabía.  Y viajar...siempre viajar. Esta vez de una manera nueva y distinta...pero tan maravillosa...que también sería dificil explicarlo. En fin...no se por qué...pero la cabeza me lleva involuntariamente a un paseo por el Sena en bateaux, en pleno diciembre. Un frío glaciar por momentos. Y sin embargo...felicidad. Por lo que me rodea...sí, en parte. Pero sólo momentáneamente. La felicidad viene de mi lado, derecho concretamente. De quien me acompaña...me acompaña, me guía y sobretodo, me ilumina. Esto ha sido este año...luz. Luz en las sombras que tenía, limpieza de telarañas...y vivir...y vivir de verdad.
Porque al final...todo se reduce a 3 palabras...y ella las encierra todas. Y ella llegó el 2016...asi que siempre recordaré este año...y le estaré eternamente agradecido. ¡Ah, las 3 palabras!
VIDA, LUZ...y AMOR.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Tu Otoño

Hace un tiempo escribí una canción...se llamaba el otoño. Y su última frase decía "puede que el tiempo traiga un otoño mejor". Nada más real, nada más acertado. Este, el de hoy, es el bueno, el de verdad. El que siempre había esperado. Felicidades pequeña, este es Tu Otoño.
Alguna vez me has dicho
que no quieres leer,
que te duelen mis canciones, mi pasado.
Que te cuesta creer, que eres todo para mí, que te asusta,
que me vaya de tu lado.
Por eso amor, te canto,
y esta vez me has de escuchar,
que este otoño es el que yo siempre he esperado.
Que yo siempre te soñé, que vivo pensando en ti, que al fin encontré a quien siempre había buscado.
Y este otoño es para tí,
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
Y si tiene que llover,
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo me lleve a tí
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
De ahora en adelante,
mi pequeña, has de saber,
que si canto cuando se caigan las hojas,
lo haré pensando en ti, tu piel será mi papel, y mi piel será todo lo que tu mojas.
De sudor y lágrimas,
pero de felicidad,
que mi mano sólo escriba en tus caderas,
Que tu luz me guiará, que nunca me alejaré, que convertiste el otoño en primavera.
Y este otoño es para tí,
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
Y si tiene que llover,
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo me lleve a tí
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
 

lunes, 29 de agosto de 2016

Una estación

El tiempo es tan relativo. Cuatro meses...que parecen toda una vida, y sin embargo han pasado como un suspiro.
En cualquier caso...el tiempo es oro. A tu lado. Gracias pequeña.

Hace ya algún tiempo, escribí un par de canciones,
hoy he descubierto que entonces me equivocaba,
que primavera y otoño, son sólo dos estaciones,
hojas de algún calendario, tiempo que empieza y acaba.

Hoy hemos inventado una nueva estación,
y podría hacer calor, me da igual que llueva o nieve,
cuatro meses que han volado en los que sólo veo el sol,
mi número favorito ahora es el veintinueve.

martes, 2 de agosto de 2016

Tres

Hace un año, un mes y pocos días escribía aquello de "veinti...últimos". Hoy, con los 30 ya en la espalda, podría escribir aquello de "pues tampoco es tan distinto". Y puede que sea verdad, lo más probable es que la edad no cambie casi nada. Pero el 3 es mi número, y ella ha aparecido en mi vida casi a la vez que esta cifra...que encabeza el 30.
Y con ella...cambió el mundo. Y mi vida.

Tres noches,
Tres noches bastan para sudar alegría.
Tres noches para nadar en tu espalda, para morir en tus ojos, para vivir en tus días.
Y dormirme en tus brazos,
y perderme en tu pelo,
y amanecer en tu cielo,
y en tus pupilas, las mías.

Tres meses,
Tres meses bastan para cambiar una vida.
Tres meses para empezar el camino, para cambiar el destino, para encontrar la salida.
La salida de un largo túnel,
de camas sin alma,
de dudas sin calma,
de letras vacías.

Tres vidas,
Tres vidas no bastan, mi vida.
Tres vidas para decir lo que quiero, para vivir lo que siento, para explicar a quien pida.
Entender lo que escribo,
describir lo que  amo,
despertar con tu mano,
sentirme el alma...
más querida.

viernes, 5 de febrero de 2016

Fervorosa, ilustre, calurosa e hidalga felicitación

Algo esta mañana me hizo recordar que últimamente tengo harto descuidada esta tábula donde asiento mis pensamientos, inventivas, fabulosas aventuras y venturosas desdichas, en forma de prosa, verso, mezcla o intento de ambas o de ninguna. 
Ausencia de envites reseñables, yermo campo de grandes emociones de un tiempo a esta parte, la pereza de la musa...fácil es encontrar mil excusas o causas, cada cuál ve la feria según le parece.

Por tanto, bueno es comenzar la andadura de este año, tarde, pero mejor que nunca, dedicando a vuesa merced esta primera entrada del año 2016 de Nuestro Señor.
Tiempo ha que comenzó nuestra singladura, gracias a su natural propensión quijotesca de desfacer entuertos, y desfaciendo el mío, te entraste en mis mientes y experiencias sin pedir disculpa ni permiso.
Desde entonces, recorremos los caminos de los campos castellanos (de momento, no ha tenido a bien el hado encaminar nuestros pasos fuera de nuestros reinos), entrando en singular batalla con gigantes que tomaban aspecto de molinos, adentrándonos en las entrañas de la tierra para conocer la morada de Montesinos, visitando tierras celtas de leyendas milenarias...o descendiendo Despeñaperros hasta la sin par belleza de Sevilla, para cumplir devotamente con los mandamientos de nuestra Santa Madre Iglesia.
Pero en todas estas andanzas, en poco o nada estimo su valía, si no fuere por la ilustre, impagable y nunca suficientemente ponderada compañía de, en algunas ocasiones, escudero fiel y fiable, en otras tantas veces, caballero audaz y seguro, en el que vuesa merced se ha convertido para mí a lo largo de estos años.
Por ello, por todo, y por tanto, doy gracias a Dios Nuestro Señor por permitille a usted seguir cumpliendo años lozanamente, enorgullézcome y alegróme de poder seguir felicitándole en fecha tan señalada como ésta, y en mucha estima tendría, y causa de gran alegría para mí sería, poder seguir compartiendo con su señoría más andanzas y fabulosas aventuras, desfaciendo entuertos a lo largo y ancho de lo que nuestros pasos den cuenta, siempre y cuando sea en compañía suya de usted.

Calurosamente suyo, sin que a malentendido lleve dicha afirmación, su fiel e inquebrantable (y anciano) amigo.

¡Muchas felicidades hermano!

miércoles, 28 de octubre de 2015

Roma-Firenze Oct. 2015. Día 4. Mucho más que piedras.

Las piernas ya pesan toneladas. Hoy no era día para madrugar, aun así, las 9 llegaron demasiado pronto. En cualquier caso, el último regalo sin abrir de este viaje me estaba esperando, al final de la Via Cavour...desde hace 2000 años. He comenzado mi viaje a través del tiempo en el arco de Tito, puerta de entrada a los Foros Imperiales, para ir descubriendo, paso a paso, a traves de la Via Sacra, todas las maravillas conservadas en este valle que separa el Campidoglio del Colosseo. La Basilica de Magencio, el templo de Vesta y la casa de sus Vestales, el templo de Antonino y Faustina, lamentablemente reutilizado en iglesia barroca, pero afortunadamente también, ya que ello propició que se conservase mejor, la basílica Giulia (del señor Julio César) o la basilica Emilia, y al final el arco de Septimio Severo. En fin...pasear por la cuna donde nació gran parte de lo que somos, imaginar gente en peplum y togas sujetas con el antebrazo, hablar todos en latín...un sitio donde cada piedra transpira historia. Ajustado por la hora de visita al Coliseo, he paseado por el laberinto del Palatino, bastante peor conservado que los foros,donde cuesta imaginar qué hubo allí mucho más. Triste, pues esta colina Palatina es realmente la cuna de Roma, donde comenzó todo lo que llegaría a ser un imperio. Y finalmente, el Anfiteatro Flavio. Comúnmente conocido como Coliseo, por el Coloso enorme de Neron erigido en su lado noroeste. A poco que le pongamos algo de imaginación aderezada por Hollywood, podemos escuchar rugir a las fieras, entrechocar las espadas de los gladiadores y gritar agonizando a los sentenciados. Una sola pega...demasiada gente.
Una vez exprimidos los encantos de la antigua Roma, toda la tarde por delante sin nada concreto que visitar. Comenzar con el Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli no está nada mal. Y un capuccino en la cafetería del altar de la patria en Piazza Venezia también es buena manera de hacer sobremesa, sin duda. De ahí, he seguido el Corso Vittorio Emanuele II, para ir haciendo paradas en otras iglesias con encanto. La primera, El Gesú, donde reposa San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas. La segunda, por motivos personales que no vienen al caso, la Chiesa Nuova o Santa Maria in Vallicella, cuna del Oratorio de San Felipe Neri, y tumba de éste.
Tras anochecerme en esta última, he cruzado el Tiber por Ponte Sant'Angelo, para ir rumbo norte y descubrir el espectacular Palacio de Justicia de Roma. Y finalmente, regreso por mi querida Piazza Navona, Fontana de Trevi (ya no tiene ningún andamio, la abrirán en breve...!tendré que volver a verla!) y Via del Tritone...a Termini. Esto se termina...pero me queda una mañana y poco más. ¡A descansar ahora!