De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien

lunes, 1 de enero de 2018

Año nuevo...

Día 1. Estoy solo en casa. Ella está trabajando. No hay fiestas en lo suyo, la gente no deja de enfermar porque cambiemos de año. Tiene que seguir curando, cuidando y ayudando a gente que no conoce, que nunca vió y que quizá nunca vuelva a ver. Y mientras, el 2017 se fué. 2016 fue el año en que mi vida comenzó a cambiar, a mejorar, a tener más sentido. Este año, ya difunto, ha sido la confirmación. Hoy escribo esto desde mi casa, desde mi sofá, bueno, casi míos, el alquiler hoy en día es prácticamente un tecnicismo, y lo máximo a lo que podemos aspirar en cuestiones de propiedad, al menos de momento. Y aquí, en mi casa, en la que dentro de 3 días cumpliré 6 meses de nueva vida, también me cura a mí. Lo hace cada día, cada mañana que la veo al despertar, o cada noche siendo lo último que veo antes de dormir. Me cura de lo que sabe que tengo y de lo que no, de lo que conoce y de lo que sólo intuye. Pero me cura. Y ahora que está amaneciendo el nuevo año, ni quiero ni puedo pedir nada más. Se que lo bueno llega, lo veo cada día, lo siento cada mañana. Sólo tengo que seguir dejándome curar. El resto...vendrá por sí solo. Feliz año nuevo a todos...y gracias a ella.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Toscana 2. Pisa, la guinda torcida. Y se acabó...de momento.

Y ahora sí, se acabó. Nos hemos despedido de Florencia con un último paseo y unas compras puramente navideñas, para poner rumbo a la última parada del viaje. Una guinda torcida, que pone un broche de lujo a esta andanza italiana. Nos hemos llevado una gratísima sorpresa con Pisa. Realmente, tiene lo que tiene, su famosísimo campanile, famoso fruto de un error. Pero se percibe en toda la ciudad una mezcla de encanto y extrañeza curiosa. Bonitas calles y rincones, pero con demasiados lugares oscuros...y poco fiables. En cualquier caso, como digo, una perfecta guinda a este pastel italiano, que ya se acaba.
Y se mezclan emociones. Tristeza, por lo que se acaba, porque ya no habrá más mañanas en las que pensemos qué maravilla veremos hoy, o cuánto nos asombrará, o cuánto disfrutaremos. Al menos por un tiempo. Poco, estoy seguro. Porque antes de acabar esta aventura ya están nuestras cabezas tramando las siguientes. Por otro lado, satisfacción. Ha sido un viaje maravilloso, de principio a fin. Primero por lo que ha costado, lo difícil que nos lo ha puesto la suerte o el destino, o lo que sea. Y segundo, porque disfrutar las cosas solo, está bien, disfrutarlas con ella, es simplemente increíble. Sobra decir que en estas aventuras siempre me acuerdo de mi compañero y hermano de viajes y kilómetros (él sabe quién es, no hace falta nombrarle), pero entenderá que, aunque esos viajes han sido increíbles, ahora...las noches de estos viajes también lo son (ahora los amaneceres son mejores amigo! jeje...). Por último, alegría, por volver a casa, a nuestra casa, a descansar, a recuperar fuerzas, rodillas, caderas y tobillos, y a soñar con todas las maravillas que hemos descubierto o redescubierto juntos.
Mañana, rumbo de nuevo al reino.
É finito...pero continuará!

domingo, 3 de diciembre de 2017

Toscana 1. Florencia, otoño en la Toscana.

Termini, adecuado nombre para hoy. Es lo último que se ve de Roma cuando te vas. Pero hoy no era un punto final. Sólo era un punto y seguido. Y siguiendo la vía, a velocidades ilegales, la frecciarossa nos ha traído a la ciudad de las flores, Florencia. No hay ciudad igual en cuanto a arte. Y hoy, primer domingo de mes, arte gratis. Asi que contemplar el David de Miguel Ángel sólo nos ha costado el módico precio de esperar 20 minutos de cola. En contrapartida, no pudimos disfrutar de Santa Croce como debíamos, precisamente por la misa dominical. Pero ni las masas de gente que poblaban hoy Florencia, ni el frío polar, nos han impedido disfrutar de la Signoria, de la magia del Ponte Vechio, y de la mejor vista panorámica de una ciudad que uno puede admirar, desde la plaza de Miguel Ángel. Y por supuesto, de disfrutar mi panino de lampredotto. Una sencilla exquisitez toscana.
Recuerdo cuando hace dos años pasé dos horas viendo anochecer sobre Florencia, acompañado de una Birra Moretti y una bolsa de patatas, y la sensación de paz que tuve en mi soledad. Hoy no pudieron ser dos horas, por riesgo de hipotermia. Pero la sensación de paz y de satisfacción...fueron mucho más intensas, quitando de la ecuación a la soledad, para obtener un nuevo resultado, felicidad.
Y pasear siguiendo las luces navideñas sin rumbo fijo, y ahora descansar y desgranar las últimas horas aquí...Mañana, Pisa.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Roma, día 4. Arrivederci Roma!

Se acabó. Al menos por ahora. Volveremos. Siempre es bueno dejar cosas por ver, cuentas pendientes. Y en esta ocasión, nos hemos dejado a San Juan de Letrán, a San Pablo Extramuros y las catacumbas...y alguna otra cosa. Pero nos hemos querido despedir compartiendo el éxtasis de Santa Teresa en Santa María de la Vittoria, recorriendo el Circo Máximo, poniéndo en riesgo nuestras manos en la Boca de la Vérita, perdiéndonos en el Trastévere y despidiéndonos del país vecino pasando el Ponte Sant' Angelo, echando una última mirada a San Pedro. Día de caminar sin horario, de mezclar la Roma de Bernini con la Roma Imperial, de pasear por la Plaza de San Pedro y por la Plaza Navona, y de echar un último vistazo a la Fontana de Trevi. Día de comer helado italiano auténtico, de colarse en el bus y de cenar pasta fresca. Y día de rehacer la maleta...porque mañana nos espera Florencia, la flor de la Toscana. A descansar!

viernes, 1 de diciembre de 2017

Roma. Día 3. Algo más que piedras


Alguna vez escuché a alguien decir, hablando sobre Roma, que para ver piedras rotas, mejor se quedaba en casa. Obviamente, era un chiste. Pero, una vez se está entre esas piedras, se comprende que más que un chiste es un sinsentido. Cierto es que, sin la ayuda adecuada, pueden parecer ruinas sin más, algunas quizá con la suficiente belleza para hacer una buena foto. Pero el Foro es mucho más que eso. Es pura historia. Es fascinarse viendo dónde incineraron a Julio César, sorprenderse encima de donde vivió Galeno, asomarse a las mismas calles que vió Marco Antonio, o pasear por los pasillos que vieron a Augusto. Y una vez más, siento si soy pesado, sorprenderse compartiéndolo, admirar al unísono, y emocionarse disfrutando juntos de la historia y de la cultura, no tiene precio. Igual que no tiene precio imaginar el rugido de los miles que abarrotaban el Anfiteatro Flavio (lo conoceréis como Coliseo), asomandose a sus terrazas y paseando por sus graderíos. Y recorriendo la Via de los Foros Imperiales, para subir a la colina del Campidoglio, y recordar a los que, según la leyenda, fundaron esta ciudad, amamantados por la loba capitolina.
2000 años y alguno más...son algo más que piedras. Son parte de lo que somos. Roma vincit!

Roma. Día 2. Cerca del cielo.

Un cielo azul. Por fin. Se acabó la lluvia, y, como una recompensa divina, el sol nos guió por el Ponte Sant' Angelo, para subir precisamente a ese lugar, cerca del cielo, justo encima de la tumba del pescador. Toda la Via de la Conciliazione fue un discurrir de boca abierta y pasmo generalizado. Y es que ese lugar, la Casa de Dios, como ya la nombré en otro momento, no deja lugar a engaño. La sorpresa, el asombramiento y la incredulidad que sobrecoge al que llega es siempre la misma, sea o no la primera vez que los brazos de la columnata de Bernini te abrazan. Y de allí, sorprendentemente sin colas, comenzamos a poner a prueba el tobillo maltrecho de la novata en el país pontificio, y con ayuda divina o no...alcanzamos la cumbre de la cúpula para maravillarnos, por primera vez o como si tal fuera, con la grandeza de Roma a nuestros pies. Para después ponernos a los pies de la Basílica del apóstol, y sentirnos pequeños, y frotarnos los ojos comprobando si aquello puede ser real...si el hombre es capaz de tal cosa. Esta vez no hubo encuentros inesperados...pero sí hubo nuevos descubrimientos. Bajar a la gruta vaticana, donde descansan viejos y no tan viejos pontífices, escudriñar cada rincón de la iglesia...y no hacerlo solo. Eso fue lo mejor, compartir la maravilla, junto a mi propia maravilla. Y compartir los secretos y riquezas de los museos vaticanos, aunque el pie renqueante nos recordase que todo tiene límites, admirando los techos de la Capilla Sixtina.
Después, ver caer la noche sobre la cúpula de Miguel Ángel, para regresar a la vieja Roma y perdernos por las calles que rodean la Navona, y por último dirigir nuestros pasos a Trevi, para maravillarnos nuevamente con su Fontana, esta vez en todo su esplendor, que sólo alcanza cuando ya se ha puesto el sol. Hoy sí, nos sentimos cerca del cielo, azul.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Roma, día 1. El diluvio.

Hoy retomo una vieja costumbre, que tenía descuidada, y que con mal criterio deseché de mi última escapada fuera de los límites de nuestra península, allá por las galias. Hoy vuelvo a escribir mi diario de viaje, con una pequeña salvedad, ya no es mi diario, ahora es nuestro diario.
La última vez que estuve en esta ciudad, no cumplí con una de sus más arraigadas costumbres, lanzar por encima del hombro una moneda en la fuente del dios Océano, esa que llaman de Trevi. Quizá por ello, quizá por el destino, quizá por una manifestación de tuertos que parece nos ha echado el ojo últimamente, este viaje se ha complicado más de lo que esperaba. Un esguince de tobillo a deshora de mi otra mitad, el primero en su currículum, ha hecho peligrar el viaje hasta el último momento. El hotel desde el que escribo lo reservamos...¡5 días antes de viajar! Quien me conoce...sabe que eso es impensable en mí. Gracias a las artes chamánicas de una buena fisio, a la que le debemos un helado y lo que pida, hemos podido coger hoy el avión, rehaciendo, retocando y adaptando la aventura a nuestra nueva invitada, la muleta (la de los cojos, no la de los toreros). Luego un duelo copero a horas intempestivas entre mi pueblo y mi equipo, y un diluvio constante en esta ciudad eterna, han hecho el día un poco más gris de lo imaginado, y un poco más cansado de lo previsto. Pero Roma siempre pone el resto, lo necesario para seguir caminando. El Pópolo, subir los escalones que tenía en la cuenta pendiente con Piazza di Spagna, Fontana de Trevi, Pantheon, Piazza Navona, Campo de Fiori, Piazza Venecia, Colosseo...y caminar con 4 piernas, que es como camino ahora, han hecho que las horas fueran segundos, y el diluvio, un simple chubasco sin importancia. Que unas piernas más cortitas que las mías, y con un tobillo que crece por momentos (de manera algo preocupante), hacen que mis pasos sean más ligeros...casi flotantes. Y hoy sí, sin mamparas, y con la Fontana rebosante de agua, la moneda voló y se zambulló. Roma ya no está en obras, parece. A descansar. Mañana tenemos una cita con Dios.