De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien
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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Flandes. Día 5. ¡Hasta luego Bélgica!



Pues como en casi todo en la vida, ha llegado el final. 5 días de luces, mercadillos callejeros, Navidad, canales y torres, y belleza europea en estado puro. 5 días que no olvidaré. Este ha sido un viaje distinto a todos los que había hecho hasta ahora. Un viaje de no correr a ningún sitio, de disfrutar de cada paso, y de no sufrir con ninguno de ellos. De beber buena cerveza(buenísima, no se por qué no tenía constancia de la calidad de la cerveza belga...pero me temo que aquí he bebido las mejores cervezas que he probado nunca!), de dormir en buenos hoteles (hoy despertamos en una habitación casi tan grande como mi casa!), de pasear pequeñas ciudades admirándome una y otra vez con las maravillas que hay a la vuelta de cada esquina, y de sentir que el viaje acaba cuando debe acabar. Siempre me invade una sensación de tristeza al acabar estas aventuras europeas (de momento). Sin embargo, esta vez no. Me guardo y me llevo todo en la retina y en el alma (de viajero), pero me voy con la sensación de haber hecho y visto todo lo que he querido, de haber exprimido cada ciudad hasta su última gota (o casi, siempre hay que dejar algo para volver), y tengo ganas de volver a casa, de abrazar a mi peludo (cuantísimo le estamos echando de menos!) y de recordar la Grand Place de Bruselas, los canales de Brujas, las torres de Gante, de enseñar fotos y dar brasas con las experiencias vividas, y, aunque las patatas fritas, los gofres y las salchichas están muy ricas, de comerme un buen cocido y una buena tortilla.
Gracias Bélgica, gracias pequeña (los viajes en buena compañía valen doble, mi antiguo compañero,que anda ahora cambiando pañales, puede dar fé de ello, pero mi actual compañera me da tanto y tan bueno, que si no la nombrara en este diario, éste no valdría nada).
Nos vemos en España. Vaarwel, au revoir.

martes, 11 de diciembre de 2018

Flandes. Día 4. Gante, más historia que cuento.



Hoy sí, amanecimos tardísimo, hotel en la misma estación, ventajas y desventajas, estás lejos del centro, pero no pierdes los trenes ni queriendo. Y así nos despedimos con tristeza del cuento, de la magia y las hadas de los canales de Brujas, y a las 11 el tren ya nos llevaba a una cita con la historia...y más belleza. Gante, donde vino a nacer nuestro emperador más internacional y conocido, Carlos I de España, V para el Sacro Imperio Germánico. Ciertamente hoy sólo queda un pequeño vestigio del palacio donde nació, pero yo que soy meticuloso y algo friki, cierro un círculo a la inversa, tras visitar su última morada en Yuste, visito la primera en Flandes. Y el resto de la ciudad...más encanto, más belleza, reflejos de 3 torres que compiten en altura y belleza en las aguas del río Lys. Siendo justos, es cierto que Gante no es Brujas, no es un cuento de hadas en cada callejón, pero es historia, es medievo y es belleza indudablemente. Y sus cervezas...a la altura de sus torres. He de decir que vine bien aconsejado, y aquí me han aconsejado más.
Y ahora, a dormir, que sólo queda un día.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Flandes. Día 3. Piedra y agua.



No recuerdo ningún viaje, y ya son unos cuantos los que guardo en el recuerdo, tan relajado, sin prisas ni horarios, sin madrugones ni largas caminatas para recorrer kilómetros y kilómetros de ciudad. Sin embargo, éste es el tercer día, y las piernas, pese a todo, empiezan a pesar. Aún así, como ayer sospechaba, el peso se ha evaporado en cuanto hemos comenzado a recorrer Brujas a la luz del sol. La entrada a la ciudad es un estanque junto a un parque, que hace barruntar a los que nos acercamos al centro, sin descubrirlo en su totalidad, las bellezas que nos quedan por ver. Justo después, un pequeño paseo por el Beguinaje. Antes de llegar aquí, no tenía ni idea de quiénes eran las beguinas, unas buenas (y religiosas) señoras que dedicaban su vida a cuidar de los enfermos, y que vivían en estos recogidos lugares, en donde aún se puede percibir la paz y sosiego que reina en el lugar desde hace cientos de años. Y después, unos metros más...y comienza la auténtica maravilla. Casas centenarias, piedras medievales prácticamente intactas, plazas rodeadas del gótico más preciosista que se puede imaginar, olor a chocolate en cada calle... Las brujas siempre están ligadas, irremediablemente, a la magia. Brujas es igual. Mágica, congelada en el tiempo. Y si recorrer sus calles llena los sentidos, recorrer sus canales desde un barco, llena la imaginación, y sacia el hambre de belleza y arquitectura hecha arte. Y poco más...que es mucho más. Sin prisas, gastando la tarde en lo que es Bélgica pura: cervezas, patatas fritas, gofres, chocolate. Pequeños momentos que definen la felicidad en la sencillez. Nos despedimos de Brujas, ya que unas hordas ataviadas con bufandas rojiblancas han tomado la ciudad, creo que porque cierto equipo madrileño juega aquí mañana, y no gusto de mezclarme con esa gente...Así que mañana, más. Gante!

domingo, 9 de diciembre de 2018

Flandes. Día 2. De Europa a un cuento medieval.



Sienta bien no madrugar. Aunque se extrañe la cama, la almohada y el colchón. Así que sin madrugar del todo, y sin descansar tampoco del todo, comenzamos el día testando el metro de Bruselas, y comprobando que el nuestro...gana cualquier comparación , al menos contra los europeos que conozco. Pese a lo viejo y maloliente de los vagones, llegamos a la turistada del viaje. Un átomo de hierro, ampliado chorrocientas billones de veces, construido para la Expo de 1958 (según Wikipedia, of course). El Atomium. Impresiona, para qué negarlo. De allí, otra vez en metro, esta vez a la otra punta de la ciudad, para contemplar con nuestros propios ojos esos lugares que tanto oímos en la televisión, y cada vez tenemos menos claro para qué sirven. Dícese de Comisión Europea, Consejo Europeo, Parlamento Europeo...todo muy europeo y mucho europeo. Interesante, pero no bonito. Últimos pasos en la capital belga, entre palacios y museos, y tren para viajar a otra ciudad...o incluso a otra realidad. Brujas, Brugge, Brugse. Da igual el idioma. Es viajar en el tiempo, es trasladarse a un cuento de los Hermanos Grimm, es retroceder a la Edad Media. Y ya había anochecido. Perfecto para disfrutar de la Navidad mágica por estos lares. Pero dejando entrever que mañana, a la luz del sol (por fin dejó de llover!), este rinconcito belga tiene muchísimo más que darnos. Ahora, a reposar piernas y pestañas.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Flandes. Día 1. Bruselas, la capital.


 El día ha comenzado pronto, muy pronto. Y el viaje inicial ha sido familiar. Manoteras. Pero hoy no esperaban 8 horas de tedioso quehacer timofónico. Hoy el viaje continuaba, unas cuantas horas más de aeropuertos, vuelos, paramédicos en el avión para poner a prueba nuestra paciencia...y al final Bélgica. Bruselas. Sin pretensiones, sin grandes monumentos a la espera de la ansiada foto. Y sin embargo, una gratísima sorpresa. Rincones con encanto a la vuelta de muchas esquinas. Una ciudad pequeña, pero muy distinta, muy europea...y muy bonita. Y luces. Muchas luces. Es que llega la Navidad. Y aquí se nota...sin turrones ni mazapanes, pero se nota. Es diferente...es frío, olor a vino caliente, lluvia y gofres. Estilo Bruselles o Liege. Da igual. Es Navidad más allá de los Pirineos. Y sin desmerecer lo nuestro...esto es especial. Niños meones, iglesia diferentes, cervezas...difícilmente igualables, vasos robados a modo de souvenirs, plazas que dejan la boca abierta...(y si hay espectáculo de luces inesperado...¡mucho mejor!)...y un día largo, lluvioso, relajado aunque cansado, y sencillamente, en su más amplio significado, perfecto. Mañana más capital...y rumbo a Brujas.


lunes, 4 de diciembre de 2017

Toscana 2. Pisa, la guinda torcida. Y se acabó...de momento.

Y ahora sí, se acabó. Nos hemos despedido de Florencia con un último paseo y unas compras puramente navideñas, para poner rumbo a la última parada del viaje. Una guinda torcida, que pone un broche de lujo a esta andanza italiana. Nos hemos llevado una gratísima sorpresa con Pisa. Realmente, tiene lo que tiene, su famosísimo campanile, famoso fruto de un error. Pero se percibe en toda la ciudad una mezcla de encanto y extrañeza curiosa. Bonitas calles y rincones, pero con demasiados lugares oscuros...y poco fiables. En cualquier caso, como digo, una perfecta guinda a este pastel italiano, que ya se acaba.
Y se mezclan emociones. Tristeza, por lo que se acaba, porque ya no habrá más mañanas en las que pensemos qué maravilla veremos hoy, o cuánto nos asombrará, o cuánto disfrutaremos. Al menos por un tiempo. Poco, estoy seguro. Porque antes de acabar esta aventura ya están nuestras cabezas tramando las siguientes. Por otro lado, satisfacción. Ha sido un viaje maravilloso, de principio a fin. Primero por lo que ha costado, lo difícil que nos lo ha puesto la suerte o el destino, o lo que sea. Y segundo, porque disfrutar las cosas solo, está bien, disfrutarlas con ella, es simplemente increíble. Sobra decir que en estas aventuras siempre me acuerdo de mi compañero y hermano de viajes y kilómetros (él sabe quién es, no hace falta nombrarle), pero entenderá que, aunque esos viajes han sido increíbles, ahora...las noches de estos viajes también lo son (ahora los amaneceres son mejores amigo! jeje...). Por último, alegría, por volver a casa, a nuestra casa, a descansar, a recuperar fuerzas, rodillas, caderas y tobillos, y a soñar con todas las maravillas que hemos descubierto o redescubierto juntos.
Mañana, rumbo de nuevo al reino.
É finito...pero continuará!

domingo, 3 de diciembre de 2017

Toscana 1. Florencia, otoño en la Toscana.

Termini, adecuado nombre para hoy. Es lo último que se ve de Roma cuando te vas. Pero hoy no era un punto final. Sólo era un punto y seguido. Y siguiendo la vía, a velocidades ilegales, la frecciarossa nos ha traído a la ciudad de las flores, Florencia. No hay ciudad igual en cuanto a arte. Y hoy, primer domingo de mes, arte gratis. Asi que contemplar el David de Miguel Ángel sólo nos ha costado el módico precio de esperar 20 minutos de cola. En contrapartida, no pudimos disfrutar de Santa Croce como debíamos, precisamente por la misa dominical. Pero ni las masas de gente que poblaban hoy Florencia, ni el frío polar, nos han impedido disfrutar de la Signoria, de la magia del Ponte Vechio, y de la mejor vista panorámica de una ciudad que uno puede admirar, desde la plaza de Miguel Ángel. Y por supuesto, de disfrutar mi panino de lampredotto. Una sencilla exquisitez toscana.
Recuerdo cuando hace dos años pasé dos horas viendo anochecer sobre Florencia, acompañado de una Birra Moretti y una bolsa de patatas, y la sensación de paz que tuve en mi soledad. Hoy no pudieron ser dos horas, por riesgo de hipotermia. Pero la sensación de paz y de satisfacción...fueron mucho más intensas, quitando de la ecuación a la soledad, para obtener un nuevo resultado, felicidad.
Y pasear siguiendo las luces navideñas sin rumbo fijo, y ahora descansar y desgranar las últimas horas aquí...Mañana, Pisa.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Roma, día 4. Arrivederci Roma!

Se acabó. Al menos por ahora. Volveremos. Siempre es bueno dejar cosas por ver, cuentas pendientes. Y en esta ocasión, nos hemos dejado a San Juan de Letrán, a San Pablo Extramuros y las catacumbas...y alguna otra cosa. Pero nos hemos querido despedir compartiendo el éxtasis de Santa Teresa en Santa María de la Vittoria, recorriendo el Circo Máximo, poniéndo en riesgo nuestras manos en la Boca de la Vérita, perdiéndonos en el Trastévere y despidiéndonos del país vecino pasando el Ponte Sant' Angelo, echando una última mirada a San Pedro. Día de caminar sin horario, de mezclar la Roma de Bernini con la Roma Imperial, de pasear por la Plaza de San Pedro y por la Plaza Navona, y de echar un último vistazo a la Fontana de Trevi. Día de comer helado italiano auténtico, de colarse en el bus y de cenar pasta fresca. Y día de rehacer la maleta...porque mañana nos espera Florencia, la flor de la Toscana. A descansar!

viernes, 1 de diciembre de 2017

Roma. Día 3. Algo más que piedras


Alguna vez escuché a alguien decir, hablando sobre Roma, que para ver piedras rotas, mejor se quedaba en casa. Obviamente, era un chiste. Pero, una vez se está entre esas piedras, se comprende que más que un chiste es un sinsentido. Cierto es que, sin la ayuda adecuada, pueden parecer ruinas sin más, algunas quizá con la suficiente belleza para hacer una buena foto. Pero el Foro es mucho más que eso. Es pura historia. Es fascinarse viendo dónde incineraron a Julio César, sorprenderse encima de donde vivió Galeno, asomarse a las mismas calles que vió Marco Antonio, o pasear por los pasillos que vieron a Augusto. Y una vez más, siento si soy pesado, sorprenderse compartiéndolo, admirar al unísono, y emocionarse disfrutando juntos de la historia y de la cultura, no tiene precio. Igual que no tiene precio imaginar el rugido de los miles que abarrotaban el Anfiteatro Flavio (lo conoceréis como Coliseo), asomandose a sus terrazas y paseando por sus graderíos. Y recorriendo la Via de los Foros Imperiales, para subir a la colina del Campidoglio, y recordar a los que, según la leyenda, fundaron esta ciudad, amamantados por la loba capitolina.
2000 años y alguno más...son algo más que piedras. Son parte de lo que somos. Roma vincit!

Roma. Día 2. Cerca del cielo.

Un cielo azul. Por fin. Se acabó la lluvia, y, como una recompensa divina, el sol nos guió por el Ponte Sant' Angelo, para subir precisamente a ese lugar, cerca del cielo, justo encima de la tumba del pescador. Toda la Via de la Conciliazione fue un discurrir de boca abierta y pasmo generalizado. Y es que ese lugar, la Casa de Dios, como ya la nombré en otro momento, no deja lugar a engaño. La sorpresa, el asombramiento y la incredulidad que sobrecoge al que llega es siempre la misma, sea o no la primera vez que los brazos de la columnata de Bernini te abrazan. Y de allí, sorprendentemente sin colas, comenzamos a poner a prueba el tobillo maltrecho de la novata en el país pontificio, y con ayuda divina o no...alcanzamos la cumbre de la cúpula para maravillarnos, por primera vez o como si tal fuera, con la grandeza de Roma a nuestros pies. Para después ponernos a los pies de la Basílica del apóstol, y sentirnos pequeños, y frotarnos los ojos comprobando si aquello puede ser real...si el hombre es capaz de tal cosa. Esta vez no hubo encuentros inesperados...pero sí hubo nuevos descubrimientos. Bajar a la gruta vaticana, donde descansan viejos y no tan viejos pontífices, escudriñar cada rincón de la iglesia...y no hacerlo solo. Eso fue lo mejor, compartir la maravilla, junto a mi propia maravilla. Y compartir los secretos y riquezas de los museos vaticanos, aunque el pie renqueante nos recordase que todo tiene límites, admirando los techos de la Capilla Sixtina.
Después, ver caer la noche sobre la cúpula de Miguel Ángel, para regresar a la vieja Roma y perdernos por las calles que rodean la Navona, y por último dirigir nuestros pasos a Trevi, para maravillarnos nuevamente con su Fontana, esta vez en todo su esplendor, que sólo alcanza cuando ya se ha puesto el sol. Hoy sí, nos sentimos cerca del cielo, azul.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Roma, día 1. El diluvio.

Hoy retomo una vieja costumbre, que tenía descuidada, y que con mal criterio deseché de mi última escapada fuera de los límites de nuestra península, allá por las galias. Hoy vuelvo a escribir mi diario de viaje, con una pequeña salvedad, ya no es mi diario, ahora es nuestro diario.
La última vez que estuve en esta ciudad, no cumplí con una de sus más arraigadas costumbres, lanzar por encima del hombro una moneda en la fuente del dios Océano, esa que llaman de Trevi. Quizá por ello, quizá por el destino, quizá por una manifestación de tuertos que parece nos ha echado el ojo últimamente, este viaje se ha complicado más de lo que esperaba. Un esguince de tobillo a deshora de mi otra mitad, el primero en su currículum, ha hecho peligrar el viaje hasta el último momento. El hotel desde el que escribo lo reservamos...¡5 días antes de viajar! Quien me conoce...sabe que eso es impensable en mí. Gracias a las artes chamánicas de una buena fisio, a la que le debemos un helado y lo que pida, hemos podido coger hoy el avión, rehaciendo, retocando y adaptando la aventura a nuestra nueva invitada, la muleta (la de los cojos, no la de los toreros). Luego un duelo copero a horas intempestivas entre mi pueblo y mi equipo, y un diluvio constante en esta ciudad eterna, han hecho el día un poco más gris de lo imaginado, y un poco más cansado de lo previsto. Pero Roma siempre pone el resto, lo necesario para seguir caminando. El Pópolo, subir los escalones que tenía en la cuenta pendiente con Piazza di Spagna, Fontana de Trevi, Pantheon, Piazza Navona, Campo de Fiori, Piazza Venecia, Colosseo...y caminar con 4 piernas, que es como camino ahora, han hecho que las horas fueran segundos, y el diluvio, un simple chubasco sin importancia. Que unas piernas más cortitas que las mías, y con un tobillo que crece por momentos (de manera algo preocupante), hacen que mis pasos sean más ligeros...casi flotantes. Y hoy sí, sin mamparas, y con la Fontana rebosante de agua, la moneda voló y se zambulló. Roma ya no está en obras, parece. A descansar. Mañana tenemos una cita con Dios.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Roma-Firenze Oct. 2015. Día 4. Mucho más que piedras.

Las piernas ya pesan toneladas. Hoy no era día para madrugar, aun así, las 9 llegaron demasiado pronto. En cualquier caso, el último regalo sin abrir de este viaje me estaba esperando, al final de la Via Cavour...desde hace 2000 años. He comenzado mi viaje a través del tiempo en el arco de Tito, puerta de entrada a los Foros Imperiales, para ir descubriendo, paso a paso, a traves de la Via Sacra, todas las maravillas conservadas en este valle que separa el Campidoglio del Colosseo. La Basilica de Magencio, el templo de Vesta y la casa de sus Vestales, el templo de Antonino y Faustina, lamentablemente reutilizado en iglesia barroca, pero afortunadamente también, ya que ello propició que se conservase mejor, la basílica Giulia (del señor Julio César) o la basilica Emilia, y al final el arco de Septimio Severo. En fin...pasear por la cuna donde nació gran parte de lo que somos, imaginar gente en peplum y togas sujetas con el antebrazo, hablar todos en latín...un sitio donde cada piedra transpira historia. Ajustado por la hora de visita al Coliseo, he paseado por el laberinto del Palatino, bastante peor conservado que los foros,donde cuesta imaginar qué hubo allí mucho más. Triste, pues esta colina Palatina es realmente la cuna de Roma, donde comenzó todo lo que llegaría a ser un imperio. Y finalmente, el Anfiteatro Flavio. Comúnmente conocido como Coliseo, por el Coloso enorme de Neron erigido en su lado noroeste. A poco que le pongamos algo de imaginación aderezada por Hollywood, podemos escuchar rugir a las fieras, entrechocar las espadas de los gladiadores y gritar agonizando a los sentenciados. Una sola pega...demasiada gente.
Una vez exprimidos los encantos de la antigua Roma, toda la tarde por delante sin nada concreto que visitar. Comenzar con el Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli no está nada mal. Y un capuccino en la cafetería del altar de la patria en Piazza Venezia también es buena manera de hacer sobremesa, sin duda. De ahí, he seguido el Corso Vittorio Emanuele II, para ir haciendo paradas en otras iglesias con encanto. La primera, El Gesú, donde reposa San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas. La segunda, por motivos personales que no vienen al caso, la Chiesa Nuova o Santa Maria in Vallicella, cuna del Oratorio de San Felipe Neri, y tumba de éste.
Tras anochecerme en esta última, he cruzado el Tiber por Ponte Sant'Angelo, para ir rumbo norte y descubrir el espectacular Palacio de Justicia de Roma. Y finalmente, regreso por mi querida Piazza Navona, Fontana de Trevi (ya no tiene ningún andamio, la abrirán en breve...!tendré que volver a verla!) y Via del Tritone...a Termini. Esto se termina...pero me queda una mañana y poco más. ¡A descansar ahora!

Roma-Firenze Oct. 2015. Día 3. Firenze...única.

Es fácil quedar defraudado si se generan muchas expectactivas. Y las mías con Florencia eran muy altas. Sin embargo, se han visto más que cumplidas.
Hoy tocó madrugar más de la cuenta, para coger el tren en Roma Tiburtina rumbo Firenze St. Maria Novella sin contratiempos. Con una puntualidad más británica que italiana, el Frecciarossa llegaba a la hora prevista a destino. Desde ahí, mi primer intento ha sido ver el famoso David de Miguel Ángel, en el museo de la Academia. La cola que ya cubría media manzana me ha hecho desestimar la visita...y es que siempre hay que dejarse algo, para poder volver. Sumo a ese "algo" la galería Uffizi y su Nacimiento de Venus de Botticeli, por los mismos motivos. Librado de esperas, la primera parada ha sido el Hospicio de los Inocentes, orfanato histórico de Florencia, donde aun conservan la "ventana de entregas", afortunadamente ya tapiada, para dejar en el anonimato a los recién nacidos inoportunos. Desde ahí, mis pasos se han dejado guiar por la omnipresente cúpula de Brunelleschi, hacia la catedral, Santa Maria del Fiore. La belleza exterior de esta catedral, adornada en mármol de los tres colores de la bandera italiana, contrasta con la sobriedad y simpleza de su interior, y resulta llamativo precisamente que no lo sea.
Buscando por tanto algo que sí lo fuese, me he dirigido a la Basílica de Santa Croce. Esta iglesia cercana al Arno guarda tesoros que pocos conocen, a juzgar por la ínfima cantidad de visitantes con los que me he topado. Pero lo más sobresaliente de dicha iglesia son las tumbas de tres genios reconocidos universalmente. Galileo Galilei, acusado, perseguido y finalmente "perdonado" por la Iglesia, tiene aquí su reconocimiento, pese a descansar "eternamente" durante un buen tiempo en una capilla escondida y minúscula de la iglesia, hasta ser trasladado a su lugar actual. Nicolás Maquiavelo, pese a su apellido, tambien encuentra su reposo en esta basílica. Y por último, ayer disfrute de una de sus obras cumbre, en la Capilla Sixtina, y hoy he podido presentar mis respetos en su tumba a Michelangelo Buonarroti. Impresionante también el túmulo (pero no tumba real) a Dante, y la figura precursora que sirvió como modelo para la famosa Estatua de la Libertad de Nueva York.
Una vez finalizada la visita a Santa Cruz, el hambre ha hecho su entrada en escena, y deambulando de un lugar a otro, me he topado con un puesto callejero donde servían "panino con lampredotto". La curiosidad y la buena pinta que tenia el bocadillo me ha hecho degustar uno de los bocados típicos de Florencia. Realmente son callos cocidos con salsa verde y picante, en bocadillo. Callos a la florentina. Muy buenos, y si los comes sentado en la Logia de la Signoria, bajo la estatua de Perseo frente al Palacio Vechio, saben mucho mejor. Con el estomago restaurado, he ido a cumplir con la tradición de dar una moneda de comer al Porcellino, para asegurarme la vuelta a Florencia. Desde ahí, a través de la Piazza de la Signoria y los Uffizi, he desembocado en la orilla del Arno, al que he acompañado hasta el precioso Puente Vechio. Es una maravilla verlo de lejos, con las joyerías adosadas a sus costados, y es un viaje al pasado atravesarlo, imaginando los duelos a florete que más de una vez se habrán librado en él. Una vez cruzado el Arno, los pasos a través del barrio de Oltrarno me han llevado a la casa de los Médici, el Palazzo Pitti. Y desde ahí, siguiendo la ribera sur del Arno, poco a poco he ido ascendiendo hasta la Piazza de Michelangelo.
He gastado un par de horas en ella, y aun me han parecido pocas. Sin nada que hacer, solo disfrutar. Una bolsa de patatas sabor carbonara (hemos de importar esto), 3/4 de litro de Birra Moretti, una guitarra de fondo, y a mis pies Florencia anocheciendo poco a poco. El hechizo estaba hecho. Contra mi voluntad, una vez escondido el sol por completo, he desandado mis pasos, redescubriendo la ciudad de noche, más bella aun si cabe. Finalmente, cumplida visita al estadio de la Fiorentina, Artemio Franchi, he cogido mi tren de vuelta a Roma en Firenze Campo Di Marte. Un día largo...pero inolvidable. Grazie Firenze.
Mañana no viajamos en tren...¡viajaremos en el tiempo!

lunes, 26 de octubre de 2015

Roma-Firenze Oct. 2015. Día 2. Casa di Dio.

Si Dios tiene una casa en la Tierra, ha de ser esta, no me cabe duda.
Hoy comencé la andadura pronto, pero no mucho, a las 8:30 ponía rumbo Vaticano. Una hora de paseo a través de esta ciudad malvada, que intenta hacer que te detengas a cada paso para inmortalizar alguna estampa, ya sea en foto o en la retina, y he llegado a la primera parada del día, Ponte Sant' Angelo.  Custodiado a cada lado por figuras de ángeles que le dan nombre, desemboca en el castillo homónimo, Castelo Sant'Angelo. Impresionante fortaleza circular, coronada por San Miguel espada en mano, impresionaría mucho más si no estuviera tan cerca de mi destino hoy. Desde el propio puente se adivina la Via della Conciliazione, y al final de ella, la Plaza de San Pedro, presidida por la Basílica del mismo apóstol. La mirada se desvía involuntariamente hacia la enorme cúpula, haciendo menos caso del debido al citado castillo. Pasos impacientes como de niño que va al parque de atracciones me han llevado hasta un nuevo país, el Vaticano. Eran las 10 de la mañana. Aun me duele la mandíbula, no he podido cerrar la boca hasta un par de horas después de haberme ido de allí. Faltan palabras para describir la grandeza, grandiosidad, espectacularidad, belleza, armonía, y así podría estar una hora, de este lugar. He hecho una media hora de cola para acceder a la basílica...y se me ha pasado en un suspiro admirando las columnatas, las estatuas, las fuentes, la fachada...¡todo! La espera también se ha hecho más amena al coincidir mi viaje con la peregrinación mundial del Pueblo Gitano al Vaticano. No, no es una broma, y adjunto la prueba http://es.radiovaticana.va/news/2015/10/22/un_gran_número_de_fieles_del_pueblo_gitano_llegan_a_roma_y_s/1181164 .
La primera atracción ha sido subir a lo alto de la cúpula. Dos opciones para superar los 551 escalones que me separaban de ella: 8 euros y ahorrarme unos 200 escalones en ascensor, 6 euros y subirlos todo a pie. La segunda, por supuesto. Dos euros más para gastar en helados. Una vez escalada esta subida infernal (pero celestial), las vistas son de las que se guardan para siempre en la memoria. Roma entera a mis pies si miraba al este, el pequeño Vaticano si volvía la vista al oeste. Sensación de vértigo, de pequeñez y a la vez de grandeza.
Descenso vertiginoso, y directo a la segunda atracción, la Basílica de San Pedro. Las dimensiones de este sitio son inabarcables. Mire donde mire, todo son detalles, arreglos, adornos y remates, y todos hechos con suma perfección. Pero hay tres obras que brillan con especial luz. La Piedad, de Miguel Ángel, en la primera capilla de la nave derecha, atrae la atención antes de dejarse ver. Es bella por sobria y por perfecta. Contrasta por tanto con el desmedido barroquismo de las otras dos luces, ambas, igual que la propia plaza, obras de Bernini. La primera es el Baldaquino, que se eleva sobre la tumba del apostol. La otra es la Cátedra de éste, en el ábside, al fondo de la basílica. Dicen que bajo todo el bronce barroco aun está la silla de madera que empleó Pedro. En cualquier caso, ambos monumentos son guindas perfectas al pastel vaticano. Tras unos pedazos de pizza al taglio, tercera atracción del día. Museos Vaticanos. Un dato para describir qué pueden encerrar estas estancias: entré a las 13:30. He salido a las 17:30. Y porque las piernas me decían que ya era suficiente. Escultura, pintura, historia, curiosidades...todo tiene cabida en este lugar. Pinturas de algunos señores como Rafael, Caravaggio, Tiziano o Leonardo da Vinci, momias del antiguo Egipto, una camiseta firmada por dios (Maradona, no se asusten) e incluso un volante de un Ferrari F1. Y la joya de la corona. La Capilla Sixtina. Lástima que esté tan masificada. El lugar respira arte e historia a partes iguales. Concilios y frescos, tanto la obra de Miguel Ángel como las elecciones papales que han tenido lugar en esa sala, hacen que me sienta en uno de los epicentros de la Historia. Cuando he salido por las puertas de los museos, he sentido esa sensación de tristeza del niño que se va del parque de atracciones. Me he ido a reposar las penas a la Plaza de San Pedro, viendo anochecer sobre la basílica, haciéndola la noche más bella si cabe.
Y regreso a Termini, a descansar, redescubriendo la ciudad sin el sol,cenando unos verdaderos tagliatelle alla carbonara en Piazza Navona (absolutamente nada que ver con los que comemos en España).
Mañana toca coger el tren, mañana no hay Roma.
Buona sera!

domingo, 25 de octubre de 2015

Roma-Firenze Oct. 2015. Día 1. Plazas, fuentes...Roma.

El día ha comenzado muy pronto. Aun no era tal de hecho, la noche cerrada no ha abierto hasta mitad de vuelo. Esta vez el destino es... Roma, La Ciudad Eterna.
Nada destacable del viaje, salvo decir que Ryanair se ha adelantado 20 minutos sobre la hora prevista, oh sorpresa.
Hecho el check-in de rigor en mi hotel-hostal-casa compartida, primera sorpresa, muy agradable. Pese a que el edificio se cae a pedazos, tengo una habitacion enorme, una cama enorme y un wifi más que aceptable. No pido más.
Al lío, que me lío, valga la redundancia. Hoy ha sido una jornada de toma de contacto, de sopesar al rival y ver sus carencias y sus puntos fuertes. Anticipo...el rival es potentísimo. La primera parada me ha llevado a una de las incontables obras que un genio llamado Bernini dejó en esta maravillosa ciudad. El Éxtasis de Santa Teresa (la nuestra, la de Ávila), bien puede dejar en idéntico estado al que la contempla. No he podido más que seguir los pasos de este genio hasta piazza Barberini, donde el Tritón bebe incesante sostenido por delfines. Siguiendo la Via V. Veneto, escenario que un tal Fellini inmortalizó en La Dolce Vita, he descubierto una maravilla poco conocida, o al menos no bien ponderada. Villa Borghese, pulmón verde al norte del norte romano, esconde sorpresas tales como una fiel recreacion del Globe shakesperiano...y unas vistas increíbles sobre la piazza del Poppolo y la inmensidad de cúpulas y campanarios romanos, dominados todos bajo la única de las cúpulas que, curiosamente, no es romana. San Pedro vigila cada punto de la ciudad desde más allá de la frontera vaticana.
La via del Babuino (curioso nombre, tendré que investigar el origen) me ha llevado desde la piazza del Poppolo y sus gemelas iglesias hasta la Scalinata di Spagna. Pequeña decepción, ya que está en obras (como una tercera parte de toda esta bendita ciudad), y la gente no abarrotaba sus infinitos escalones, llenándola de lo que imagino la hace especial...vida. Callejeando por via dei Condotti y Corso, admirando la Colonna de Marco Aurelio, he desembocado en la archifamosa Fontana de Trevi. Segunda pequeña decepción. Seguro que ya adivináis por qué. Está en obras, por supuesto.
Ni moneda, ni ná de ná. La fachada es sublime, eso no se puede dudar, pero si la gente hace especial Piazza Spagna, el rumor del agua hace especial Fontana di Trevi...y hoy no hubo agua. A partir de aquí, la Roma auténtica y moderna (comparada con la antigua, la de los emperadores). Callejeo hasta Piazza della Rotonda, para regatear por un selfie-stick (complemento perfecto viajando solo) y abrumarme con el Panteon de Agrippa. Enormidad, Historia (con mayúscula), Belleza y Grandiosidad. Es el edificio de la Roma antigua que mejor se conserva, y ya le contemplan 2000 años. El oculo gigantesco que se abre en la bóveda vigila incensante los ojos del Inferno que se abren en el suelo. Sublime. Y más sublime aún mi siguiente parada, Piazza Navona. Lo que fue un circo en tiempos, ahora es, a mi parecer por lo visto de momento, la plaza más bella de Roma. La fuente de los cuatro ríos (Bernini, por supuesto), la iglesia de Santa Agnes, la luz, el olor a café, el ruido del agua y la gente...lugar especial sin duda. En competencia, pero sin llegar a la altura, Campo di Fiori es otra recoleta plaza de la judería romana que acoge al viajero con espiritu italiano, dulce...pero con mucha espuma, como el Capuccino que he disfrutado en ella. Desde ahí, he cruzado el Tíber para callejear por el barrio Trastevere. Gran sorpresa del día. Calles antiguas, típicamente italianas, adornos florales en cada esquina, músicos callejeros cada 100 metros...aire bohemio y romano a la vez. Una maravilla. Para acabar el día, he vuelto a cruzar el Tiber, haciendo parada obligatoria en la turistada de turno...La Boca de la Vérita. Famosa tapa de alcantarilla de tiempos imperiales, afortunadamente no me ha mordido la mano. Pero la cola de media hora me la he chupado. Gustosamente, por qué no decirlo, también se viene a turistear como un guiri más. De ahí, paseo por lo que fue el Circo Maximo, lugar de disfrute canino actualmente, pero si dejas volar la imaginación...ver rodar las cuadrigas en él tuvo que ser sobrecogedor. Breve visita al Campidoglio y la Piazza Venezia, paseo por los foros...y último sabor agridulce del día...el Coliseo. Efectivamente. También en obras. Pero aun así...impactante, muy bello a la noche...y dejándome con muchas ganas de exprimirlo a la luz del sol. Pero eso será otro día...Hoy lo he cerrado degustando una cerveza típicamente...irlandesa (Kilkenny) gracias a la recomendación de la media parte que me falta en este viaje (te extraño amigo!!). Ahora a descansar...que mañana tengo una cita espiritual con El Jefe...¡hasta mañana!

jueves, 23 de julio de 2015

Formentera

Aquí os dejo un pequeño relato autobiográfico y algo melancólico...pero muy oportuno para estas fechas, y su versión resumida en 500 caracteres, a modo de reto de capacidad sintética, para un concurso de El País. 

Dejaos llevar por la imaginación...y volad conmigo a Formentera.

VERSION RESUMIDA EN 500 CARACTERES...para los impacientes.

En segundos repasé mentalmente los últimos diez días en el paraíso.Dos faros unidos por una  franja de tierra.La Mola.Barbaria.Ojos inundados de mar y cielo.Lucía y el Sexo,Paz Vega alejándose del faro en moto.Puestas de sol eternas.Aletas de buzo.Azul.Cala Saona,con aguas llenas de vida.Aventuras en Illetes.Cenas chinas en Es Pujols.Barbacoas hispano-holandesas.Fiestas en Sant Francesc,fuegos artificiales,actúa Marlango.Regresar a Madrid con Leonor Watling en el avión. Formentera...el paraíso.

VERSION COMPLETA.

Como siempre, su maleta salía la última en la cinta transportadora. La recogió con esfuerzo, como si pesara quinientos kilos. No era esfuerzo, era pena.
En un par de segundos, los que transcurrieron entre que alzó esa maleta y sus ruedas tocaron el suelo, repasó mentalmente los últimos diez días.
Diez días en el paraíso. El primer vuelo, el viaje en ferry, la llegada a aquella casita en medio del pinar, asomada al Mediterráneo cada día, iluminada por la luna cada noche.
Aquella isla no se parecía a nada que hubiese visto antes.  Dos montes unidos por una estrecha franja de tierra. En cada uno de ellos, un faro. A uno, el más alto, lo llamaban La Mola. El otro, por apuntar directamente al sur, a las indómitas tierras africanas, lo llamaban de Barbaria. Desde el primero, o mejor dicho, camino hacia él, con sólo volver la vista, los ojos se inundaban de mar y cielo, compitiendo por ver quién es más azul. Camino del segundo, la mente evoca aquella imagen para el recuerdo de Lucía y el Sexo, Paz Vega alejándose del faro en aquella moto…y él imagina cruzarse con Lucía en esa pequeña carretera que lleva al infinito. Puestas de sol que duran para siempre en la memoria.
 Una aleta de buzo se escapa de la maleta. Azul intenso. Inmediatamente la memoria se llena de otro azul, entre turquesa y cielo, del mar de Cala Saona. Aguas de las de anuncio, límpidas y llenas de vida, donde el fondo marino se percibe igual a 1 metro o a 10 de profundidad, donde los peces son los únicos compañeros de playa en muchos momentos. Soñar despierto, esas siestas con los documentales de la 2, pero mejor que en 3D, el agua es de verdad, eres tú el que nada en el paraíso.
La espalda se resiente aún. El sol la castigó en aquella aventura desde Illetes, cruzando el pequeño estrecho a nado, hasta S´ Espalmador, para casi desaparecer enterrado en el fango de la salina, y regresar de nuevo en busca de la última lata de cerveza de toda la playa.
Noches de mojito en Es Pujols, paseos en bicicleta por Migjorn, scooters para ir a hacer la compra…
Noche de fiesta en Sant Francesc. Última noche en el paraíso. Hay fuegos artificiales en la plaza. Parece el guión de alguna película española sobre amores de verano, siempre acaban con alguna fiesta de pueblo.
Al recoger la maleta, casi roza la mano de la mujer de al lado. La mira. Aún casi no lo cree. La noche anterior, lo primero que hizo, fue escuchar su voz. Creyó que era la banda de turno…pero aquella voz…ya la conocía.
La reencontró en el aeropuerto, embarcaba en el mismo avión que él.
Marlango amenizaba la fiesta en Sant Francesc, Leonor Watling, tan bella como siempre…
¡y regresaba a Madrid en su mismo avión!

Esas cosas sólo pasan en las películas…y en sitios como Formentera. 
Tendré que regresar al paraíso algún día.




domingo, 16 de noviembre de 2014

London week, day 6. The End.

Último día. Últimas horas para exprimir Londres, para beber de sus calles y regalarse los ojos con sus maravillas. Este día siempre es agridulce. Despiertas en esa ciudad única, pero sabes que no dormiras allí, que despertarás lejos al día siguiente. De todos modos, hay que intentar olvidarse de ello por unas horas, y aprovechar cada segundo que resta hasta subir al tren que nos despierte de este sueño.
Así que lo mejor para alejar la melancolía es agarrarse a la rutina. Desayuno contundente, como las mañanas anteriores, y a patear. Hoy el destino principal fue el Imperial War Museum. A través de Vauxhall Bridge, siguiendo por Albert Embankment hasta Lambeth Bridge, y de allí sumergirse en el barrio de Lambeth hasta llegar al museo. Tras un par de años esperando la remodelación de este, en justicia diré que ha quedado peor de lo que estaba. Sigue siendo espectacular, muy visual y llamativo. Aviones colgando del techo, carros de combate en los pasillos, baterías antiaéreas, objetos impregnados de la historia de cada una de las guerras que Reino Unido ha librado, el impresionente y sobrecogedor museo del Holocausto...Una experiencia que hay que probar en esta ciudad, sin duda. Pero para saborear el día del regreso, se queda corto. Así que hemos decidido volver a los lugares por los que hemos pasado todos estos días, no para despedirnos, sino para recordarles que nos veremos en unos meses. Westminster Bridge, Parliament Square, White Hall, Trafalgar, Picadilly Circus, St. James Park, Buckingham Palace...los órganos vitales de esta maravilla hecha ciudad. Comida en Victoria Station,recogida de las maletas...y tren rumbo Gatwick. Y después...vuelo a Barajas, y finalmente llegada a Madrid. Este día sabía que tenía que llegar, y aunque no lo hace más llevadero, mi sabio compañero de kilómetros, acertadamente, me ha dicho que para que comience la próxima vez, primero ha de acabar esta. Y así es. Ya tenemos en mente próximo destino, probablemente y si todo funciona, Gales.
Pero hoy toca poner punto final a estos 11 increíbles días. Días de castillos increíbles, paisajes indescriptibles, noches de whisky y risas, comidas horrorosas y horas de coche maravillosas, aviones con retrasos y reencuentros extraordinarios, metros,kilómetros a pie, trenes y autobuses,discusiones filosóficas y chistes chuscos...En fin.
Sólo puedo dar las gracias a todas y cada una de las personas que se han cruzado conmigo en esta semana y media. A los escoceses que me enseñaron a beber whisky y a diferenciar el gaélico escocés y el irlandés,al holandés errante que compartió un capítulo de su viaje con nosotros, a las nuevas personas que hemos conocido gracias a Mike en Londres, a Carlos por acompañarnos en los días finales de esta aventura, a Mike por hacer el esfuerzo de venir desde Cardiff en un viaje relámpago para compartir unas horas con nosotros, y sobre todo, a mi compañero, amigo, consejero y maestro en estas lides, Don Oskar Campillos, sin el cual, estas aventuras no hubiesen tenido lugar. Nunca te agradeceré suficientemente aquella comida en el Vips hace ya 4 años...gracias compañero.
Pues bien...llegado el momento,el objetivo está cumplido. Me siento más sabio, más rico espiritual, cultural y humanamente, y creo haber crecido como persona en estos pocos días. Y al final es de lo que se trata. Cada uno de estos viajes ha de cambiar un poquito tu vida.
Y ahora sí...toca poner las dos palabras de cierre...THE END...¡por esta vez!

sábado, 15 de noviembre de 2014

London week, day 5. Despedidas

Hoy el día comenzó más tarde de lo usual. Pero igual rutina. La echaré de menos, probablemente. Buen desayuno, y a patear Londres, no hay mejor plan. Metro de Victoria a St. John's Wood. Paseo por Abbey Road, calle donde se encuentra el, probablemente, más famoso paso peatonal en Londres. The Beatles lo inmortalizaron.
Después, paseo de nuevo, muy agradable, ya que el tiempo nos está respetando de una manera inusual, hasta Pimrose Hill. Por el camino, dejamos atrás maravillas centenarias como Lord's, estadio de cricket de 200 años de antigüedad, o Regents Park. Desde Pimrose Hill disfrutamos de una de las vistas más espectaculares sobre el skyline londinense. Lugar con toque mágico, sin duda alguna. Y tras este respiro en el camino, rumbo a Camden Market. Lugar ecléptico, cosmopolita e indefinible donde los haya. En este mercado puedes encontrar prácticamente cualquier cosa, desde una guitarra española a un traje gótico, pasando por juguetes eróticos fluorescentes... Precisamente aquí, en la puerta de una de las tiendas más extrañas que he visto nunca (Cyberdog, invito al lector a descubrir por qué, sólo diré que esta tienda tiene gogos bailando en jaulas), nos encontramos con Mike y Roberta, y degustamos un exquisito menú chino take away de 5 pounds, me aventuraría a decir que nada saludable, pero muy reconfortante. Tras reponer fuerzas, poco desgastadas hoy, cogimos rumbo sur, hacia King Cross. Otro lugar que quedará para la posteridad en la cultura cinéfila y bibliófila. Desde esta estación parten los trenes hacia Howarts, escuela de magos que nació en la imaginación de una escritora en Edimburgo...J.K. Rowling. Quizás les suene...
Concretamente el tren parte del andén 9 y 3/4. Aquí mi amigo inglés y yo hemos disfrutando de una sesión de photocall intentando atravesar el muro infranqueable para muggles. Frikismo puro...¡pero muy divertido!
Desde aquí, rumbo a mi querido centro, pasando por el British Museum, Soho Square y Gerard street (Chinatown). Tras "disfrutar" de un espectáculo callejero en Leicester Square y contemplar por última vez las luces de Picadilly, nos vamos despidiendo de Traffalgar square, White Hall y Morphet Arms. Pero sin pena. Sabemos que en poco tiempo, volveremos. Porque esta ciudad va siendo cada vez más nuestra...o en justicia, nosotros vamos siendo más suyos. Nos unimos a Miriam y una amiga nueva, Flor, en un pub en nuestro "guetto" londinense, cerca de Pimlico. Hemos compartido cervezas, consejos y risas como podríamos hacer cualquier noche fuenlabreña. La normalidad, entendida como saber disfrutar de lo cotidiano, se va apoderando de nosotros poco a poco en esta ciudad. Y es un sentimiento maravilloso. Quizá algún día sea completa esta cotideaneidad.
Acabamos el día en el punto de partida, Victoria Station. Pero aquí llega el momento agrio del día, del viaje. Nos despedimos del que ya podemos considerar un viejo amigo, dear Mikey. Y de nuevas personas que, de un modo u otro, han entrado en nuestra vida, quién sabe por cuanto tiempo, gracias a Mike y a esta increíble ciudad, Roberta y Miriam. Victoria encierra momentos de gran alegría, cada vez que ponemos nuestros pies en ella, y de agria despedida, cada vez que subimos a un tren rumbo a Gatwick.
Pero eso mañana, afortunadamente todavía nos queda medio día por disfrutar...asi que por supuesto, To be continued!!!

viernes, 14 de noviembre de 2014

London week, day 4. Muchos encuentros.

Hoy el día ha sido muy largo. Basta ver la hora a la que escribo esto, y decir que comenzó a las 8 am. El título de la entrada de hoy es perfectamente descriptivo. Sobre las 9:45 llegó nuestro tercer compañero de aventura, aunque se incorpore a los últimos acordes de esta. Carlos, hermano de Oskar, voló hoy desde Madrid para compartir con nosotros estos dos días y medio que nos quedan. Mejor dicho, que nos quedaban. Hoy sólo queda uno y medio. Nuestro primer destino, Westminster Pier.  A través de Millbank, Albert Embankment y Westminster Bridge llegamos al muelle para coger barco rumbo a Greenwinch. Pensé en titular hoy el día "along the river", ya que el Támesis hoy marcó nuestro camino, por voluntad nuestra...y sin preveerlo. Como siempre, el paseo a lo largo de este río es impresionante, dejando estampas a cada metro que se avanza. Saint Paul a la izquierda, Tate Modern y The Spire a la derecha, Tower of London y Tower Bridge más adelante, Canary Wharf de fondo...y finalmente Greenwinch. Lugar donde el mundo se separa, el este y el oeste se oponen más gráficamente que en cualquier otro sitio, y debes poner en hora tu reloj de la manera más exacta posible. Tras subir al observatorio y disfrutar de la vista que este lugar ofrece, comienza nuestra peregrinación a pie. Un nuevo Londres, el enésimo distinto, a estas alturas de viaje, nos acompaña los primeros kilómetros. Zonas de marcado caracter industrial nos dirigen hacia "The Den", último estadio, al menos por esta vez, que nos resta por tachar de la lista. Casa del Millwall, equipo obrero de la capital, inmortalizado en la película "Green Street Hooligan", hace las delicias de Carlos, fan declarado de dicho equipo, aunque sea desde la distancia.
Continuamos ruta hacia nuestra siguiente parada, después de las compras y fotos pertinentes. Tras otro manojo de kilómetros, nos internamos en el Borough Market, tras dejar atras Tower Bridge. Los olores que deambulan en este mercado nos recuerdan que nos hemos ganado un buen bocado. Y nada mejor que un buen bocadillo de cerdo asado a fuego lento, marinado. Y después de calmar el hambre, seguimos caminando por la orilla del río, paseando por lugares tan emblemáticos como The Globe, teatro de Shakespeare, cruzando el Millenium Bridge, dejando atras la catedral de St. Paul, continuando por Fleet Street, hasta llegar al mercado de Covent Garden. De ahí, dirección Carnaby Street, para encontrarnos con otro amigo más. Mike, inglés de nacimiento, galés de ascendencia, español de adopción. Amigo que, gracias a Oskar y su don de gentes, conocimos el pasado marzo, y con el cual hemos gastado muy buenos momentos en Madrid, Toledo, Pamplona, San Sebastián o incluso Burdeos. También hemos conocido a unas amigas de Mike, de su etapa en Brighton.
Después de alguna cerveza previa, y ver el encendido de luces navideñas en Carnaby St, estas dos londinenses de adopción (Roberta es milanesa, Miriam es mallorquina) nos han llevado hasta un lugar australiano en Temple, llamado Walkabout, bastante peculiar. Diré que mi cena ha consistido en hamburguesa de canguro. Y que tras disfrutar de varios clásicos en el karaoke (momentazo con Hey Jude, todo el bar cantando a coro), alucinando con el desparpajo de los ingleses ante el micrófono, hemos acabado la noche en lo más alto Oskar y un servidor, destrozando el Fly me to the Moon de Sinatra. Pero disfrutándolo como críos. En fin, venir a Londres y acabar dándolo todo en uno de sus karaokes...
Tras la minifiesta, paseo entre las luces de la City de fondo, el parlamento a nuestra derecha, y por fin,tras tantas y diversas emociones, el merecido descanso. Peculiar, ya que tenemos polizón en la habitación hoy, Carlos ahorrará una noche durmiendo en nuestro confortable suelo.
Mañana, mi querido Camden...to be continued!!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

London week, day 3. Contrastes.

Hoy ha sido un día sorprendente. Creo que es la palabra que mejor lo define. Tras un buen desayuno, sabiendo que hoy esperaba una buena caminata, hemos paseado bajo la lluvia a través de Parliament Square, para recorrer todo White Hall, y coger el metro en Charing Cross. Rumbo norte, hacia un nuevo destino, desconocido para mí hasta ahora. Archway es la parada más cercana al cementerio de Highgate. Sí sabía de la existencia de este lugar, gracias a uno de los mejores libros que he leído, y que por supuesto se encuentra entre mis favoritos. Me refiero al mundialmente famoso Drácula, de Bram Stoker. En este cementerio entierran a la preciosa Lucy Westenra, para después tener que acabar con su segunda "vida", convertida al vampirismo, a base de estaca y ajo.
El lugar encaja a la perfección con esta novela. Es la plasmación real del romanticismo literario, hecho cementerio. La naturaleza, más viva que en ningún otro lugar, y la ritualización de la muerte, se abrazan mutuamente aquí. Las hiedras cubren las lápidas centenarias, y el cementerio se hace bosque, o el bosque se convirtió en cementerio. Destaca en este camposanto la tumba de una figura importante en el siglo XX, con independencia de si se está de acuerdo con sus planteamientos o no. Hablo de el filósofo Karl Marx. Pero él no es el protagonista. El protagonista es Highgate.
Continuamos nuestra mañana novedosa adentrándonos en el vecino parque de Hampstead Heath.
Cuesta definirlo como parque, porque realmente se trata de un bosque, en la completa extensión de su definición. Y cuesta aun más entender esta maravilla natural enmarcada dentro de una de las ciudades más bulliciosas del globo. Pero así es, Londres siempre guarda alguna sorpresa para quién la busca. Pasear por sus caminos, enmoquetados de hojas de roble gracias al otoño, sentir que detrás de cada árbol podría acechar un ladrón medieval, un ciervo, un lobo...Es difícil describirlo.Al final del camino, la mansión Kenwood premia la constancia del caminante. Algunos podrán recordarla, rememorando varias escenas de Notting Hill. Precioso lugar, rodeado de un paisaje aun más espectacular.
Deshaciendo el camino, abandonamos este remanso de paz y naturaleza, y regresamos de nuevo a la jungla, a la de asfalto y humo.
Tras una comida bien merecida, tomamos el metro, con rumbo aún más al norte.
Nuestro nuevo destino es la estación de Seven Sister. Curioso nombre, del que desconocemos el origen. Llegamos a este barrio, tan alejado del centro londinense, para tachar otro estadio de nuestra lista particular. En este caso, es White Hart Lane, feudo del Tottenham Hotspur. Buen equipo, pero estadio, por qué no decirlo, feo. Pero para poder decirlo, hay que haber estado allí. Nosotros lo hicimos, derecho ganado.
El paseo entre la estación y el estadio nos ha servido para descubrir lo que hemos denomidado el Harlem londinense. Un barrio de mayoría negra y musulmana, donde la gente hace vida corriente a diario, donde los turistas son algo prácticamente inaudito, y donde la mezcla cultural se hace muy patente. Siempre hay algo nuevo por descubrir aquí.
Finalmente, metro directo hasta Victoria, y pronto al hotel a descansar, que el día fue duro.
Mañana tenemos más kilómetros aun.
Pero hoy el día fue excelente. Descubrimientos, contrastes,novedad y asombro. Es Londres.
To be continued...of course!!