De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien
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lunes, 1 de enero de 2018

Año nuevo...

Día 1. Estoy solo en casa. Ella está trabajando. No hay fiestas en lo suyo, la gente no deja de enfermar porque cambiemos de año. Tiene que seguir curando, cuidando y ayudando a gente que no conoce, que nunca vió y que quizá nunca vuelva a ver. Y mientras, el 2017 se fué. 2016 fue el año en que mi vida comenzó a cambiar, a mejorar, a tener más sentido. Este año, ya difunto, ha sido la confirmación. Hoy escribo esto desde mi casa, desde mi sofá, bueno, casi míos, el alquiler hoy en día es prácticamente un tecnicismo, y lo máximo a lo que podemos aspirar en cuestiones de propiedad, al menos de momento. Y aquí, en mi casa, en la que dentro de 3 días cumpliré 6 meses de nueva vida, también me cura a mí. Lo hace cada día, cada mañana que la veo al despertar, o cada noche siendo lo último que veo antes de dormir. Me cura de lo que sabe que tengo y de lo que no, de lo que conoce y de lo que sólo intuye. Pero me cura. Y ahora que está amaneciendo el nuevo año, ni quiero ni puedo pedir nada más. Se que lo bueno llega, lo veo cada día, lo siento cada mañana. Sólo tengo que seguir dejándome curar. El resto...vendrá por sí solo. Feliz año nuevo a todos...y gracias a ella.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Toscana 2. Pisa, la guinda torcida. Y se acabó...de momento.

Y ahora sí, se acabó. Nos hemos despedido de Florencia con un último paseo y unas compras puramente navideñas, para poner rumbo a la última parada del viaje. Una guinda torcida, que pone un broche de lujo a esta andanza italiana. Nos hemos llevado una gratísima sorpresa con Pisa. Realmente, tiene lo que tiene, su famosísimo campanile, famoso fruto de un error. Pero se percibe en toda la ciudad una mezcla de encanto y extrañeza curiosa. Bonitas calles y rincones, pero con demasiados lugares oscuros...y poco fiables. En cualquier caso, como digo, una perfecta guinda a este pastel italiano, que ya se acaba.
Y se mezclan emociones. Tristeza, por lo que se acaba, porque ya no habrá más mañanas en las que pensemos qué maravilla veremos hoy, o cuánto nos asombrará, o cuánto disfrutaremos. Al menos por un tiempo. Poco, estoy seguro. Porque antes de acabar esta aventura ya están nuestras cabezas tramando las siguientes. Por otro lado, satisfacción. Ha sido un viaje maravilloso, de principio a fin. Primero por lo que ha costado, lo difícil que nos lo ha puesto la suerte o el destino, o lo que sea. Y segundo, porque disfrutar las cosas solo, está bien, disfrutarlas con ella, es simplemente increíble. Sobra decir que en estas aventuras siempre me acuerdo de mi compañero y hermano de viajes y kilómetros (él sabe quién es, no hace falta nombrarle), pero entenderá que, aunque esos viajes han sido increíbles, ahora...las noches de estos viajes también lo son (ahora los amaneceres son mejores amigo! jeje...). Por último, alegría, por volver a casa, a nuestra casa, a descansar, a recuperar fuerzas, rodillas, caderas y tobillos, y a soñar con todas las maravillas que hemos descubierto o redescubierto juntos.
Mañana, rumbo de nuevo al reino.
É finito...pero continuará!

domingo, 3 de diciembre de 2017

Toscana 1. Florencia, otoño en la Toscana.

Termini, adecuado nombre para hoy. Es lo último que se ve de Roma cuando te vas. Pero hoy no era un punto final. Sólo era un punto y seguido. Y siguiendo la vía, a velocidades ilegales, la frecciarossa nos ha traído a la ciudad de las flores, Florencia. No hay ciudad igual en cuanto a arte. Y hoy, primer domingo de mes, arte gratis. Asi que contemplar el David de Miguel Ángel sólo nos ha costado el módico precio de esperar 20 minutos de cola. En contrapartida, no pudimos disfrutar de Santa Croce como debíamos, precisamente por la misa dominical. Pero ni las masas de gente que poblaban hoy Florencia, ni el frío polar, nos han impedido disfrutar de la Signoria, de la magia del Ponte Vechio, y de la mejor vista panorámica de una ciudad que uno puede admirar, desde la plaza de Miguel Ángel. Y por supuesto, de disfrutar mi panino de lampredotto. Una sencilla exquisitez toscana.
Recuerdo cuando hace dos años pasé dos horas viendo anochecer sobre Florencia, acompañado de una Birra Moretti y una bolsa de patatas, y la sensación de paz que tuve en mi soledad. Hoy no pudieron ser dos horas, por riesgo de hipotermia. Pero la sensación de paz y de satisfacción...fueron mucho más intensas, quitando de la ecuación a la soledad, para obtener un nuevo resultado, felicidad.
Y pasear siguiendo las luces navideñas sin rumbo fijo, y ahora descansar y desgranar las últimas horas aquí...Mañana, Pisa.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Roma, día 4. Arrivederci Roma!

Se acabó. Al menos por ahora. Volveremos. Siempre es bueno dejar cosas por ver, cuentas pendientes. Y en esta ocasión, nos hemos dejado a San Juan de Letrán, a San Pablo Extramuros y las catacumbas...y alguna otra cosa. Pero nos hemos querido despedir compartiendo el éxtasis de Santa Teresa en Santa María de la Vittoria, recorriendo el Circo Máximo, poniéndo en riesgo nuestras manos en la Boca de la Vérita, perdiéndonos en el Trastévere y despidiéndonos del país vecino pasando el Ponte Sant' Angelo, echando una última mirada a San Pedro. Día de caminar sin horario, de mezclar la Roma de Bernini con la Roma Imperial, de pasear por la Plaza de San Pedro y por la Plaza Navona, y de echar un último vistazo a la Fontana de Trevi. Día de comer helado italiano auténtico, de colarse en el bus y de cenar pasta fresca. Y día de rehacer la maleta...porque mañana nos espera Florencia, la flor de la Toscana. A descansar!

viernes, 1 de diciembre de 2017

Roma. Día 3. Algo más que piedras


Alguna vez escuché a alguien decir, hablando sobre Roma, que para ver piedras rotas, mejor se quedaba en casa. Obviamente, era un chiste. Pero, una vez se está entre esas piedras, se comprende que más que un chiste es un sinsentido. Cierto es que, sin la ayuda adecuada, pueden parecer ruinas sin más, algunas quizá con la suficiente belleza para hacer una buena foto. Pero el Foro es mucho más que eso. Es pura historia. Es fascinarse viendo dónde incineraron a Julio César, sorprenderse encima de donde vivió Galeno, asomarse a las mismas calles que vió Marco Antonio, o pasear por los pasillos que vieron a Augusto. Y una vez más, siento si soy pesado, sorprenderse compartiéndolo, admirar al unísono, y emocionarse disfrutando juntos de la historia y de la cultura, no tiene precio. Igual que no tiene precio imaginar el rugido de los miles que abarrotaban el Anfiteatro Flavio (lo conoceréis como Coliseo), asomandose a sus terrazas y paseando por sus graderíos. Y recorriendo la Via de los Foros Imperiales, para subir a la colina del Campidoglio, y recordar a los que, según la leyenda, fundaron esta ciudad, amamantados por la loba capitolina.
2000 años y alguno más...son algo más que piedras. Son parte de lo que somos. Roma vincit!

Roma. Día 2. Cerca del cielo.

Un cielo azul. Por fin. Se acabó la lluvia, y, como una recompensa divina, el sol nos guió por el Ponte Sant' Angelo, para subir precisamente a ese lugar, cerca del cielo, justo encima de la tumba del pescador. Toda la Via de la Conciliazione fue un discurrir de boca abierta y pasmo generalizado. Y es que ese lugar, la Casa de Dios, como ya la nombré en otro momento, no deja lugar a engaño. La sorpresa, el asombramiento y la incredulidad que sobrecoge al que llega es siempre la misma, sea o no la primera vez que los brazos de la columnata de Bernini te abrazan. Y de allí, sorprendentemente sin colas, comenzamos a poner a prueba el tobillo maltrecho de la novata en el país pontificio, y con ayuda divina o no...alcanzamos la cumbre de la cúpula para maravillarnos, por primera vez o como si tal fuera, con la grandeza de Roma a nuestros pies. Para después ponernos a los pies de la Basílica del apóstol, y sentirnos pequeños, y frotarnos los ojos comprobando si aquello puede ser real...si el hombre es capaz de tal cosa. Esta vez no hubo encuentros inesperados...pero sí hubo nuevos descubrimientos. Bajar a la gruta vaticana, donde descansan viejos y no tan viejos pontífices, escudriñar cada rincón de la iglesia...y no hacerlo solo. Eso fue lo mejor, compartir la maravilla, junto a mi propia maravilla. Y compartir los secretos y riquezas de los museos vaticanos, aunque el pie renqueante nos recordase que todo tiene límites, admirando los techos de la Capilla Sixtina.
Después, ver caer la noche sobre la cúpula de Miguel Ángel, para regresar a la vieja Roma y perdernos por las calles que rodean la Navona, y por último dirigir nuestros pasos a Trevi, para maravillarnos nuevamente con su Fontana, esta vez en todo su esplendor, que sólo alcanza cuando ya se ha puesto el sol. Hoy sí, nos sentimos cerca del cielo, azul.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Roma, día 1. El diluvio.

Hoy retomo una vieja costumbre, que tenía descuidada, y que con mal criterio deseché de mi última escapada fuera de los límites de nuestra península, allá por las galias. Hoy vuelvo a escribir mi diario de viaje, con una pequeña salvedad, ya no es mi diario, ahora es nuestro diario.
La última vez que estuve en esta ciudad, no cumplí con una de sus más arraigadas costumbres, lanzar por encima del hombro una moneda en la fuente del dios Océano, esa que llaman de Trevi. Quizá por ello, quizá por el destino, quizá por una manifestación de tuertos que parece nos ha echado el ojo últimamente, este viaje se ha complicado más de lo que esperaba. Un esguince de tobillo a deshora de mi otra mitad, el primero en su currículum, ha hecho peligrar el viaje hasta el último momento. El hotel desde el que escribo lo reservamos...¡5 días antes de viajar! Quien me conoce...sabe que eso es impensable en mí. Gracias a las artes chamánicas de una buena fisio, a la que le debemos un helado y lo que pida, hemos podido coger hoy el avión, rehaciendo, retocando y adaptando la aventura a nuestra nueva invitada, la muleta (la de los cojos, no la de los toreros). Luego un duelo copero a horas intempestivas entre mi pueblo y mi equipo, y un diluvio constante en esta ciudad eterna, han hecho el día un poco más gris de lo imaginado, y un poco más cansado de lo previsto. Pero Roma siempre pone el resto, lo necesario para seguir caminando. El Pópolo, subir los escalones que tenía en la cuenta pendiente con Piazza di Spagna, Fontana de Trevi, Pantheon, Piazza Navona, Campo de Fiori, Piazza Venecia, Colosseo...y caminar con 4 piernas, que es como camino ahora, han hecho que las horas fueran segundos, y el diluvio, un simple chubasco sin importancia. Que unas piernas más cortitas que las mías, y con un tobillo que crece por momentos (de manera algo preocupante), hacen que mis pasos sean más ligeros...casi flotantes. Y hoy sí, sin mamparas, y con la Fontana rebosante de agua, la moneda voló y se zambulló. Roma ya no está en obras, parece. A descansar. Mañana tenemos una cita con Dios.

lunes, 9 de enero de 2017

El mejor regalo

Ese año aún amanecía. Bostezaba perezoso en sus primeros días, como un niño recién nacido que acaba de llegar al mundo, y que se está acostumbrando a él, sin encontrar su sitio del todo, mirando todo, pero no viendo nada con nitidez, todo entre nieblas. Esas mismas nieblas que le acompañaban cada mañana al trabajo, las que podía ver desde la ventana del tren, o las que veía si miraba en su interior, en eso que llaman alma o corazón. Él, igual que el año que comenzaba, no había encontrado aún su sitio, no acaba de encajar en ninguna parte. Las luces de la navidad aun estaban frescas en su retina, los niños todavía tenían ese brillo en los ojos, pintado por la ilusión de uno de los días más esperados del año...tres misteriosos personajes con poderes mágicos que venían cargados de regalos todas las madrugadas del 5 al 6 de enero.
Pero como de costumbre, un año más, esos reyes magos habían olvidado hacer una parada junto a su árbol navideño, algo recargado, con muchos adornos, pero con escasa (o nula) belleza.
Seguía esperando un milagro. Una chispa mágica, una estrella fugaz que llegara, aunque fuese efímera, a iluminar una rutina anodina y sepultante, que cada día le enterraba un poco más en su soledad y desidia. Se sentía como una mala hierba en un jardín hermoso. Todas las flores a su alrededor crecían, abrían sus pétalos al rocío invernal y mostraban sus colores al mundo. El sólo crecía, pero esperando ser arrancado de raíz en cualquier instante, sin un solo toque de color o hermosura que legar al recuerdo cuando ya no estuviese.
El calendario mostraba el 8. Se durmió como cada noche, extenuado por otro largo día de viajes en tren y quehaceres desalmados.
No imaginaba que aquel día sería el último. Que su vida comenzaba de nuevo.
Cuando despertó, no sabía dónde estaba. Todo le parecía familiar, y sin embargo distinto. Se encontraba en una ciudad maravillosa, como de cuento, o quizás sería más justo decir como de historia épica. Salpicada de torres y rincones oscuros, donde a cada paso pudiera asaltarte un pícaro a sueldo, armado con sable y vizcaína.
Creía recordar que le habían llevado allí, desde luego él no había ido por su propio pie. Y tambíen creía recordar que su presencia allí era por algún motivo concreto, sentía que alguien le esperaba.
Dirigió sus pasos bajo un arco, y pasó junto a una estatua, de algún famoso escritor de época, muy acorde con la ciudad de ensueño. Sin saber bien por qué, entró en aquel lugar de una manera rutinaria, como el que lo ha hecho muchas veces, con seguridad y sin atención.
Era un sitio oscuro, no demasiado alegre, tampoco triste. Sólo vulgar, corriente. Pero...algo allí dentro era diferente.
Una luz, pequeña, pero muy intensa, parecía refulgir al fondo de la estancia. Irremediablemente atraído por aquella luz, como polilla hacia un candil, se fue acercando y acercando. Mientras daba un paso tras otro, se miró las manos, durante sólo un instante, y pudo percibir claramente dos verdades que se batían en duelo y a la vez se complementaban como una sola revelación. La oscuridad de su propio ser, más intensa a la luz de aquella luciérnaga mágica, y el poder de esa misma centella para iluminarle poco a poco, no reflejándose...sino entrando en su oscuridad para alumbrarle desde el interior.
Y fueron a recorrer la ciudad, su oscuridad y la nueva luz. Y cada calle era un poco más luminosa que la anterior. Y sin embargo, el mundo alrededor parecía ir desvaneciéndose...quedándo sólo ellos, sólo la luz y él, sólo él y la luz. Subieron cuestas hacia catedrales, y parecieron pasar sólo unos segundos...pero habían pasado meses. Y la luz tenía manos, y de ellas brotaban ríos de claridad. Y se entremezclaban con los regueros de oscuridad que salían de las manos de él, y juntos de las manos, siguieron paseando. Y la ciudad fue parte de ellos, y ellos parte de la ciudad. Tomaron té entre risas, y se tomaron la luz a la oscuridad y vicerversa, en lo alto de una piedra, al otro lado del río, haciendo que en mitad de la noche toda la ciudad brillara como si fuese un día de Junio. O de noviembre, porque las estrellas nacen cuando nacen, y ésta era de otoño.
Y ya no se separaron, vieron el mar, fueron a montañas, navegaron ríos en ciudades lejanas. Pero siempre juntos.
Y de repente...despertó. Y entendió que todo aquello había sido sólo un sueño. Pero...alargó la mano...y unos dedos rozaron los suyos. Unos dedos que iluminaban cada centímetro de piel que tocaban. Unos dedos hechos de luz. Y allí estaba ella. Casi un año después de aquel 9 de enero, finalmente resultó que los magos de oriente se habían acordado de él. Y junto a él, dormida, con el pelo color sol sobre la almohada...la luz hecha persona, el sueño...pero despierto. El mejor regalo.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Bateaux Mouches

Diario interestelar. Día...penúltimo. Quién me iba a decir cuando lo comencé...que este año sería así. Sólo buscaba que cada día contara y sumara. Y vaya si contó...
Un año más...No, nada más lejos de la realidad. No es uno más. Ni siquiera es uno de los mejores.
Es EL AÑO. Con mayúsculas.
 Hace ahora unas 52 semanas, andaba sumido en dudas, en miedos y en crisis. Llegaban los 30, no avanzaba en nada...las patas de mi taburete flaqueaban...nada parecía ir como debía. Todo cambió un 9 de enero. Las mejores cosas son las que no se piden...y yo de verdad que no le pedí nada a los reyes magos. Esto...me encontró...y comenzó en la mejor ciudad de este país...no podía ser de otro modo. Mi querido Toledo.
Desde entonces...podría decir que mi vida ha cambiado, que ha mejorado...mentiría. Mi vida es otra. Abril será mi segundo mes de cumpleaños, el 29...el día señalado para soplar velas.
Y desde entonces...pues no puedo ni debo describirlo, porque las palabras no harían justicia.
En cualquier caso, este último viernes del año...no reflexiono. Sólo recuerdo y agradezco. Grandes cosas han pasado, amigos que han decidido dar pasos de gigante en sus vidas, o que buscan su camino. Pero que siguen en el mío, aunque a veces lo duden, y yo no sepa hacerlo visible. Llegadas de nuevos renacuajos a los que querer y cuidar en los ratos que me quedan. Descubrir que de lo que creías saber...no tenías ni idea. Y dejarme enseñar...y maravillarme aprendiendo y sintiendo como si fuese la primera vez. Porque es la primera vez...aunque no lo sabía.  Y viajar...siempre viajar. Esta vez de una manera nueva y distinta...pero tan maravillosa...que también sería dificil explicarlo. En fin...no se por qué...pero la cabeza me lleva involuntariamente a un paseo por el Sena en bateaux, en pleno diciembre. Un frío glaciar por momentos. Y sin embargo...felicidad. Por lo que me rodea...sí, en parte. Pero sólo momentáneamente. La felicidad viene de mi lado, derecho concretamente. De quien me acompaña...me acompaña, me guía y sobretodo, me ilumina. Esto ha sido este año...luz. Luz en las sombras que tenía, limpieza de telarañas...y vivir...y vivir de verdad.
Porque al final...todo se reduce a 3 palabras...y ella las encierra todas. Y ella llegó el 2016...asi que siempre recordaré este año...y le estaré eternamente agradecido. ¡Ah, las 3 palabras!
VIDA, LUZ...y AMOR.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Tu Otoño

Hace un tiempo escribí una canción...se llamaba el otoño. Y su última frase decía "puede que el tiempo traiga un otoño mejor". Nada más real, nada más acertado. Este, el de hoy, es el bueno, el de verdad. El que siempre había esperado. Felicidades pequeña, este es Tu Otoño.
Alguna vez me has dicho
que no quieres leer,
que te duelen mis canciones, mi pasado.
Que te cuesta creer, que eres todo para mí, que te asusta,
que me vaya de tu lado.
Por eso amor, te canto,
y esta vez me has de escuchar,
que este otoño es el que yo siempre he esperado.
Que yo siempre te soñé, que vivo pensando en ti, que al fin encontré a quien siempre había buscado.
Y este otoño es para tí,
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
Y si tiene que llover,
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo me lleve a tí
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
De ahora en adelante,
mi pequeña, has de saber,
que si canto cuando se caigan las hojas,
lo haré pensando en ti, tu piel será mi papel, y mi piel será todo lo que tu mojas.
De sudor y lágrimas,
pero de felicidad,
que mi mano sólo escriba en tus caderas,
Que tu luz me guiará, que nunca me alejaré, que convertiste el otoño en primavera.
Y este otoño es para tí,
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
Y si tiene que llover,
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo me lleve a tí
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
 

lunes, 29 de agosto de 2016

Una estación

El tiempo es tan relativo. Cuatro meses...que parecen toda una vida, y sin embargo han pasado como un suspiro.
En cualquier caso...el tiempo es oro. A tu lado. Gracias pequeña.

Hace ya algún tiempo, escribí un par de canciones,
hoy he descubierto que entonces me equivocaba,
que primavera y otoño, son sólo dos estaciones,
hojas de algún calendario, tiempo que empieza y acaba.

Hoy hemos inventado una nueva estación,
y podría hacer calor, me da igual que llueva o nieve,
cuatro meses que han volado en los que sólo veo el sol,
mi número favorito ahora es el veintinueve.

martes, 2 de agosto de 2016

Tres

Hace un año, un mes y pocos días escribía aquello de "veinti...últimos". Hoy, con los 30 ya en la espalda, podría escribir aquello de "pues tampoco es tan distinto". Y puede que sea verdad, lo más probable es que la edad no cambie casi nada. Pero el 3 es mi número, y ella ha aparecido en mi vida casi a la vez que esta cifra...que encabeza el 30.
Y con ella...cambió el mundo. Y mi vida.

Tres noches,
Tres noches bastan para sudar alegría.
Tres noches para nadar en tu espalda, para morir en tus ojos, para vivir en tus días.
Y dormirme en tus brazos,
y perderme en tu pelo,
y amanecer en tu cielo,
y en tus pupilas, las mías.

Tres meses,
Tres meses bastan para cambiar una vida.
Tres meses para empezar el camino, para cambiar el destino, para encontrar la salida.
La salida de un largo túnel,
de camas sin alma,
de dudas sin calma,
de letras vacías.

Tres vidas,
Tres vidas no bastan, mi vida.
Tres vidas para decir lo que quiero, para vivir lo que siento, para explicar a quien pida.
Entender lo que escribo,
describir lo que  amo,
despertar con tu mano,
sentirme el alma...
más querida.

viernes, 5 de febrero de 2016

Fervorosa, ilustre, calurosa e hidalga felicitación

Algo esta mañana me hizo recordar que últimamente tengo harto descuidada esta tábula donde asiento mis pensamientos, inventivas, fabulosas aventuras y venturosas desdichas, en forma de prosa, verso, mezcla o intento de ambas o de ninguna. 
Ausencia de envites reseñables, yermo campo de grandes emociones de un tiempo a esta parte, la pereza de la musa...fácil es encontrar mil excusas o causas, cada cuál ve la feria según le parece.

Por tanto, bueno es comenzar la andadura de este año, tarde, pero mejor que nunca, dedicando a vuesa merced esta primera entrada del año 2016 de Nuestro Señor.
Tiempo ha que comenzó nuestra singladura, gracias a su natural propensión quijotesca de desfacer entuertos, y desfaciendo el mío, te entraste en mis mientes y experiencias sin pedir disculpa ni permiso.
Desde entonces, recorremos los caminos de los campos castellanos (de momento, no ha tenido a bien el hado encaminar nuestros pasos fuera de nuestros reinos), entrando en singular batalla con gigantes que tomaban aspecto de molinos, adentrándonos en las entrañas de la tierra para conocer la morada de Montesinos, visitando tierras celtas de leyendas milenarias...o descendiendo Despeñaperros hasta la sin par belleza de Sevilla, para cumplir devotamente con los mandamientos de nuestra Santa Madre Iglesia.
Pero en todas estas andanzas, en poco o nada estimo su valía, si no fuere por la ilustre, impagable y nunca suficientemente ponderada compañía de, en algunas ocasiones, escudero fiel y fiable, en otras tantas veces, caballero audaz y seguro, en el que vuesa merced se ha convertido para mí a lo largo de estos años.
Por ello, por todo, y por tanto, doy gracias a Dios Nuestro Señor por permitille a usted seguir cumpliendo años lozanamente, enorgullézcome y alegróme de poder seguir felicitándole en fecha tan señalada como ésta, y en mucha estima tendría, y causa de gran alegría para mí sería, poder seguir compartiendo con su señoría más andanzas y fabulosas aventuras, desfaciendo entuertos a lo largo y ancho de lo que nuestros pasos den cuenta, siempre y cuando sea en compañía suya de usted.

Calurosamente suyo, sin que a malentendido lleve dicha afirmación, su fiel e inquebrantable (y anciano) amigo.

¡Muchas felicidades hermano!

jueves, 23 de julio de 2015

Formentera

Aquí os dejo un pequeño relato autobiográfico y algo melancólico...pero muy oportuno para estas fechas, y su versión resumida en 500 caracteres, a modo de reto de capacidad sintética, para un concurso de El País. 

Dejaos llevar por la imaginación...y volad conmigo a Formentera.

VERSION RESUMIDA EN 500 CARACTERES...para los impacientes.

En segundos repasé mentalmente los últimos diez días en el paraíso.Dos faros unidos por una  franja de tierra.La Mola.Barbaria.Ojos inundados de mar y cielo.Lucía y el Sexo,Paz Vega alejándose del faro en moto.Puestas de sol eternas.Aletas de buzo.Azul.Cala Saona,con aguas llenas de vida.Aventuras en Illetes.Cenas chinas en Es Pujols.Barbacoas hispano-holandesas.Fiestas en Sant Francesc,fuegos artificiales,actúa Marlango.Regresar a Madrid con Leonor Watling en el avión. Formentera...el paraíso.

VERSION COMPLETA.

Como siempre, su maleta salía la última en la cinta transportadora. La recogió con esfuerzo, como si pesara quinientos kilos. No era esfuerzo, era pena.
En un par de segundos, los que transcurrieron entre que alzó esa maleta y sus ruedas tocaron el suelo, repasó mentalmente los últimos diez días.
Diez días en el paraíso. El primer vuelo, el viaje en ferry, la llegada a aquella casita en medio del pinar, asomada al Mediterráneo cada día, iluminada por la luna cada noche.
Aquella isla no se parecía a nada que hubiese visto antes.  Dos montes unidos por una estrecha franja de tierra. En cada uno de ellos, un faro. A uno, el más alto, lo llamaban La Mola. El otro, por apuntar directamente al sur, a las indómitas tierras africanas, lo llamaban de Barbaria. Desde el primero, o mejor dicho, camino hacia él, con sólo volver la vista, los ojos se inundaban de mar y cielo, compitiendo por ver quién es más azul. Camino del segundo, la mente evoca aquella imagen para el recuerdo de Lucía y el Sexo, Paz Vega alejándose del faro en aquella moto…y él imagina cruzarse con Lucía en esa pequeña carretera que lleva al infinito. Puestas de sol que duran para siempre en la memoria.
 Una aleta de buzo se escapa de la maleta. Azul intenso. Inmediatamente la memoria se llena de otro azul, entre turquesa y cielo, del mar de Cala Saona. Aguas de las de anuncio, límpidas y llenas de vida, donde el fondo marino se percibe igual a 1 metro o a 10 de profundidad, donde los peces son los únicos compañeros de playa en muchos momentos. Soñar despierto, esas siestas con los documentales de la 2, pero mejor que en 3D, el agua es de verdad, eres tú el que nada en el paraíso.
La espalda se resiente aún. El sol la castigó en aquella aventura desde Illetes, cruzando el pequeño estrecho a nado, hasta S´ Espalmador, para casi desaparecer enterrado en el fango de la salina, y regresar de nuevo en busca de la última lata de cerveza de toda la playa.
Noches de mojito en Es Pujols, paseos en bicicleta por Migjorn, scooters para ir a hacer la compra…
Noche de fiesta en Sant Francesc. Última noche en el paraíso. Hay fuegos artificiales en la plaza. Parece el guión de alguna película española sobre amores de verano, siempre acaban con alguna fiesta de pueblo.
Al recoger la maleta, casi roza la mano de la mujer de al lado. La mira. Aún casi no lo cree. La noche anterior, lo primero que hizo, fue escuchar su voz. Creyó que era la banda de turno…pero aquella voz…ya la conocía.
La reencontró en el aeropuerto, embarcaba en el mismo avión que él.
Marlango amenizaba la fiesta en Sant Francesc, Leonor Watling, tan bella como siempre…
¡y regresaba a Madrid en su mismo avión!

Esas cosas sólo pasan en las películas…y en sitios como Formentera. 
Tendré que regresar al paraíso algún día.




miércoles, 24 de junio de 2015

Veinti...últimos.


A algunos quizás les parezca ridículo. 
Otros lo entenderán perfectamente. 
Se acaban los veinti...y la siguiente parada son los 30.
Puede parecer un paso intrascendente...pero al menos para mí, no lo es. Tiempo de inseguridades, de crisis vitales cada 20 minutos, de sensación de vértigo y vacío, de no haber alcanzado nada de lo que te proponías, de no tener nada claro a dónde vas...
O de echar la vista atrás, y comprobar como has ido saltando uno a uno todos los obstáculos que la vida te va colocando, de como te has ido equivocando, pero aprendiendo de cada error, y de mirar hacia adelante con más esperanza que miedo...o eso creo.
En cualquier caso, esto es lo que siento...y así es como mejor me expreso...


Los que se piensan viejos, pensarán
que apenas acabo de empezar,
los jóvenes que vienen tras de mí,
aun tienen mucho tiempo para andar.

Y aunque no sean muchos, es verdad,
lo cierto es que fue duro el caminar,
subidas y bajadas, y al final,
seguir subiendo cuestas, nada más.

Pero un buen amigo me recuerda,
que los aciertos van ganando la partida,
que sólo pierde el que primero se retira,
y yo no tengo la intención de abandonar.

Que veintinueve solamente es una cifra,
que lo que importa es cómo eliges caminar,
en este viaje con billete sin destino,
que lo que importa es el camino, no llegar.

Y viajarás sin mapa, y dudarás,
mil veces no sabrás a donde ir,
sientes que el tiempo apremia, y que quizás  ,
llegaste a tu destino sin salir.

Y me siento perdido, cada vez,
que giro la cabeza, al comprobar,
que ha habido algún que otro traspiés,
que cien veces me he vuelto a equivocar.

Pero un buen amigo me recuerda,
que los aciertos van ganando la partida,
que sólo pierde el que primero se retira,
y yo no tengo la intención de abandonar.

Que veintinueve solamente es una cifra,
que lo que importa es cómo eliges caminar,
en este viaje con billete sin destino,
que lo que importa es el camino, no llegar.

domingo, 21 de junio de 2015

Azahar e incienso...deudas pagadas.

Amigo,
Te prometí que antes del verano te pagaría con una entrada. Pero como las normas nunca me han gustado demasiado, y si algo lo puedes hacer mañana, no lo hagas hoy, he esperado exactamente al día siguiente al cual vencía mi plazo, para pagar mi deuda.

Deuda eterna, impagable quizá, pero que pobremente intento saldar meses después, o años después, como queramos verlo, en estas escasas líneas, que difícilmente podrán aproximarse a la belleza de lo que vemos cada primavera por las calles de Sevilla.

Azahar en el aire y en el alma, incienso que anuncia cada maravilla a la que precede, hora tras hora, día tras día, durante una Semana entera, para que corazón y sentidos disfruten, admiren, se sobrecojan y extrañen cada momento que pasa ante los ojos pero que se queda en la retina, en la memoria y en el pecho, al menos, hasta el siguiente año.

Domingo de Despojado, que invita a despojarse del mundo, del ruido, del correr, para simplemente dejarse llevar, Despojado que a pecho descubierto invita a descubrir lo que después irá aconteciendo paso a paso. 
Para dejar que tus pasos te lleven al otro lado del Puente, a ese barrio sencillo y a la vez mágico, donde las cosas tienen otro color y otro sonido, y sobre todo otro andar, para seguir una Estrella que cruza el río, mostrando a la ciudad unas pinceladas de lo que sus ojos verán los días venideros. Domingo de Amargura que no amarga, sino que impresiona, por grandeza y sencillez aunadas en un mismo tiempo.

Lunes de Cautivo que libera a un barrio humilde, llevándolo a la grandeza de la Catedral, portando las ilusiones de miles de almas de San Pablo, esfuerzo, kilómetros y calor, que se hacen llevaderos con la promesa de disfrutar en la Magdalena a San Gonzalo, que viene repartiendo baberos desde lo más lejano de Triana, para abarrotar el Baratillo durante dos horas de esfuerzos recompensadas con un instante de belleza sin precio. Lunes de recogimiento tenso en la plaza del Museo, donde las Penas de San Vicente son vigiladas de cerca por el propio Museo, hasta que pueden seguir sus pasos dirección a la Campana.

Martes de calor y sufrimiento, de respiración contenida y de alivio desatado en la salida de San Esteban. Martes de sorprendente belleza, de momento especialísimo en Sor Ángela con San Benito, de boca abierta y corazón más abierto aún.

Miércoles que ya huele a nervios, por la cercanía de lo que ya llega, pero que sobre todo huele a pan. A pan y a azahar. A panaderos de Orfila entre naranjos en San Andrés. 

Y espera. Y descanso. Y preparación para lo que viene. Tarde de jueves en pago, maravillas que no podemos ver, como Los Caballos de La Exaltación, o ese olivo único de Montesión que parte desde Feria para preparar el corazón de los que esperamos esa madrugada durante todo el año. A veces los pies también necesitan un respiro.

Y por fin llega. 
Madrugá.
La Madrugá. 
Noche de Armaos Macarenos, de largas horas con iluminación de Luna y de cirios, de tambores, cornetas, silencios o maravillas musicales como Tres Caídas. Noche de esperas, de carreras, de cansancio y de euforia. De sonrisas maravilladas y de lágrimas emocionadas.
Noche de Gitano que camina tan despacio como bello, siempre con La Saeta marcando su camino. Noche de Macarena que colapsa Sevilla de nazarenos y de belleza sobria desde la Sentencia hasta la Esperanza.
Noche de Silencio con mayúsculas, con esa Cruz que no deja rastro, sino que apunta al Cielo, y noche de silencio en su máxima expresión, de Gran Poder racheando bajo el Postigo, para acallar gargantas y fijar la mirada en esas manos doloridas, pero inmensamente bellas.
Pero, por encima de todo, noche de Esperanza. De Esperanza que sale de Pureza, que trae la alegría desde Triana, con un Caballo que anuncia, caída tras caída, tres veces, la maravilla que se ve, se escucha y sobre todo, se siente. No se explica ni se describe. Sólo se vive. Saludo al barrio recorriendo la calle Larga, y al Baratillo al despuntar el día, para reunirnos en Santa Ana cuando el sol ya brilla bien alto, y acompañarla en los últimos metros de la noche más larga, de la noche más bella, hasta su casa de marineros.

 Viernes de dolor, de pies y de alma. De sueño acumulado, y de sueños vividos durante toda una noche. De sabor agridulce, de alegría por lo vivido, de tristeza por el año que aun nos separa de la próxima vez. El Cachorro nos despide en la plaza del Triunfo, Cristo de la Expiración, de una semana que expira, pero que a la vez inspira, tanta belleza, tanta ilusión, tanta Esperanza.

Y a contar días, a tachar fechas del calendario, hasta que de nuevo vuelva la primavera con el azahar, el incienso y las noches eternas de la próxima vez.




lunes, 16 de febrero de 2015

El Local

Llevábamos varias horas andando por la ciudad. De hecho, nos parecieron años. El último sitio donde estuvimos fue genial. Música de todo tipo, copas no muy caras, ambiente muy agradable...éramos como de la familia.
Hasta que llegaron aquellos extraños. Parecían buena gente, simpáticos, graciosos...pero poco a poco se fueron adueñando de todo el local...y no nos quedó otra opción más que marcharnos, invitados gentilmente por el dueño. Allí no había sitio para nosotros, gracias a los recién llegados.
Como decía, caminamos, recorrimos avenidas y callejuelas, preciosas e iluminadas, oscuras y poco cuidadas, y dejamos a ambos lados multitud de sitios nuevos y viejos, distintos, muy atractivos...o todo lo contrario. No entramos en ninguno. No eran de nuestro estilo.
Tras mucho andar, comenzamos a preguntarnos... ¿cuál es nuestro estilo? Nada de lo que veíamos nos gustaba, nada nos animaba a acercarnos, la calle nos parecía más atractiva, continuar andando, libres, sin rumbo fijo, a donde los pies nos llevasen.
Sin embargo, tras la esquina menos pensada, en el lugar más insospechado, lo vieron. Era un lugar llamativo...aunque no extravagante. Sin duda, era bonito, muy bonito. Y diferente. Lo que había en el interior...era una incógnita. Estaba cerrado a cal y canto, hermético tanto para entrar...como para dejar escapar a nadie.
No sabemos bien por qué, pero no lo pensamos, nos acercamos, como atraídos por la misma luz que atrapa a las polillas de manera irresistible e irremediable.
Y de manera inesperada, una puerta se abrió ante nosotros, invitándonos a  pasar. Nos miramos unos a otros, atónitos. Dudamos de que se estuviesen dirigiendo a nosotros. Pero sí, así era. Obviamente, pasamos sin mirar hacia atrás.
El lugar parecía aún más bello por dentro. Todo lo que veíamos nos agradaba, nos recordaba a algo, o tenía algo que ver con nosotros...o era justamente lo contrario a nosotros. La música era muy buena, la bebida de calidad, la gente era muy divertida... Fuera como fuese, aquel sitio nos encantó.
Por supuesto, volvimos. Todas las veces que pudimos...o que nos dejaron.
Aquel sitio, a la par que bello, era muy  peculiar. El lugar estaba dividido en, al menos, dos compartimentos bien separados por anchos muros y una estrecha puerta, bien custodiada por dos fieros "gorilas" de la noche. Nosotros sólo podíamos acceder al primero de estos compartimentos, el que estaba más cercano a la puerta de entrada. Intentamos entrar al segundo compartimento, pero aquellos custodios de la estrecha puerta nos dejaron claro, desde el primer momento, que aquel no era nuestro lugar, que ese día no íbamos a entrar...ni ningún otro día. 
A través de unas pequeñas ventanas, de cristales ahumados, adivinábamos qué se podía esconder tras aquella puerta. Más bien intuíamos, o imaginábamos. Nada más.
Seguimos volviendo, una y otra vez. El sitio nos gustaba cada vez más...pero siempre nos íbamos a casa con una extraña sensación de que nos faltaba algo. La atracción que ejercía sobre nosotros aquel reservado cada día era mayor. Queríamos entrar a toda costa, sin embargo, teníamos miedo a que aquellos dos gigantes nos partieran la cara y nos prohibieran la entrada siquiera a aquel primer compartimento más cercano a la entrada.
A fuerza de costumbre, nos habituamos a disfrutar del local, pero siempre con el miedo de querer ir un paso más allá...de volver a intentar acceder al reservado. Unos nos decían "disfrutad de lo que podáis, y olvidaos de ese otro sitio", otros nos insistían "tenéis que atreveros, tenéis que seguir intentándolo", algunos, quizás más realistas, quizás más pesimistas, nos animaban a desistir, a buscar otros locales donde no tuviéramos vetada la entrada a ningún apartado.
Pero a nosotros nos gustaba aquel local. Desde otros sitios nos invitaban, nos animaban a entrar, nos ofrecían jugosos descuentos y atractivas ofertas. Pero aun así, no podíamos dejar de pensar en aquel lugar, que nos había cautivado desde el momento en el que lo vimos. Que nadie se equivoque. No somos tontos. Sabíamos perfectamente que aquello, en algún momento, tenía que acabar. Sin embargo...probablemente éramos una buena pandilla de cobardes. Teníamos miedo a enfrentarnos a aquellos gorilas pendencieros que nos impedían la entrada al reservado que tanto deseábamos. Pero teníamos aún más miedo a perder toda opción de volver a aquel maravilloso local, de dejar de disfrutar de lo poco (o mucho, según se mire) a lo que teníamos acceso.
El tiempo pasaba, las visitas al lugar se repetían...pero nada cambiaba.
Mil y una veces nos juntamos entre todos, para reunir fuerzas y tumbar a aquellos matones. Dos mil  y una veces nos conjuramos para no volver nunca más a aquel sitio. Nunca hicimos ni una cosa, ni otra.
Y aquí estamos, sentados en este banco de este parque, cerveza en mano, reunidos mirando al cielo, pensando en que a menudo, lo que podemos hacer, lo que queremos hacer y lo que debemos hacer, suelen ser tres cosas bien distintas.
Y mientras pasa la tarde en el parque, quién sabe, lo mismo el local ha sido traspasado, alquilado, vendido a un buen comprador...o unos nuevos extraños están llegando para atreverse a lo que nosotros no...
Seguiremos pensando...o nos iremos a casa, que vienen nubes, y parece que va a llover.

martes, 1 de abril de 2014

Abril de mariposas....

Hoy nace un nuevo Abril. Uno más...o no.
Quiero que sea un nuevo comienzo. Sí, el enésimo. ¿Y qué?. De momento, Marzo se fue dejando un poso dulce, muy dulce.
Un leve aleteo, que no sentía desde hacía...siglos. Quizá no sea tan leve. Sólo estoy seguro de que prácticamente no me acordaba de lo que se siente...pero ahora ha vuelto...y es real. El primero auténticamente real. En casi cuatro años.
Quizá sea un camino destinado a morir antes de empezar. O quizás sea el comienzo de un largo viaje.
No lo sé...nunca he sido un valiente. Siempre he temblado ante los comienzos. Siempre me ha aterrado dar el primer paso. Miedo a fracasar, supongo. Pero generalmente, siempre he vencido a ese miedo. Para estrellarme, la mayoría de las veces. Puede que esta sea una ocasión más para el siniestro...

Pero ahora se que vuelvo a ser capaz. Que estoy completamente restablecido. Que por fin puedo considerarme "dado de alta".

En fin, si has llegado hasta aquí, y todavía no sabes de qué estoy hablando...lo siento por ti.
Si desde el comienzo sabías a qué me refería...enhorabuena.

Sí...hablo de esa sensación...mariposas en las tripas...no se lo que durará...

Pero es primavera.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Tiempo de cambio

Renovarse...o morir. Literalmente. Siempre pensé que me gusta más el invierno que el verano. Ahora veo que, efectivamente, llevo mejor el frío que el calor...pero lo que realmente me gusta, lo que de verdad aprecio, es el cambio. El cambio de la camiseta a la sudadera. Y viceversa en primavera.
Precisamente por ello, por buscarlo, por anhelarlo, quizá por pura necesidad, llegó mi tiempo de cambio. Parcialmente total...y totalmente parcial.
Redescubrir que se puede disfrutar de un buen café después de comer sin acompañarlo de un cigarro. Comprobar que puedo disfrutar igual de un sábado comenzándolo a las 10:30 en el gimnasio. O que puedo estirar los días hasta más allá de las 22:00 para invertir en salud...perder tiempo para ganarlo.
Retomar relaciones que nunca debí perder, romper definitivamente otras que no debí alargar inutilmente.
En fin, embellecer mi ser en su totalidad, por dentro y por fuera, en cuerpo y en espíritu.
Algunos no confían en este cambio...gracias, su duda me da más fuerzas para poder callarles la boca.
Otros me apoyan y ayudan a conseguirlo...lo prometo, no lo olvidaré.

El cambio asusta, lo desconocido va de la mano del miedo...pero cambiar, siempre a mejor, es el único camino para crecer.

Try it!!

sábado, 2 de marzo de 2013

Lo más sencillo...lo mejor

Un buen día de descanso...de descanso mentiroso, de visita obligada y prometida hace tiempo a ese lugar tan especial, que contiene tanta historia y tanta belleza aunada en una sola obra, el monasterio de San Lorenzo del Escorial, junto a una de las personas que más quiero en este mundo...(después negaré esto, hermanito...jejejeje).
Y luego un sencillo día en la nieve, un trineo más cutre que si fuera de los chinos (7 euros en Decathlon no JK???) pero que corría más que un Ferrari...un muñeco más guapo que nosotros mismos, enterito de nieve, con alguna prenda prestada mía...(es de nieve, pero tiene buen gusto), una guerra de bolazos de nieve, un bocadillo de fuet sentados en la estación del tren...

En fin, como siempre me dice un buen amigo, quien es capaz de ser feliz con poco, es difícil que logre alcanzarle la infelicidad...y sobre todo...encontrar la felicidad en lo más sencillo es signo de grandeza...así que ¡gracias amigos y hermanos! Ha sido un día genial que necesitaba más de lo que pensaba...