El sabor de la traición es áspero, muy intenso y quizá de corta duración, dependiendo de la intensidad y gravedad de la traición y de la persona que te traiciona. Pero el sabor de la decepción es mucho más sutil, es más duradero, y sobre todo, mucho más profundo. No es un sabor que acaba su viaje en la lengua, sino que viaja cuerpo adentro, baja por el esófago lentamente, y acaba en el estómago, anudándose en él, y negándose a emigrar a ningún otro sitio. Al fin y al cabo, es un sabor hermano al del miedo...
Además es un sabor metálico. Recuerdo bien cuando sufrí anemia de pequeño...y me dió por morder una de las pastillas que tenía que tomar cada día...era como morder un clavo oxidado...Así sabe la decepción.
Es un sabor del que no te libras en mucho tiempo, porque no has decidido probarlo, sino que más bien te lo han metido con calzador en la boca. Y ese privilegio no lo tiene cualquiera...sólo un número reducido de personas es capaz de defraudarte...pero algunas lo hacen de manera inconmensurable, con todo su poder y presencia, y cuanto más importante es esa persona, más intenso y duradero el sabor.
Sin duda, la peor versión de este maldito sabor es el dejado por personas que piensas que jamás podrían defraudarte. Sin embargo, estas personas son las más capaces de envenenar nuestras papilas gustativas, nuestro tracto digestivo, nuestra vida y nuestro pensamiento. Parecido a la bilis que vomitamos cuando nada más queda en el estómago.
También tiene que ver el tiempo que has perdido imaginando, cual crío iluso, que esa decepción jamás llegaría. En mi caso he perdido 7 años, 8 meses y, hasta hoy, 19 días. Todo este tiempo, tirado a la basura. Todo este tiempo, creyendo en algo o en alguien que realmente no existía, o que si existía, lamentablemente, falleció hace bastante tiempo. Además, suele ocurrir que cuando deciden decepcionarte, lo hacen de la manera más lamentable, rastrera y dañina que pueden imaginar.
¿Algo positivo? Pues que por fín cayeron las máscaras, y que cada cual se mostró tal y como es...y que quizá el tiempo devuelva a cada uno lo que sembró...quizá, o quizá no...Al menos queda el consuelo de haber hecho lo debido a su debido tiempo, y sobre todo, queda la satisfacción de, al final, haber recibido, con el tiempo, el premio de la razón.
Solo espero que "cada palo aguante su vela", como alguien me recordaba hace poco, y que si queda algo de conciencia, discernimiento de lo que está bien y lo que no, de lo que honra a una persona y le hace mejor y de lo que no, en sus mentes o en sus corazones, algún día reciban la factura de lo que hicieron, y su particular Pepito Grillo les remueva el alma y descubran lo ruin de sus actos y el daño que causaron con ellos.
No acabaré esta parrafada sin agradecer los tragos dulces que me habéis brindado todos aquellos que mostrásteis tener algo de sensatez y honradez, y que de una manera o de otra, me servistéis de muletas en todo este tiempo que he andado cojo. Ahora me toca correr a mí, pero siempre tendréis hueco en mi corazón, gracias desde lo más profundo del alma.
Amigo, creo que este si es "the end", absolutamente...
De sabios es reflexionar...
Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien
jueves, 4 de noviembre de 2010
Sabor a óxido
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Sobre mí y el mundo
jueves, 21 de octubre de 2010
Campo de la Estrella
![]() |
| Rúa do Vilar, Santiago de Compostela. |
Entre sombras y lluvias, bajo tus soportales,
se besan dos chiquillos, un par de colegiales,
mientras voy paseando por la Rúa do Vilar,
estas calles mojadas jamás las he de olvidar…
Esa mágica noche, escuchando a la tuna,
pelando con ellos por alguna tontuna,
mi guitarra compite con su alegre cantar,
esa plaza mojada jamás la he de olvidar…
Y aun recuerdo con fuerza cuando te conocí,
y corría alocado después de recorrer,
aquel largo camino y llegar hasta ti,
y postrarme en tumba, y dejarme caer…
Aun recuerdo aquel túnel , y el gaitero que allí,
regalaba sus notas al peregrino aquel
que llegaba a su encuentro, todo lo que viví,
aquel largo camino que sólo hice por Él…
Donde acaba el camino, allí te he de encontrar,
donde unen sus pasos, nuestros pies al llegar,
hasta tu nombre es bello, Campus Stellae
el campo de la estrella, que desde el cielo cae…
Tus piedras guardan vida, y hasta para el que no cree,
recorre tus rincones, y despierta su fe,
al olor del incienso deja su alma volar,
junto al botafumeiro quizá pueda encontrar…
Entre gotas de lluvia yo te ví amanecer,
aquellas nubes grises que no dejaban ver
un cielo soleado y quizá distraer,
mis sentidos, mi alma, y llegar a perder,
el tesoro que encierras, entre plata y metal,
el secreto que guardas, si es verdad me da igual,
yo se bien lo que siento cuando vuelvo a ti,
y aunque nadie me entienda, se bien lo que viví,
entre aquellas columnas, delante de tu altar,
me sentía pequeño, me sentía volar,
me sentía seguro, al calor de tu hogar,
me sentía querido, deseando abrazar,
a cualquier peregrino, sentado junto a mí,
a cualquier pequeñajo que pase por allí,
y mostrarle cariño, y dejarme llevar,
olvidar todo el odio y empeñarme en amar…
Donde acaba el camino, allí te he de encontrar,
donde unen sus pasos, nuestros pies al llegar,
hasta tu nombre es bello, Campus Stellae
el campo de la estrella, que desde el cielo cae…
Tus piedras guardan vida, y hasta para el que no cree,
recorre tus rincones, y despierta su fe,
al olor del incienso deja su alma volar,
junto al botafumeiro quizá pueda encontrar…
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Mis canciones
miércoles, 20 de octubre de 2010
Gracias vieja...como dijo aquel genio
Porque me haces subir a lo más alto...y bajar a lo más hondo, porque me llenas de felicidad...o haces que supure rabia por cada poro, porque jamás me dejas indiferente, porque me resulta imposible describir con precisión cada una de las sensaciones que me produces, porque consigues que durante algo más de noventa minutos olvide el resto de lo que me rodea, porque representas todos los valores que merecen la pena, aunque algunos te consideren sólo un sucio negocio, porque eres capaz de unir tantas almas en su sólo sentimiento, porque elevas el deporte a la categoría de arte, porque me acompañaste en mi infancia, crecí contigo en la adolescencia, y no me abandonarás en la vejez...
Por todos y cada uno de los momentos que he pasado contigo, por la felicidad que me has permitido ofrecer a los que quiero en algunos momentos, porque...has unido a España (eso es poco menos que un milagro)...y porque has tenido al mejor hijo que ningún padre pueda soñar...ese al que llamán Real Madrid...
¡¡¡¡¡¡GRACIAS FÚTBOL!!!!!!
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Sobre mí y el mundo
lunes, 27 de septiembre de 2010
Amor de nicotina
A ver cómo te cuento esto,
sin hacerte demasiado mal,
cuando tú siempre has estado dispuesto,
ahora te tratan como a un simple ilegal.
Pero lo siento, ya no puedo permitirlo,
no ha de pasar ni un solo día más,
esto se acaba, tendremos que admitirlo,
me voy, te dejo, no volveré jamás…
Y me convenzo, trato de repetirlo,
pero no puedo, si lo he intentado ya,
más de mi veces, y nunca conseguirlo,
has de marcharte, para no regresar,
y aunque me cueste, te tengo que dejar,
lo siento, cielo, no me vuelvas a llamar.
Llámame falso, escúpeme en la cara,
no tengo arreglo,¡ si es que te tengo aquí,
mientras escribo estos ingratos versos,
yo no te suelto, te tengo junto a mí!
Tantas historias hemos vivido,
estando juntos, de ti he aprendido,
junto a tu aroma, yo he crecido,
he sido alegre…y me entristecido.
Gracias cariño, siempre recordaré,
aquellas noches en las que te utilicé,
para calmarme y dormir la soledad,
para olvidarme y en tu sabor ahogar,
toda mi angustia, todo mi malestar,
y si no estabas…te buscaba en el bar.
Pero no niegues que yo también te amé,
y hasta mis labios recuerdan lo que fue,
aquellos besos que me quisiste dar,
nunca te dije que te fuera a olvidar,
y compartimos los mejores momentos,
un fin de año, un funeral, un casamiento,
junto a mi pecho siempre ibas tú conmigo,
en el verano, o dentro de mi abrigo,
y con los años tu podrás presumir,
que nunca nadie pudo jamás llegar,
tan dentro mía, y en mi pecho sentir,
tu dura huella, tu olor al respirar…
Bueno, amor mío, te voy dejando,
que mis dineros, me estás costando,
y aun no te has ido, y estoy llorando,
te echo de menos, no sabes cuánto.
Pero algún día me alegraré
de este momento, y olvidaré,
todo aquel tiempo que te necesitaba,
aquellos años de tos en la mañana,
aquellos años de humo en las paredes,
y el cenicero…quédatelo si quieres…
Esta canción se la dedico al mayor amor que he tenido en la vida...el tabaco, y me despido de él, se que dentro de muy poco nuestra relación se acabará, pero dicen que de bien nacido es ser agradecido, y esta canción es mi peculiar forma de darle las gracias por haber estado conmigo siempre, en los momentos más duros y en los más felices, aunque a veces me traicionaba y desaparecia, y tenía que ir a comprarle de nuevo al bar más cercano.
Adios, amigo mío.
sin hacerte demasiado mal,
cuando tú siempre has estado dispuesto,
ahora te tratan como a un simple ilegal.
Pero lo siento, ya no puedo permitirlo,
no ha de pasar ni un solo día más,
esto se acaba, tendremos que admitirlo,
me voy, te dejo, no volveré jamás…
Y me convenzo, trato de repetirlo,
pero no puedo, si lo he intentado ya,
más de mi veces, y nunca conseguirlo,
has de marcharte, para no regresar,
y aunque me cueste, te tengo que dejar,
lo siento, cielo, no me vuelvas a llamar.
Llámame falso, escúpeme en la cara,
no tengo arreglo,¡ si es que te tengo aquí,
mientras escribo estos ingratos versos,
yo no te suelto, te tengo junto a mí!
Tantas historias hemos vivido,
estando juntos, de ti he aprendido,
junto a tu aroma, yo he crecido,
he sido alegre…y me entristecido.
Gracias cariño, siempre recordaré,
aquellas noches en las que te utilicé,
para calmarme y dormir la soledad,
para olvidarme y en tu sabor ahogar,
toda mi angustia, todo mi malestar,
y si no estabas…te buscaba en el bar.
Pero no niegues que yo también te amé,
y hasta mis labios recuerdan lo que fue,
aquellos besos que me quisiste dar,
nunca te dije que te fuera a olvidar,
y compartimos los mejores momentos,
un fin de año, un funeral, un casamiento,
junto a mi pecho siempre ibas tú conmigo,
en el verano, o dentro de mi abrigo,
y con los años tu podrás presumir,
que nunca nadie pudo jamás llegar,
tan dentro mía, y en mi pecho sentir,
tu dura huella, tu olor al respirar…
Bueno, amor mío, te voy dejando,
que mis dineros, me estás costando,
y aun no te has ido, y estoy llorando,
te echo de menos, no sabes cuánto.
Pero algún día me alegraré
de este momento, y olvidaré,
todo aquel tiempo que te necesitaba,
aquellos años de tos en la mañana,
aquellos años de humo en las paredes,
y el cenicero…quédatelo si quieres…
Esta canción se la dedico al mayor amor que he tenido en la vida...el tabaco, y me despido de él, se que dentro de muy poco nuestra relación se acabará, pero dicen que de bien nacido es ser agradecido, y esta canción es mi peculiar forma de darle las gracias por haber estado conmigo siempre, en los momentos más duros y en los más felices, aunque a veces me traicionaba y desaparecia, y tenía que ir a comprarle de nuevo al bar más cercano.
Adios, amigo mío.
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Mis canciones
lunes, 20 de septiembre de 2010
La Plaza de San Nicolás
![]() |
| Plaza de San Nicolás, Granada |
Y no se muy bien por qué,
te recuerdo en esta noche,
y no se muy bien por qué,
estoy lleno de reproches,
aunque miento si no digo,
que en tus muros fui feliz,
aunque miento si no digo,
que quiero regresar a ti.
Tan pequeñita, allí escondida,
en aquel barrio tan peculiar,
lugar de duende, rincón de arte,
lugar perfecto para soñar,
junto a la Alhambra, cuento viviente,
escucho a aquel gitano cantar,
miré a la luna, miré a sus ojos,
era cuanto podía desear.
Los dos subimos, poquito a poco,
los escalones de aquel lugar,
el Sacromonte, lugar distinto,
lleno de cuevas donde enterrar,
lo que ahora queda de aquellos días,
recuerdos vivos, que han de quemar,
aquellos días, Sierra Nevada,
último puerto donde atracar.
Preciosa plaza, junto a mi pecho,
toda mi vida te he de llevar,
en ti vivimos aquellos ratos,
últimos besos que disfrutar,
y yo te juro que algún buen día,
con mi guitarra he de regresar,
a recordarte aquellos momentos,
y junto a la Alhambra poder cantar.
Bueno pequeña, ya me despido,
dentro de un tiempo yo te iré a ver,
sólo que solo, no acompañado,
las cosas ya no son igual que ayer,
te contaré junto a mis acordes,
que aquella que iba junto a mí,
dejo su amor en aquellas calles,
quiso volar y yo la perdí.
Dale recuerdos a aquel proscrito,
que junto al río se ha de arrastrar,
aquel paseo, sitio maldito,
que mi destino a él quiso amarrar,
y aunque he luchado a brazo partido,
él lleva todas las de ganar,
¿no le conoces, tan presumido?,
Yo te lo muestro, tu has de escuchar.
Que junto al río, al pie de la Alhambra,
en el Albaicín tengo mi lugar,
tengo una calle, lleva mi nombre,
y el de tantos que han de soñar,
con lo pasado, lo que tuvieron,
lo que ahora aprenden a valorar,
es el Paseo de los Tristes,
bonito nombre para olvidar.
Bueno plazuela, lugar de ensueño,
cuida del barrio y del mirador,
gracias por todo lo que he vivido,
junto a tus calles y tu calor,
dale por mí gracias a Granada,
que ella te guarda en su interior,
muy pronto volveremos a vernos,
vuelve a mis sueños junto a su amor.
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domingo, 19 de septiembre de 2010
Cortadme la cabeza
Esta canción es una despedida. Una despedida que sé que todavía no puedo afrontar, pero que sin duda tengo que hacer realidad, más tarde o más temprano. Una despedida de todo aquello que viví, que sentí, que siento y que, no se durante cuanto tiempo más, sentiré. A veces queremos probar nuestras fuerzas, pensando que somos más fuertes de lo que realmente somos. Qué fácil es equivocarse, y qué duro es besar de nuevo el suelo. Desandar lo andado, desaprender lo aprendido, para poder volver a andar, para poder seguir aprendiendo.
Cuando el humo se va, todo queda vacío,
y la noche ha pasado, pero me encuentro perdido,
mis pulmones recuerdan, los dejé malheridos,
de tanto fumar, para encontrar el olvido.
Las cenizas aun arden, me creía muy fuerte,
pero he descubierto, por desgracia o por suerte,
que no soy ese tipo tan seguro y extraño,
que aun la sigo buscando, a costa de hacerme daño.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar…
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
Entre vino y caladas, busqué un oasis tranquilo,
donde poder descansar, donde enterrar mis sentidos,
pero regresas tan bella, tan normal y perfecta,
y otra vez a soplar, queriendo apagar la mecha.
Son tantas las virtudes, y tan pocos los vicios,
¿cómo podré olvidarte, sin sacarme de quicio?
Y es que hoy he vuelto a verte, y casi sin querer,
queriendo no quererte, he vuelto a caer.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
Y supongo que ahora, tendré que volver a empezar,
desandar lo caminado, y buscar otro lugar,
donde esconderme del fuego, donde esconderme de ti,
porque he luchado y no puedo, porque contigo aprendí,
y ahora tengo que intentarlo, tengo que desaprender,
pero contigo a mi lado, me siento incapaz de ver,
no volveré a la refriega, volví a aprender la lección,
no mediré más mis fuerzas, las guardaré en un cajón,
porque ahora he visto, con miedo, que conté mal al pesar,
creyendo que me sobraban, no tengo ni pa´ empezar,
y entre humo y tragos de whisky, no puedo esconderme más,
tengo que andar mi camino, me tengo que levantar.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
De todas formas te envidio, porque lograste dejar,
esas huellas imborrables, siempre me acompañarán,
yo acaso dejé unos hilos, algunos trazos sin más,
que sin demasiado esfuerzo, pronto se te olvidarán.
Adiós, mi vida, mi niña, no quiero pero es que ya,
debo elegir mi camino, y es que no puedo luchar,
por ignorar lo que siento, siempre que te vuelvo a ver,
mejor no verte, lo siento, quiero dejar de perder.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
Cuando el humo se va, todo queda vacío,
y la noche ha pasado, pero me encuentro perdido,
mis pulmones recuerdan, los dejé malheridos,
de tanto fumar, para encontrar el olvido.
Las cenizas aun arden, me creía muy fuerte,
pero he descubierto, por desgracia o por suerte,
que no soy ese tipo tan seguro y extraño,
que aun la sigo buscando, a costa de hacerme daño.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar…
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
Entre vino y caladas, busqué un oasis tranquilo,
donde poder descansar, donde enterrar mis sentidos,
pero regresas tan bella, tan normal y perfecta,
y otra vez a soplar, queriendo apagar la mecha.
Son tantas las virtudes, y tan pocos los vicios,
¿cómo podré olvidarte, sin sacarme de quicio?
Y es que hoy he vuelto a verte, y casi sin querer,
queriendo no quererte, he vuelto a caer.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
Y supongo que ahora, tendré que volver a empezar,
desandar lo caminado, y buscar otro lugar,
donde esconderme del fuego, donde esconderme de ti,
porque he luchado y no puedo, porque contigo aprendí,
y ahora tengo que intentarlo, tengo que desaprender,
pero contigo a mi lado, me siento incapaz de ver,
no volveré a la refriega, volví a aprender la lección,
no mediré más mis fuerzas, las guardaré en un cajón,
porque ahora he visto, con miedo, que conté mal al pesar,
creyendo que me sobraban, no tengo ni pa´ empezar,
y entre humo y tragos de whisky, no puedo esconderme más,
tengo que andar mi camino, me tengo que levantar.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
De todas formas te envidio, porque lograste dejar,
esas huellas imborrables, siempre me acompañarán,
yo acaso dejé unos hilos, algunos trazos sin más,
que sin demasiado esfuerzo, pronto se te olvidarán.
Adiós, mi vida, mi niña, no quiero pero es que ya,
debo elegir mi camino, y es que no puedo luchar,
por ignorar lo que siento, siempre que te vuelvo a ver,
mejor no verte, lo siento, quiero dejar de perder.
Cortadme la cabeza, no quiero recordar,
quiero tirar pa´lante, quiero desconectar,
de este puto pasado, que no me deja andar,
quiero seguir viviendo, sin tener que fumar.
Pero es que tanto pesa, tantos años vividos,
tanta lágrima seca, tantas horas dormido,
perdiéndome en el sueño, en el que aun no te has ido,
y otra vez despertar, afrontar lo sucedido.
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jueves, 2 de septiembre de 2010
The end...again
Era Septiembre. Primero de Septiembre. Aun yacía caliente el cadáver de Agosto. Sin embargo, el tiempo, que no entiende de treguas ni cambios paulatinos, anunciaba la llegada prematura del otoño, que llegaba casi sin avisar, sin llamar a la puerta, con un día cerrado a cal y canto por el gris perla de un cielo a punto de derrumbarse a cada minuto, aunque, con aires bromistas, sólo abría el grifo en el momento preciso en el que tienes que salir a la calle a solventar cualquier banal recado, como comprar una barra de pan o tirar la basura a la vuelta de la esquina, para, al volver a casa, tener que observar desde la ventana como la lluvia incesante que te ha obligado a sacar a pasear el paraguas cesa sin motivo alguno, y sospechas que alguien ahí arriba se está riendo de ti.
Como decía, era Septiembre, y el día era tormentoso. Tormentoso en todos los sentidos. La noche anterior, como ya se estaba convirtiendo en costumbre, se alargó hasta horas innecesarias e indecentes, motivada por una burda película, una burda conversación o simplemente por la esquivez de ese tal Morfeo, que no hace buenas migas con la incesante actividad estéril que bulle en mi cabeza la mayoría de las noches. Por tanto, ese primero de Septiembre despertó para mí mucho más tarde que para el resto de los mortales que saben como aprovechar su tiempo. Mirando el reloj, entre legañas, bostezos y el olor del último cigarro mal apagado en el cenicero la noche anterior, atisbé a divisar la aguja más alta señalando la una. Del mediodía, supuse. El olor a comida que llegaba de la cocina resolvió mi desfase horario.
Tormentoso decía, porque comenzaba la jornada entre truenos y lluvias, y porque, muy cansinamente, me disponía a recorrer otro día insulso y poco motivador, que hacía del camino que separa mi cama del aseo un camino interminable. Como si de un robot se tratase, me dispuse a seguir las rutinas diarias de rigor, no faltando a ninguna, y no prestando atención a ninguna de ellas: los buenos días de rigor, la mirada por la ventana "matinal" (si es decente llamar matinal a la una de la tarde), el vistazo a la olla que hervía en el fuego con mi comida reconvertida en desayuno, y el camino a mi destino definitivo de tantos y tantos días, el ordenador.
Por no cansarte, querido lector, con mi anodino día, sólo diré que la tarde transcurrió entre películas, humo de cigarros, miradas aburridas por la ventana y partidas poco motivadoras con la videoconsola.
Sin embargo, también como cada día, se acercaba el momento.
El final del día, el instante en el cual una pequeña chispa daba sentido a toda la molicie de la jornada transcurrida. Una llamada, y mi viejo amigo me recogería en la puerta de casa, como si de ese salvador que viene a liberarte de la cárcel se tratase.
¿Para llevarme a dónde? A ese pequeño paraíso que sólo los más pequeños saben construir para que los que nos pensamos mayores podamos disfrutar de él. Y pensar que somos nosotros los que cuidamos de ellos...cuán ilusos somos...
Un rato de juego, una cena reconvertida en peleas, amenazas divertidas, risas y bromas. Un hasta mañana mal pronunciado desde los brazos de ese viejo amigo.
Y una petición.
Quería un beso de "Tote" antes de irse a dormir.
Tan sólo un segundo, tan sólo una chispa de sol en ese día de tormenta.
Y el día terminó, otra vez.
Y sin darme cuenta, el verano también terminaba, otra vez.
Pero era feliz, durante ese pequeño instante y el periodo de tiempo que dura la estela de una estrella fugaz en el cielo, era feliz.
Gracias, pequeño.
Como decía, era Septiembre, y el día era tormentoso. Tormentoso en todos los sentidos. La noche anterior, como ya se estaba convirtiendo en costumbre, se alargó hasta horas innecesarias e indecentes, motivada por una burda película, una burda conversación o simplemente por la esquivez de ese tal Morfeo, que no hace buenas migas con la incesante actividad estéril que bulle en mi cabeza la mayoría de las noches. Por tanto, ese primero de Septiembre despertó para mí mucho más tarde que para el resto de los mortales que saben como aprovechar su tiempo. Mirando el reloj, entre legañas, bostezos y el olor del último cigarro mal apagado en el cenicero la noche anterior, atisbé a divisar la aguja más alta señalando la una. Del mediodía, supuse. El olor a comida que llegaba de la cocina resolvió mi desfase horario.
Tormentoso decía, porque comenzaba la jornada entre truenos y lluvias, y porque, muy cansinamente, me disponía a recorrer otro día insulso y poco motivador, que hacía del camino que separa mi cama del aseo un camino interminable. Como si de un robot se tratase, me dispuse a seguir las rutinas diarias de rigor, no faltando a ninguna, y no prestando atención a ninguna de ellas: los buenos días de rigor, la mirada por la ventana "matinal" (si es decente llamar matinal a la una de la tarde), el vistazo a la olla que hervía en el fuego con mi comida reconvertida en desayuno, y el camino a mi destino definitivo de tantos y tantos días, el ordenador.
Por no cansarte, querido lector, con mi anodino día, sólo diré que la tarde transcurrió entre películas, humo de cigarros, miradas aburridas por la ventana y partidas poco motivadoras con la videoconsola.
Sin embargo, también como cada día, se acercaba el momento.
El final del día, el instante en el cual una pequeña chispa daba sentido a toda la molicie de la jornada transcurrida. Una llamada, y mi viejo amigo me recogería en la puerta de casa, como si de ese salvador que viene a liberarte de la cárcel se tratase.
¿Para llevarme a dónde? A ese pequeño paraíso que sólo los más pequeños saben construir para que los que nos pensamos mayores podamos disfrutar de él. Y pensar que somos nosotros los que cuidamos de ellos...cuán ilusos somos...
Un rato de juego, una cena reconvertida en peleas, amenazas divertidas, risas y bromas. Un hasta mañana mal pronunciado desde los brazos de ese viejo amigo.
Y una petición.
Quería un beso de "Tote" antes de irse a dormir.
Tan sólo un segundo, tan sólo una chispa de sol en ese día de tormenta.
Y el día terminó, otra vez.
Y sin darme cuenta, el verano también terminaba, otra vez.
Pero era feliz, durante ese pequeño instante y el periodo de tiempo que dura la estela de una estrella fugaz en el cielo, era feliz.
Gracias, pequeño.
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