El día comenzó temprano. Una preciosa vista, sólo intuida ayer en la oscuridad, desde la ventana de la habitación, ha sido el anuncio de lo que estaba por venir. Tras un desayuno contundente, compuesto de zumo, huevos revueltos y bacon, para compensar la dieta obligada de ayer, hemos comenzado nuestro tour alrededor de esta maravilla que llaman Skye. La primera parada, a medio camino de la capital isleña, ha sido en un viejo puente, de aire medieval, situado en las barbas de las Red Cuillin, cadena montañosa que divide la isla en norte y sur. Las vistas...una vez más, difícil explicarlo con estas pobres letras. Continuando la ruta, hemos llegado a Portree, la ciudad, bueno, mejor dicho el pueblo, que hace las veces de capital en esta isla. Entre tan abrumante naturaleza, resulta complicado apreciar las virtudes de cualquier construcción humana, pero cabe destacar el innegable encanto del puerto, flanqueado por las casas coloreadas de los pescadores locales. Dejando atrás Portree, nos hemos acercado al Old Man of Storr, una impresionante formación rocosa que saluda al viajero desde las alturas, en nuestro camino hacia nuestra siguiente parada, Kilt Rock. En este punto, el loch escocés se funde con el Atlántico Norte en un espectacular salto hacia el vacío, en forma de preciosa cascada. Desde Kilt Rock hemos tomado un estrecho camino dirección a Uig, para a mitad de camino poder admirar una de las estampas más bellas de la isla, en lo alto de una de las miles de alturas que dominan todo el territorio. Desde aquí, ruta directa, por carreteras impracticables, cuyas dueñas, sin ningún genero de dudas, son las ovejas, a las que hay que ceder el paso quieras o no, hasta Nest Point. Este lugar sí que es imposible describirlo por escrito (aunque lo intentaré). Cabo situado al noroeste de la isla, desde aquí puedes mirar en cualquier dirección, dará igual, la naturaleza te sobrecogerá de igual modo. Hacia el sur, majestuosas montañas que mueren directamente en el mar. Al oeste y al norte, las Hébridas exteriores se recortan en el horizonte. Al este, los pastos donde pacen las ovejas escocesas, cuya tranquilidad sólo es perturbada por algún que otro turista atrevido que decide llegar hasta este remoto lugar. Lugar perfecto para reponer fuerzas y seguir en busca de nuestro premio final. En Carbost, al oeste de Skye, encontramos la Talisker Distillery. El oro líquido escocés, whisky, por supuesto, nace en este lugar de manera distinta. Lamentablemente no hemos podido catarlo en la propia destilería, por lo que hemos retornado hasta nuestro punto de partida, desde donde escribo estas palabras.
Pero como mi buen amigo Oskar me apunta, en su aportación diaria a este cuaderno de viaje, en Escocia las mejores cosas se ven de día, y las mejores cosas se viven de noche. Saucy Mary's Lodge, mitad hotel, mitad pub, nos ha ofrecido esta noche un magnífico encuentro con otros dos viajeros en mitad de su propia aventura, que hoy se cruzó con la nuestra. Entre cervezas de la isla y whisky de la tierra, hemos conversado con un simpático holandés errante de 26 años, y su genial amigo escocés de 65 años, sobre fútbol,viajes, idiomas y mujeres. Se conocieron en un tren procedente de Edimburgo hace 3 días, hoy nos cruzamos los 4. La vida es viajar...y cruzarse con otros viajeros, y enriquecerse con ello.
Mañana dejaremos Skye, para visitar el feudo de Nessy,quizá el lugar más famoso de Escocia.
Pero hoy, también aconsejado por mi compañero de fatigas, quiero mostrar mi admiración por estas tierras mágicas, señoriales. Highlands de altas montañas, ríos innumerables, con espíritu puramente norteño, alejadas del ruido incesante de las tierras del sur de Escocia, de Edimburgo o Glasgow. Tierras con sabor a mar, a nieve, a humo y madera. Tierras con sabor a whisky.
Mañana, Loch Ness...
De sabios es reflexionar...
sábado, 8 de noviembre de 2014
Scottish week, day 4. Isle of Skye
viernes, 7 de noviembre de 2014
Scottish week, day 3. Stirling, Highlands, llegada a Skye.
Hoy el día comenzó gris. Por dentro y por fuera. Algo no le sentó bien a mi estómago anoche, y esta mañana decidió salir por donde entró. Y el cielo gris, más acorde a las latitudes en las que nos encontramos, no nos ha dado ni un solo respiro en todo el día. Intuyo que esto es más Escocia, más auténtico que lo visto hasta ahora.
Tras un frugal desayuno, consistente en un simple zumo, hemos recogido el coche que nos ha de llevar a través de este pequeño, pero sin embargo grandioso país. Nuestro primer destino ha sido el monumento en honor a la figura más ilustre, destacada y sin duda, gracias a un tal Mel Gibson, famosa de este país. Me refiero al National Monument of William Wallace, Bravehearth para el común de la gente.
Una torre hermosa, coronando un monte frente a la ciudad de Stirling, nos ha regalado un bonito paseo, a través del espeso bosque, hasta culminar el corto (pero algo exigente) ascenso. Tras disfrutar de las vistas sobre los campos de batalla que tan famosos se hicieron en el cine, y que dieron su justa popularidad a Wallace, venciendo por primera vez a los "invasores" ingleses. Opiniones hay a gusto del consumidor. Tras abandonar tan distinguido lugar, nos hemos encaminado al otro monte destacado de Stirling, justo frente al ya descrito. En la cima de este se sitúa el castillo de Stirling, principal torre fortificada de Escocia, por suponer el control total sobre el puente que unía el sur del país con las Highlands. Las vistas, dominadas por la imponente figura del rey escocés Robert The Bruce, hacia el monumento de Wallace, nos han hecho imaginar por un momento el miedo, y sobre todo, la conmoción y confusión que debieron sentir los ingleses atrincherados en esa fortaleza, al ser aplastados por un ejercito encabezado por el hasta entonces desconocido Wallace.
Una vez cumplida la debida visita a un lugar tan importante históricamente, hemos comenzado nuestro periplo por el corazón de la región más renombrada (y no sin razón) de toda Escocia. Hablo, por supuesto,de las Highlands, las tierras altas, que fueron cuna de los highlanders, imponentes guerreros inspiradores de innumerables relatos. No podía ser de otra manera. Esta región es difícil describrirla exclusivamente con palabras. Majestuosos picos salpican todo el horizonte, y como si los hiriesen en su cima, sangran inagotables torrentes que caen ladera abajo, brindándonos imágenes que difícilmente olvidaremos, y que nuestras cámaras no logran captar en toda su belleza. Gracias, amigo Oskar, por la comparación, te la tomo prestada.
Tras atravesar las Glen Coe mountains, hemos llegado a Fort William, pequeña ciudad que descansa entre el borde del mar (aunque sea completamente imperceptible, ya que aquí el mar se disfraza de loch) y los pies del Ben Nevis, montaña más alta de todo el Reino Unido. Tras una rápida parada para reponer fuerzas, hemos continuado la ruta, deteniéndonos brevemente en el Commando Memorial, estatua que rinde culto a los escoceses caídos en algunos cuerpos que lucharon en la II Guerra Mundial. Desde ahí hemos podido intuir, más que ver realmente, la grandiosidad del Ben Nevis sumido en la niebla.
Más adelante, Loch Garry nos ha ofrecido una bonita (sin más) vista de un típico loch escocés.
Llegando a la última parte del viaje de hoy, nos hemos topado con una de las perlas más bellas de este país, el famoso castillo de "Los Inmortales", Eilean Donan Castle. La lluvia, el anochecer, la belleza del castillo...es sin duda un lugar especial. Pero le dedicaremos más tiempo más adelante. Finalmente, tras cruzar el Skye Bridge, hemos llegado a nuestro destino, Kyleakin, puerta de la isla de Skye. La guinda del día, cuando ya agonizaba, la ha puesto el mejor relaciones públicas que puedes llevar a cualquier viaje, don Oscar "the gentleman". Tras una cena extraligera, para remendar mi maltrecho estómago, ya andaba pensando en irme a la cama rápidamente, cuando mi jovial compañero se ha enfrascado en una genial conversación con un joven lugareño, acerca de la independencia de Escocia (say Yes, say No...). Esto ha desembocado en una cata express de un típico whisky escocés, una clase interesante sobre cómo ha de tomarse, diferenciando el Single del Mixed, un curioso debate sobre el deporte nacional escocés (algo impronunciable, similar al hockey), y la idea de éstos de que el fútbol es deporte de mujeres, y una enriquecedora lección de historia escocesa, acerca de, como no podía ser de otra manera hoy, las figuras de William Wallace y Robert The Bruce, archiconocido el primero, menoscabado fuera de estas fronteras el segundo, pero ambos igual de importantes para cualquier escocés que se precie. Por supuesto, también hemos hablado del megafamoso Kilt, la falda que se ha hecho famosa en el mundo entero. Dos datos, un uniforme completo de escocés, bueno,cuesta alrededor de 2000£. Y sí, muchos llevan underwear bajo ella.
Gran día hoy, mañana veremos que nos ofrece Skye...
To be continued...
jueves, 6 de noviembre de 2014
Scottish week, day 2. Edinburgh.
Hace poco menos de una hora, a traves de la ventana del pub donde he apurado los últimos tragos de mi pinta, veía fuegos artificiales en el cielo escocés.
Tal día como hoy,hace ya unos cuantos años, un tal Guy Fawkes quiso volar por los aires el parlamento inglés, le pillaron y le mataron. V de Vendetta, quizá les suene.
Y sí,contemplo extrañado como esta ciudad, otrora (o no tanto, si miramos al referéndum de hace 2 meses...) bastión de constantes luchas independentistas contra el imperio inglés, festeja fiesta tan británica.
Y después de esta reseña histórica, entramos en el día propiamente dicho. Amaneció brillante, con un cielo azul celeste (valga la redundancia) impropio de estas tierras. Tras solventar unas pequeñas cuestiones acerca de nuestro coche de alquiler, las cuales nos facilitarán bastante la vida mañana, hemos decidido comenzar la ruta por la New Town, a través de George St., no sin antes matar el hambre en nuestro querídisimo y reverenciado Pret A Manger. Tras recorrer brevemente esta zona más ostentosa, pero paradógicamente menos vistosa que la Old Town, nos hemos internado en Princess St., atravesando sus jardines, y llegando a la estatua de Sir Walter Scott, principal escritor escocés. Aquí hemos contemplado la primera sorpresa de tantas (espero) que nos deparará este viaje. Un cementerio en miniatura, colmado de cruces, lunas, estrellas o simplemente largueros de madera, tachonados con una amapola, en recuerdo a todos los caídos escoceses en las 45 guerras que han librado. Una mezcla de emoción, confusión y sobre todo, respeto, invaden a todo el que pase por ese lugar, o así debería ser.
Después de tan intenso momento, hemos cruzado hacia la Old Town para ver el Edimburgo de verdad, de vieja piedra, de closes, catedrales y castillos, de leyendas y de historia. Tomando la Royal Mile dirección norte, nos hemos detenido en la catedral de St. Gilles, bastante normal por fuera, una preciosidad en su interior. Tras deleitar la vista, y quien quiera o pueda, el espíritu, hemos continuado camino hasta el Edinburgh Castle. Como no podía ser de otro modo, domina toda la ciudad en todas direcciones, y se alza majestuoso en lo más alto de un viejo volcán extinto. Tras rendir honores a Sir William Wallace y el rey Robert the Bruce, hemos continuado nuestro camino a traves del Grass Market, para presentar nuestros respetos a otro héroe de la ciudad, el pequeño Bobby. Este perro vivió encima de la tumba de su dueño, vigilando día tras día su descanso eterno, hasta que la Parca también le reclamó para sí. Antes de parar a repostar fuerzas, una breve visita al National Museum of Scotland nos ha acercado un poco más a la Escocia medieval.
Tras degustar un extraño plato escocés, no del todo malo, tampoco del todo bueno (haggis le llaman, mezcla de pulmones, hígado y corazón de cordero), hemos retomado la Royal Mile direccion sur, hacia Holyrood, residencia oficial de la reina británica cuando decide subir al norte. Frente a este palacio, el parlamento escocés, edificio moderno y decepcionante como pocos en Edimburgo. Y tras él, los impresionantes riscos que conducen a Arthur sit.
Dejando atrás estos históricos lugares, hemos dirigido nuestros pasos, colina arriba, hasta lo más alto de Calton Hill, precioso mirador natural desde donde podemos encontrar las panorámicas más bellas de la ciudad. El sol ha puesto mucho de su parte, por qué no decirlo.
Por último, en pos de satisfacer mi lado filosófico, y mi compañero de fatigas, su insaciable lado futbolístico, hemos visitado la tumba de David Hume, en el Old Calton Cemetery, y tras un breve paseo, hemos admirado la dudosa belleza del Easter Stadium, casa del Hibernia Edinburgh, equipo de fútbol más afamado de la ciudad.
Tras esta última parada, regreso a la guarida para descansar, salida para cenar y pintear brevemente, y ahora, 0:20 horas, apagar la luz y dormir, que mañana atravesamos el corazón de las Highlands de parte a parte.
To be continued...
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Scotland Week, day 1. Llegada a Edinburgh.
00:29 horas. Central Youth Hostel, Leith Walk, Edinburgh.
Creo que este es buen lugar para inaugurar una nueva faceta de este blog tan variopinto en contenido y formas.
Comienzo este diario de viaje, primero de muchos (lástima no haber tenido esta idea anteriormente) con esta semana de ruta a través de las Highlands escocesas.
Amanecí temprano hoy, para lo habitual en mí cualquier día de asueto. Café habitual, repaso a la actualidad (lamentable) de nuestro panorama político-social, y por supuesto, enésimo repaso a las rutas y vídeos que la red ofrece acerca de Edimburgo.
Puntualmente (cosa extraña) fui recogido a las 13 horas por mi infatigable, irremplazable e inigualable compañero de fatigas, viajes y consejos de estado, para comenzar el pre-viaje rumbo a Barajas (usted me perdonará, señor Suárez...pero esto es y será Barajas...a secas). Despedidas y consejos de última hora, un par de autobuses, cafés y revistas pertinentes, y abordamos el Airbus que nos ha traído hasta la capital escocesa.
Un frío menos intenso de lo esperado, pero notable, y una ausencia de lluvia aun más notable, nos ha dado la bienvenida en el aeropuerto. Sin ninguna dificultad hemos encontrado la manera más rápida de llegar hasta el centro de la ciudad, y una vez despedidos del bus británico en Weaverly Station, hemos gestionado rápida y eficazmente nuestro check-in en el lugar donde ahora me encuentro escribiendo estas líneas.
Dejadas ya a buen recaudo las maletas, hemos dirigido nuestros pasos directos a la Royal Mile, para buscar de manera feroz un lugar donde calmar nuestra voracidad,y con algo de suerte, poder ver a nuestro Madrid, que aun desde la distancia, le seguimos allá donde vamos. Quizá la suerte, la paciencia, o por qué no decirlo, la experiencia en estas lides, nos ha llevado hasta el sitio idóneo. Pinta y cena por poco más de 7£, y el Real Madrid-Liverpool en la pantalla.
Qué mas podemos pedir.
Pues un ligero paseo por la Old Town para ir tomándo el pulso a esta legendaria ciudad, calentando motores en los alrededores de la catedral de St. Gilles, y finalizando en un precioso rincón llamado 'the Scotman'degustando un par de pintas de Ale beer escocesa.
Parece que la ruta comienza bien, mañana continuaremos...de verdad.


