Hoy amaneció MUY pronto. A las 5:50 el despertador ya estaba sonando. Ducha rápida, conexión de bus desde Edimburgo a su aeropuerto, y una muy larga espera, ya que la insistente niebla ha causado algún retraso no deseado.
Y por fin, rumbo a mi segunda casa. Rumbo a Londres.
Debido al retraso mencionado,y a aterrizar en la terminal norte de Gatwick, la llegada se ha visto postpuesta hasta las 12 de la mañana. Pero nunca es tarde para pisar Victoria Station.
Una vez realizado el check-in en el hotel, ha comenzado ese ritual, ya casi sagrado, en el cual saludamos y presentamos nuestros respetos a lo mas distinguido de esta ciudad. Cruce del Vauxhall Bridge, sede del MI6, paseo a la orilla del Támesis por Albert Embankment, y llegada a la primera y quizás más obligatoria de todas las paradas. Westminster Bridge. Las Houses of Parliament nos reciben con la magnificencia de siempre, y en su parte norte, esbelto, señorial, y más puntual que ninguno, la torre del Big Ben nos saluda y nos da la hora de una manera familiar, pero no menos espectacular. Tomamos Parliament Street, para continuar por White Hall hasta llegar al segundo punto clave, y uno de los preferidos de mi compañero de viaje. Traffalgar Square se presenta ante el viajero de manera suntuosa. Nelson, desde lo más alto de su pedestal, preside la plaza, custodiado por cuatro leones, y respaldado por la National Gallery. Seguimos nuestra ruta hasta Picadilly Circus. Uno de mis puntos favoritos. Es la metáfora de Londres hecha plaza. Lugar donde todo se compra y se vende,todo se anuncia a lo grande, convergen infinidad de calles,y de culturas, y desde dónde se puede llegar a cualquier sitio. Para mí, este es el corazón de Londres. Cumplida visita a Lilly Whites, con sus 100.000 camisetas de equipos ignotos, proseguimos paralelos a Regents Street para desembocar en Carnaby St. Calle comercial menos elitista de lo que creíamos, pero eminentemente londinense. Repostamos fuerzas en el Pret a Manger del final de la calle, ya que el día comenzó exageradamente pronto como ya comenté, y regresamos a The Mall, magestuosa avenida que une Picadilly Circus con Buckingham Palace. La lluvia nos ha acompañado incesante en esta parte del paseo. Pero al llegar a St. James Park, esa misma lluvia nos ha regalado un momento mágico en una ciudad mágica de por sí. Un precioso arcoiris surgió desde el London Eye para perderse en el cielo británico. Retomamos The Mall para llegar hasta Hyde Park a través de Green Park. Lástima no llegar un mes más tarde, para poder disfrutar de la feria navideña que hoy estaban montando. Por la orilla de The Serpentine, hemos seguido cruzando Hyde Park hasta entrar en Kensington Gardens. A la orilla de su lago, frente al Kensington Palace, hemos descansando las piernas y exprimido la mente, discutiendo acerca de ciencia y religión. Cualquier conversación entre Oskar y yo, y aunque está feo que lo diga,tiene nivel. Pero con ese marco de fondo...no tiene precio.
Desde ahí, ya con la noche acercándose, hemos puesto rumbo a Chelsea, a través del Albert Royal Hall, pasando por nuestro callejón secreto, para desembocar en Harrods. Templo del lujo, nos hemos permitido,gracias al bolsillo de mi travel partner,todo sea dicho, merendar a base de carne de búfalo curada. Una nueva experiencia que nos ofrece esta ciudad...como siempre.
Para acabar el día, visita obligada a Morphet Arms. Pinta de Youngs y de Bombardier con un conocido de Oskar, hombre afortunado que vive en esta bendita ciudad...y con muy buen nivel. Cierre perfecto a este larguísimo día, como he titulado...de reencuentro.
Tomorrow more...to be continued!!
De sabios es reflexionar...
lunes, 10 de noviembre de 2014
London week, day 1. El reencuentro.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Scottish week, day 6. St. Andrews- Edinburgh
Amanece. Desde la ventana veo el Ness river y el Inverness Castle. Creo que podría acostumbrarme a esto. Pero hoy tocaba una buena kilometrada, por lo que rápido nos ponemos en marcha. Hay que atravesar el corazón de Escocia de norte a sur, para llegar hasta nuestro primer destino, St. Andrews. Tres horas acompañados de frondosos bosques y una persistente niebla. Esto también es Escocia, pero es otra Escocia. No son las Highlands. Sin embargo, este aire alpino, estos bosques plagados de abetos y atravesados por ríos caudalosos poseen su propio encanto. Dejamos atrás ciudades importantes, como Perth o Dundee. Finalmente llegamos a St. Andrews. Se respira elitismo en cada metro cuadrado del green del Old Course, campo de golf más antiguo del mundo, y en cada piedra de los colleges de la universidad. Pero también se respira encanto. La señorialidad del Royal and Ancient Club, primer club de golf, las vistas sobre la West Sand, playa inmortalizada en la famosa "Carros de Fuego"...Todos recordamos la escena de aquellos corredores con la música de Vangelis como banda sonora. Y probablemente lo más bello y sobrecogedor de St. Andrews, su catedral. Un conjunto de ruinas enmarcado en el cementerio de la ciudad, que, como testigo mudo, habla al viajero de la grandiosidad que vistió aquel lugar, y sin embargo, de cómo el tiempo y la desidia puede con la piedra más dura,si esta no se cuida. Una enorme catedral de la que solo quedan el muro exterior del ábside y una torre de la puerta principal, junto a los cimientos y las basas de las columnas que sustentaban tal templo, y algún muro del claustro. En cualquier caso,se vislumbra la enorme belleza que en algún momento poseyó ese templo.
Finalmente, continuamos ruta hasta la capital, donde comenzó esta aventura, y donde ahora escribo estas últimas líneas...en Escocia. Porque esto es un punto y seguido. Porque mañana aterrizaré en casa...mi querida Londres.
Pero hoy, no puedo más que agradecer a esta increíble tierra escocesa por todo lo que me llevo de aquí. Por las conversaciones con los lugareños junto a una pinta o un buen whisky. Por la naturaleza grandiosa, que no da un solo respiro al viajero, y que invita a pensar que cinco sentidos son pocos para admirarla. Por las horas de coche,conversación y risas compartidas con mi compañero de viaje, no podría imaginar uno mejor.
En fin...Escocia, esta bien si te la cuentan, pero hay que vivirla.
Ahora voy a apurar mi pinta en Scotsman.
Por supuesto...to be continued!! London calling!!!
sábado, 8 de noviembre de 2014
Scottish week, day 5. Loch Ness-Inverness.
Una vez más, el día comenzó con un diluvio que amenazaba con hacer algo más dura la jornada. Pequeñas bromas que nos gasta el cielo escocés. Las predicciones se cumplieron, y un precioso cielo nos ha acompañado en nuestra jornada de hoy, sin una sola gota en el camino, permitiéndonos el lujo de obviar los abrigos y olvidarlos en el asiento trasero del coche.
Tras un más que correcto desayuno, nos hemos despedido de Skye, con tristeza por la maravilla que dejamos, pero sin mirar atrás, porque siempre tenemos la vista al frente, a lo que aun nos queda por disfrutar.
Nos hemos reencontrado de nuevo hoy con Eilean Donan Castle. A la luz del día hemos podido admirar, ahora sí, toda la magia y belleza que evoca este lugar. Es el CASTILLO, con mayúsculas. Leyenda, historia y naturaleza se unen en esta maravilla medieval.
Después hemos seguido nuestro camino, rumbo a uno de los destinos más populares de este país. No podía ser otro lugar que el Lago Ness.
Urquhart Castle ha sido nuestro punto de referencia en este lago de más de 40 km de largo.
Nessie, ese legendario monstruo de menos de 100 años de "vida", es el reclamo internacional. Pero una vez más, llegados al lugar en cuestión, comprobamos que la realidad no supera, sino que patea a la ficción.
Este castillo encierra más de mil años de historia, desde que los pictos se asentaran en una colina a la orilla del lago, hasta que varios ataques ingleses acabaran por reducir el castillo a las ruinas que hoy podemos contemplar. En fin, historia viva, que rezuma de cada húmedo poro de esas rocas milenarias.
Por supuesto, no podíamos dejar de visitar a la estrella del lugar, el famoso monstruo del lago Ness, Nessie. Circo simpático para turistas y niños, poco más. Continuando por la orilla oeste del loch, hemos llegado hasta nuestro destino de hoy, Inverness. No albergábamos demasiadas expectativas acerca de esta ciudad, capital de las Highlands.
Tanto mejor, ya que la sorpresa no ha podido ser más grata. Un agradabilísimo paseo por las orillas del Ness River, hasta las islas del sur de la ciudad, en el crepúsculo, sumidas en una exuberante naturaleza dentro de la ciudad, ha servido para enamorarnos de esta norteña ciudad escocesa. Aires de ciudad yankee, comunidad en la que todo el mundo se conoce, se respira tranquilidad y se disfruta de cada momento sin un ápice de prisa. Campos de fútbol a la orilla del río, perros que corretean felices, parejas que pasean...Difícil explicar, mejor cojan un vuelo a Edimburgo, alquilen un coche, crucen las Highlands y descubran este maravilloso rincón. Hoy acabamos el día temprano, mañana regresamos a la capital escocesa...
To be continued!
Scottish week, day 4. Isle of Skye
El día comenzó temprano. Una preciosa vista, sólo intuida ayer en la oscuridad, desde la ventana de la habitación, ha sido el anuncio de lo que estaba por venir. Tras un desayuno contundente, compuesto de zumo, huevos revueltos y bacon, para compensar la dieta obligada de ayer, hemos comenzado nuestro tour alrededor de esta maravilla que llaman Skye. La primera parada, a medio camino de la capital isleña, ha sido en un viejo puente, de aire medieval, situado en las barbas de las Red Cuillin, cadena montañosa que divide la isla en norte y sur. Las vistas...una vez más, difícil explicarlo con estas pobres letras. Continuando la ruta, hemos llegado a Portree, la ciudad, bueno, mejor dicho el pueblo, que hace las veces de capital en esta isla. Entre tan abrumante naturaleza, resulta complicado apreciar las virtudes de cualquier construcción humana, pero cabe destacar el innegable encanto del puerto, flanqueado por las casas coloreadas de los pescadores locales. Dejando atrás Portree, nos hemos acercado al Old Man of Storr, una impresionante formación rocosa que saluda al viajero desde las alturas, en nuestro camino hacia nuestra siguiente parada, Kilt Rock. En este punto, el loch escocés se funde con el Atlántico Norte en un espectacular salto hacia el vacío, en forma de preciosa cascada. Desde Kilt Rock hemos tomado un estrecho camino dirección a Uig, para a mitad de camino poder admirar una de las estampas más bellas de la isla, en lo alto de una de las miles de alturas que dominan todo el territorio. Desde aquí, ruta directa, por carreteras impracticables, cuyas dueñas, sin ningún genero de dudas, son las ovejas, a las que hay que ceder el paso quieras o no, hasta Nest Point. Este lugar sí que es imposible describirlo por escrito (aunque lo intentaré). Cabo situado al noroeste de la isla, desde aquí puedes mirar en cualquier dirección, dará igual, la naturaleza te sobrecogerá de igual modo. Hacia el sur, majestuosas montañas que mueren directamente en el mar. Al oeste y al norte, las Hébridas exteriores se recortan en el horizonte. Al este, los pastos donde pacen las ovejas escocesas, cuya tranquilidad sólo es perturbada por algún que otro turista atrevido que decide llegar hasta este remoto lugar. Lugar perfecto para reponer fuerzas y seguir en busca de nuestro premio final. En Carbost, al oeste de Skye, encontramos la Talisker Distillery. El oro líquido escocés, whisky, por supuesto, nace en este lugar de manera distinta. Lamentablemente no hemos podido catarlo en la propia destilería, por lo que hemos retornado hasta nuestro punto de partida, desde donde escribo estas palabras.
Pero como mi buen amigo Oskar me apunta, en su aportación diaria a este cuaderno de viaje, en Escocia las mejores cosas se ven de día, y las mejores cosas se viven de noche. Saucy Mary's Lodge, mitad hotel, mitad pub, nos ha ofrecido esta noche un magnífico encuentro con otros dos viajeros en mitad de su propia aventura, que hoy se cruzó con la nuestra. Entre cervezas de la isla y whisky de la tierra, hemos conversado con un simpático holandés errante de 26 años, y su genial amigo escocés de 65 años, sobre fútbol,viajes, idiomas y mujeres. Se conocieron en un tren procedente de Edimburgo hace 3 días, hoy nos cruzamos los 4. La vida es viajar...y cruzarse con otros viajeros, y enriquecerse con ello.
Mañana dejaremos Skye, para visitar el feudo de Nessy,quizá el lugar más famoso de Escocia.
Pero hoy, también aconsejado por mi compañero de fatigas, quiero mostrar mi admiración por estas tierras mágicas, señoriales. Highlands de altas montañas, ríos innumerables, con espíritu puramente norteño, alejadas del ruido incesante de las tierras del sur de Escocia, de Edimburgo o Glasgow. Tierras con sabor a mar, a nieve, a humo y madera. Tierras con sabor a whisky.
Mañana, Loch Ness...
viernes, 7 de noviembre de 2014
Scottish week, day 3. Stirling, Highlands, llegada a Skye.
Hoy el día comenzó gris. Por dentro y por fuera. Algo no le sentó bien a mi estómago anoche, y esta mañana decidió salir por donde entró. Y el cielo gris, más acorde a las latitudes en las que nos encontramos, no nos ha dado ni un solo respiro en todo el día. Intuyo que esto es más Escocia, más auténtico que lo visto hasta ahora.
Tras un frugal desayuno, consistente en un simple zumo, hemos recogido el coche que nos ha de llevar a través de este pequeño, pero sin embargo grandioso país. Nuestro primer destino ha sido el monumento en honor a la figura más ilustre, destacada y sin duda, gracias a un tal Mel Gibson, famosa de este país. Me refiero al National Monument of William Wallace, Bravehearth para el común de la gente.
Una torre hermosa, coronando un monte frente a la ciudad de Stirling, nos ha regalado un bonito paseo, a través del espeso bosque, hasta culminar el corto (pero algo exigente) ascenso. Tras disfrutar de las vistas sobre los campos de batalla que tan famosos se hicieron en el cine, y que dieron su justa popularidad a Wallace, venciendo por primera vez a los "invasores" ingleses. Opiniones hay a gusto del consumidor. Tras abandonar tan distinguido lugar, nos hemos encaminado al otro monte destacado de Stirling, justo frente al ya descrito. En la cima de este se sitúa el castillo de Stirling, principal torre fortificada de Escocia, por suponer el control total sobre el puente que unía el sur del país con las Highlands. Las vistas, dominadas por la imponente figura del rey escocés Robert The Bruce, hacia el monumento de Wallace, nos han hecho imaginar por un momento el miedo, y sobre todo, la conmoción y confusión que debieron sentir los ingleses atrincherados en esa fortaleza, al ser aplastados por un ejercito encabezado por el hasta entonces desconocido Wallace.
Una vez cumplida la debida visita a un lugar tan importante históricamente, hemos comenzado nuestro periplo por el corazón de la región más renombrada (y no sin razón) de toda Escocia. Hablo, por supuesto,de las Highlands, las tierras altas, que fueron cuna de los highlanders, imponentes guerreros inspiradores de innumerables relatos. No podía ser de otra manera. Esta región es difícil describrirla exclusivamente con palabras. Majestuosos picos salpican todo el horizonte, y como si los hiriesen en su cima, sangran inagotables torrentes que caen ladera abajo, brindándonos imágenes que difícilmente olvidaremos, y que nuestras cámaras no logran captar en toda su belleza. Gracias, amigo Oskar, por la comparación, te la tomo prestada.
Tras atravesar las Glen Coe mountains, hemos llegado a Fort William, pequeña ciudad que descansa entre el borde del mar (aunque sea completamente imperceptible, ya que aquí el mar se disfraza de loch) y los pies del Ben Nevis, montaña más alta de todo el Reino Unido. Tras una rápida parada para reponer fuerzas, hemos continuado la ruta, deteniéndonos brevemente en el Commando Memorial, estatua que rinde culto a los escoceses caídos en algunos cuerpos que lucharon en la II Guerra Mundial. Desde ahí hemos podido intuir, más que ver realmente, la grandiosidad del Ben Nevis sumido en la niebla.
Más adelante, Loch Garry nos ha ofrecido una bonita (sin más) vista de un típico loch escocés.
Llegando a la última parte del viaje de hoy, nos hemos topado con una de las perlas más bellas de este país, el famoso castillo de "Los Inmortales", Eilean Donan Castle. La lluvia, el anochecer, la belleza del castillo...es sin duda un lugar especial. Pero le dedicaremos más tiempo más adelante. Finalmente, tras cruzar el Skye Bridge, hemos llegado a nuestro destino, Kyleakin, puerta de la isla de Skye. La guinda del día, cuando ya agonizaba, la ha puesto el mejor relaciones públicas que puedes llevar a cualquier viaje, don Oscar "the gentleman". Tras una cena extraligera, para remendar mi maltrecho estómago, ya andaba pensando en irme a la cama rápidamente, cuando mi jovial compañero se ha enfrascado en una genial conversación con un joven lugareño, acerca de la independencia de Escocia (say Yes, say No...). Esto ha desembocado en una cata express de un típico whisky escocés, una clase interesante sobre cómo ha de tomarse, diferenciando el Single del Mixed, un curioso debate sobre el deporte nacional escocés (algo impronunciable, similar al hockey), y la idea de éstos de que el fútbol es deporte de mujeres, y una enriquecedora lección de historia escocesa, acerca de, como no podía ser de otra manera hoy, las figuras de William Wallace y Robert The Bruce, archiconocido el primero, menoscabado fuera de estas fronteras el segundo, pero ambos igual de importantes para cualquier escocés que se precie. Por supuesto, también hemos hablado del megafamoso Kilt, la falda que se ha hecho famosa en el mundo entero. Dos datos, un uniforme completo de escocés, bueno,cuesta alrededor de 2000£. Y sí, muchos llevan underwear bajo ella.
Gran día hoy, mañana veremos que nos ofrece Skye...
To be continued...
jueves, 6 de noviembre de 2014
Scottish week, day 2. Edinburgh.
Hace poco menos de una hora, a traves de la ventana del pub donde he apurado los últimos tragos de mi pinta, veía fuegos artificiales en el cielo escocés.
Tal día como hoy,hace ya unos cuantos años, un tal Guy Fawkes quiso volar por los aires el parlamento inglés, le pillaron y le mataron. V de Vendetta, quizá les suene.
Y sí,contemplo extrañado como esta ciudad, otrora (o no tanto, si miramos al referéndum de hace 2 meses...) bastión de constantes luchas independentistas contra el imperio inglés, festeja fiesta tan británica.
Y después de esta reseña histórica, entramos en el día propiamente dicho. Amaneció brillante, con un cielo azul celeste (valga la redundancia) impropio de estas tierras. Tras solventar unas pequeñas cuestiones acerca de nuestro coche de alquiler, las cuales nos facilitarán bastante la vida mañana, hemos decidido comenzar la ruta por la New Town, a través de George St., no sin antes matar el hambre en nuestro querídisimo y reverenciado Pret A Manger. Tras recorrer brevemente esta zona más ostentosa, pero paradógicamente menos vistosa que la Old Town, nos hemos internado en Princess St., atravesando sus jardines, y llegando a la estatua de Sir Walter Scott, principal escritor escocés. Aquí hemos contemplado la primera sorpresa de tantas (espero) que nos deparará este viaje. Un cementerio en miniatura, colmado de cruces, lunas, estrellas o simplemente largueros de madera, tachonados con una amapola, en recuerdo a todos los caídos escoceses en las 45 guerras que han librado. Una mezcla de emoción, confusión y sobre todo, respeto, invaden a todo el que pase por ese lugar, o así debería ser.
Después de tan intenso momento, hemos cruzado hacia la Old Town para ver el Edimburgo de verdad, de vieja piedra, de closes, catedrales y castillos, de leyendas y de historia. Tomando la Royal Mile dirección norte, nos hemos detenido en la catedral de St. Gilles, bastante normal por fuera, una preciosidad en su interior. Tras deleitar la vista, y quien quiera o pueda, el espíritu, hemos continuado camino hasta el Edinburgh Castle. Como no podía ser de otro modo, domina toda la ciudad en todas direcciones, y se alza majestuoso en lo más alto de un viejo volcán extinto. Tras rendir honores a Sir William Wallace y el rey Robert the Bruce, hemos continuado nuestro camino a traves del Grass Market, para presentar nuestros respetos a otro héroe de la ciudad, el pequeño Bobby. Este perro vivió encima de la tumba de su dueño, vigilando día tras día su descanso eterno, hasta que la Parca también le reclamó para sí. Antes de parar a repostar fuerzas, una breve visita al National Museum of Scotland nos ha acercado un poco más a la Escocia medieval.
Tras degustar un extraño plato escocés, no del todo malo, tampoco del todo bueno (haggis le llaman, mezcla de pulmones, hígado y corazón de cordero), hemos retomado la Royal Mile direccion sur, hacia Holyrood, residencia oficial de la reina británica cuando decide subir al norte. Frente a este palacio, el parlamento escocés, edificio moderno y decepcionante como pocos en Edimburgo. Y tras él, los impresionantes riscos que conducen a Arthur sit.
Dejando atrás estos históricos lugares, hemos dirigido nuestros pasos, colina arriba, hasta lo más alto de Calton Hill, precioso mirador natural desde donde podemos encontrar las panorámicas más bellas de la ciudad. El sol ha puesto mucho de su parte, por qué no decirlo.
Por último, en pos de satisfacer mi lado filosófico, y mi compañero de fatigas, su insaciable lado futbolístico, hemos visitado la tumba de David Hume, en el Old Calton Cemetery, y tras un breve paseo, hemos admirado la dudosa belleza del Easter Stadium, casa del Hibernia Edinburgh, equipo de fútbol más afamado de la ciudad.
Tras esta última parada, regreso a la guarida para descansar, salida para cenar y pintear brevemente, y ahora, 0:20 horas, apagar la luz y dormir, que mañana atravesamos el corazón de las Highlands de parte a parte.
To be continued...
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Scotland Week, day 1. Llegada a Edinburgh.
00:29 horas. Central Youth Hostel, Leith Walk, Edinburgh.
Creo que este es buen lugar para inaugurar una nueva faceta de este blog tan variopinto en contenido y formas.
Comienzo este diario de viaje, primero de muchos (lástima no haber tenido esta idea anteriormente) con esta semana de ruta a través de las Highlands escocesas.
Amanecí temprano hoy, para lo habitual en mí cualquier día de asueto. Café habitual, repaso a la actualidad (lamentable) de nuestro panorama político-social, y por supuesto, enésimo repaso a las rutas y vídeos que la red ofrece acerca de Edimburgo.
Puntualmente (cosa extraña) fui recogido a las 13 horas por mi infatigable, irremplazable e inigualable compañero de fatigas, viajes y consejos de estado, para comenzar el pre-viaje rumbo a Barajas (usted me perdonará, señor Suárez...pero esto es y será Barajas...a secas). Despedidas y consejos de última hora, un par de autobuses, cafés y revistas pertinentes, y abordamos el Airbus que nos ha traído hasta la capital escocesa.
Un frío menos intenso de lo esperado, pero notable, y una ausencia de lluvia aun más notable, nos ha dado la bienvenida en el aeropuerto. Sin ninguna dificultad hemos encontrado la manera más rápida de llegar hasta el centro de la ciudad, y una vez despedidos del bus británico en Weaverly Station, hemos gestionado rápida y eficazmente nuestro check-in en el lugar donde ahora me encuentro escribiendo estas líneas.
Dejadas ya a buen recaudo las maletas, hemos dirigido nuestros pasos directos a la Royal Mile, para buscar de manera feroz un lugar donde calmar nuestra voracidad,y con algo de suerte, poder ver a nuestro Madrid, que aun desde la distancia, le seguimos allá donde vamos. Quizá la suerte, la paciencia, o por qué no decirlo, la experiencia en estas lides, nos ha llevado hasta el sitio idóneo. Pinta y cena por poco más de 7£, y el Real Madrid-Liverpool en la pantalla.
Qué mas podemos pedir.
Pues un ligero paseo por la Old Town para ir tomándo el pulso a esta legendaria ciudad, calentando motores en los alrededores de la catedral de St. Gilles, y finalizando en un precioso rincón llamado 'the Scotman'degustando un par de pintas de Ale beer escocesa.
Parece que la ruta comienza bien, mañana continuaremos...de verdad.