Si Dios tiene una casa en la Tierra, ha de ser esta, no me cabe duda.
Hoy comencé la andadura pronto, pero no mucho, a las 8:30 ponía rumbo Vaticano. Una hora de paseo a través de esta ciudad malvada, que intenta hacer que te detengas a cada paso para inmortalizar alguna estampa, ya sea en foto o en la retina, y he llegado a la primera parada del día, Ponte Sant' Angelo. Custodiado a cada lado por figuras de ángeles que le dan nombre, desemboca en el castillo homónimo, Castelo Sant'Angelo. Impresionante fortaleza circular, coronada por San Miguel espada en mano, impresionaría mucho más si no estuviera tan cerca de mi destino hoy. Desde el propio puente se adivina la Via della Conciliazione, y al final de ella, la Plaza de San Pedro, presidida por la Basílica del mismo apóstol. La mirada se desvía involuntariamente hacia la enorme cúpula, haciendo menos caso del debido al citado castillo. Pasos impacientes como de niño que va al parque de atracciones me han llevado hasta un nuevo país, el Vaticano. Eran las 10 de la mañana. Aun me duele la mandíbula, no he podido cerrar la boca hasta un par de horas después de haberme ido de allí. Faltan palabras para describir la grandeza, grandiosidad, espectacularidad, belleza, armonía, y así podría estar una hora, de este lugar. He hecho una media hora de cola para acceder a la basílica...y se me ha pasado en un suspiro admirando las columnatas, las estatuas, las fuentes, la fachada...¡todo! La espera también se ha hecho más amena al coincidir mi viaje con la peregrinación mundial del Pueblo Gitano al Vaticano. No, no es una broma, y adjunto la prueba http://es.radiovaticana.va/news/2015/10/22/un_gran_número_de_fieles_del_pueblo_gitano_llegan_a_roma_y_s/1181164 .
La primera atracción ha sido subir a lo alto de la cúpula. Dos opciones para superar los 551 escalones que me separaban de ella: 8 euros y ahorrarme unos 200 escalones en ascensor, 6 euros y subirlos todo a pie. La segunda, por supuesto. Dos euros más para gastar en helados. Una vez escalada esta subida infernal (pero celestial), las vistas son de las que se guardan para siempre en la memoria. Roma entera a mis pies si miraba al este, el pequeño Vaticano si volvía la vista al oeste. Sensación de vértigo, de pequeñez y a la vez de grandeza.
Descenso vertiginoso, y directo a la segunda atracción, la Basílica de San Pedro. Las dimensiones de este sitio son inabarcables. Mire donde mire, todo son detalles, arreglos, adornos y remates, y todos hechos con suma perfección. Pero hay tres obras que brillan con especial luz. La Piedad, de Miguel Ángel, en la primera capilla de la nave derecha, atrae la atención antes de dejarse ver. Es bella por sobria y por perfecta. Contrasta por tanto con el desmedido barroquismo de las otras dos luces, ambas, igual que la propia plaza, obras de Bernini. La primera es el Baldaquino, que se eleva sobre la tumba del apostol. La otra es la Cátedra de éste, en el ábside, al fondo de la basílica. Dicen que bajo todo el bronce barroco aun está la silla de madera que empleó Pedro. En cualquier caso, ambos monumentos son guindas perfectas al pastel vaticano. Tras unos pedazos de pizza al taglio, tercera atracción del día. Museos Vaticanos. Un dato para describir qué pueden encerrar estas estancias: entré a las 13:30. He salido a las 17:30. Y porque las piernas me decían que ya era suficiente. Escultura, pintura, historia, curiosidades...todo tiene cabida en este lugar. Pinturas de algunos señores como Rafael, Caravaggio, Tiziano o Leonardo da Vinci, momias del antiguo Egipto, una camiseta firmada por dios (Maradona, no se asusten) e incluso un volante de un Ferrari F1. Y la joya de la corona. La Capilla Sixtina. Lástima que esté tan masificada. El lugar respira arte e historia a partes iguales. Concilios y frescos, tanto la obra de Miguel Ángel como las elecciones papales que han tenido lugar en esa sala, hacen que me sienta en uno de los epicentros de la Historia. Cuando he salido por las puertas de los museos, he sentido esa sensación de tristeza del niño que se va del parque de atracciones. Me he ido a reposar las penas a la Plaza de San Pedro, viendo anochecer sobre la basílica, haciéndola la noche más bella si cabe.
Y regreso a Termini, a descansar, redescubriendo la ciudad sin el sol,cenando unos verdaderos tagliatelle alla carbonara en Piazza Navona (absolutamente nada que ver con los que comemos en España).
Mañana toca coger el tren, mañana no hay Roma.
Buona sera!
De sabios es reflexionar...
lunes, 26 de octubre de 2015
Roma-Firenze Oct. 2015. Día 2. Casa di Dio.
domingo, 25 de octubre de 2015
Roma-Firenze Oct. 2015. Día 1. Plazas, fuentes...Roma.
El día ha comenzado muy pronto. Aun no era tal de hecho, la noche cerrada no ha abierto hasta mitad de vuelo. Esta vez el destino es... Roma, La Ciudad Eterna.
Nada destacable del viaje, salvo decir que Ryanair se ha adelantado 20 minutos sobre la hora prevista, oh sorpresa.
Hecho el check-in de rigor en mi hotel-hostal-casa compartida, primera sorpresa, muy agradable. Pese a que el edificio se cae a pedazos, tengo una habitacion enorme, una cama enorme y un wifi más que aceptable. No pido más.
Al lío, que me lío, valga la redundancia. Hoy ha sido una jornada de toma de contacto, de sopesar al rival y ver sus carencias y sus puntos fuertes. Anticipo...el rival es potentísimo. La primera parada me ha llevado a una de las incontables obras que un genio llamado Bernini dejó en esta maravillosa ciudad. El Éxtasis de Santa Teresa (la nuestra, la de Ávila), bien puede dejar en idéntico estado al que la contempla. No he podido más que seguir los pasos de este genio hasta piazza Barberini, donde el Tritón bebe incesante sostenido por delfines. Siguiendo la Via V. Veneto, escenario que un tal Fellini inmortalizó en La Dolce Vita, he descubierto una maravilla poco conocida, o al menos no bien ponderada. Villa Borghese, pulmón verde al norte del norte romano, esconde sorpresas tales como una fiel recreacion del Globe shakesperiano...y unas vistas increíbles sobre la piazza del Poppolo y la inmensidad de cúpulas y campanarios romanos, dominados todos bajo la única de las cúpulas que, curiosamente, no es romana. San Pedro vigila cada punto de la ciudad desde más allá de la frontera vaticana.
La via del Babuino (curioso nombre, tendré que investigar el origen) me ha llevado desde la piazza del Poppolo y sus gemelas iglesias hasta la Scalinata di Spagna. Pequeña decepción, ya que está en obras (como una tercera parte de toda esta bendita ciudad), y la gente no abarrotaba sus infinitos escalones, llenándola de lo que imagino la hace especial...vida. Callejeando por via dei Condotti y Corso, admirando la Colonna de Marco Aurelio, he desembocado en la archifamosa Fontana de Trevi. Segunda pequeña decepción. Seguro que ya adivináis por qué. Está en obras, por supuesto.
Ni moneda, ni ná de ná. La fachada es sublime, eso no se puede dudar, pero si la gente hace especial Piazza Spagna, el rumor del agua hace especial Fontana di Trevi...y hoy no hubo agua. A partir de aquí, la Roma auténtica y moderna (comparada con la antigua, la de los emperadores). Callejeo hasta Piazza della Rotonda, para regatear por un selfie-stick (complemento perfecto viajando solo) y abrumarme con el Panteon de Agrippa. Enormidad, Historia (con mayúscula), Belleza y Grandiosidad. Es el edificio de la Roma antigua que mejor se conserva, y ya le contemplan 2000 años. El oculo gigantesco que se abre en la bóveda vigila incensante los ojos del Inferno que se abren en el suelo. Sublime. Y más sublime aún mi siguiente parada, Piazza Navona. Lo que fue un circo en tiempos, ahora es, a mi parecer por lo visto de momento, la plaza más bella de Roma. La fuente de los cuatro ríos (Bernini, por supuesto), la iglesia de Santa Agnes, la luz, el olor a café, el ruido del agua y la gente...lugar especial sin duda. En competencia, pero sin llegar a la altura, Campo di Fiori es otra recoleta plaza de la judería romana que acoge al viajero con espiritu italiano, dulce...pero con mucha espuma, como el Capuccino que he disfrutado en ella. Desde ahí, he cruzado el Tíber para callejear por el barrio Trastevere. Gran sorpresa del día. Calles antiguas, típicamente italianas, adornos florales en cada esquina, músicos callejeros cada 100 metros...aire bohemio y romano a la vez. Una maravilla. Para acabar el día, he vuelto a cruzar el Tiber, haciendo parada obligatoria en la turistada de turno...La Boca de la Vérita. Famosa tapa de alcantarilla de tiempos imperiales, afortunadamente no me ha mordido la mano. Pero la cola de media hora me la he chupado. Gustosamente, por qué no decirlo, también se viene a turistear como un guiri más. De ahí, paseo por lo que fue el Circo Maximo, lugar de disfrute canino actualmente, pero si dejas volar la imaginación...ver rodar las cuadrigas en él tuvo que ser sobrecogedor. Breve visita al Campidoglio y la Piazza Venezia, paseo por los foros...y último sabor agridulce del día...el Coliseo. Efectivamente. También en obras. Pero aun así...impactante, muy bello a la noche...y dejándome con muchas ganas de exprimirlo a la luz del sol. Pero eso será otro día...Hoy lo he cerrado degustando una cerveza típicamente...irlandesa (Kilkenny) gracias a la recomendación de la media parte que me falta en este viaje (te extraño amigo!!). Ahora a descansar...que mañana tengo una cita espiritual con El Jefe...¡hasta mañana!
jueves, 23 de julio de 2015
Formentera
miércoles, 24 de junio de 2015
Veinti...últimos.
domingo, 21 de junio de 2015
Azahar e incienso...deudas pagadas.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Primavera
y aun recuerdo algún detalle, quizá dos,
dos bailando como un pato en tu salón.
discutiendo sobre música y alcohol,
me ganaste alguna apuesta y varias uñas,
¿como quieres que ahora toque está canción?
21 casi ausente de color,
marzo llueve algunas veces en mi cama,
y la lluvia me recuerda tu calor.
que mañana me dirás que fue un error,
se me han roto un par de muebles aquí dentro,
y no logro desprenderme de tu olor.
y la brújula marcaba tu colchón,
y tu boca fue la más dulce locura,
el error más bello fue tu habitación.
porque tu vienes de Marte, yo de Orión,
cuentan que ya han visto mis naves ardiendo,
fue tu guerra quemando este corazón.
que la suerte me sonríe, y el olor,
de tu cuello, de tu espalda, estoy soñando...
Primavera que florece en mi balcón.
lunes, 16 de febrero de 2015
El Local
Hasta que llegaron aquellos extraños. Parecían buena gente, simpáticos, graciosos...pero poco a poco se fueron adueñando de todo el local...y no nos quedó otra opción más que marcharnos, invitados gentilmente por el dueño. Allí no había sitio para nosotros, gracias a los recién llegados.
Como decía, caminamos, recorrimos avenidas y callejuelas, preciosas e iluminadas, oscuras y poco cuidadas, y dejamos a ambos lados multitud de sitios nuevos y viejos, distintos, muy atractivos...o todo lo contrario. No entramos en ninguno. No eran de nuestro estilo.
Tras mucho andar, comenzamos a preguntarnos... ¿cuál es nuestro estilo? Nada de lo que veíamos nos gustaba, nada nos animaba a acercarnos, la calle nos parecía más atractiva, continuar andando, libres, sin rumbo fijo, a donde los pies nos llevasen.
Sin embargo, tras la esquina menos pensada, en el lugar más insospechado, lo vieron. Era un lugar llamativo...aunque no extravagante. Sin duda, era bonito, muy bonito. Y diferente. Lo que había en el interior...era una incógnita. Estaba cerrado a cal y canto, hermético tanto para entrar...como para dejar escapar a nadie.
No sabemos bien por qué, pero no lo pensamos, nos acercamos, como atraídos por la misma luz que atrapa a las polillas de manera irresistible e irremediable.
Y de manera inesperada, una puerta se abrió ante nosotros, invitándonos a pasar. Nos miramos unos a otros, atónitos. Dudamos de que se estuviesen dirigiendo a nosotros. Pero sí, así era. Obviamente, pasamos sin mirar hacia atrás.
El lugar parecía aún más bello por dentro. Todo lo que veíamos nos agradaba, nos recordaba a algo, o tenía algo que ver con nosotros...o era justamente lo contrario a nosotros. La música era muy buena, la bebida de calidad, la gente era muy divertida... Fuera como fuese, aquel sitio nos encantó.
Por supuesto, volvimos. Todas las veces que pudimos...o que nos dejaron.
Aquel sitio, a la par que bello, era muy peculiar. El lugar estaba dividido en, al menos, dos compartimentos bien separados por anchos muros y una estrecha puerta, bien custodiada por dos fieros "gorilas" de la noche. Nosotros sólo podíamos acceder al primero de estos compartimentos, el que estaba más cercano a la puerta de entrada. Intentamos entrar al segundo compartimento, pero aquellos custodios de la estrecha puerta nos dejaron claro, desde el primer momento, que aquel no era nuestro lugar, que ese día no íbamos a entrar...ni ningún otro día.
A través de unas pequeñas ventanas, de cristales ahumados, adivinábamos qué se podía esconder tras aquella puerta. Más bien intuíamos, o imaginábamos. Nada más.
Seguimos volviendo, una y otra vez. El sitio nos gustaba cada vez más...pero siempre nos íbamos a casa con una extraña sensación de que nos faltaba algo. La atracción que ejercía sobre nosotros aquel reservado cada día era mayor. Queríamos entrar a toda costa, sin embargo, teníamos miedo a que aquellos dos gigantes nos partieran la cara y nos prohibieran la entrada siquiera a aquel primer compartimento más cercano a la entrada.
A fuerza de costumbre, nos habituamos a disfrutar del local, pero siempre con el miedo de querer ir un paso más allá...de volver a intentar acceder al reservado. Unos nos decían "disfrutad de lo que podáis, y olvidaos de ese otro sitio", otros nos insistían "tenéis que atreveros, tenéis que seguir intentándolo", algunos, quizás más realistas, quizás más pesimistas, nos animaban a desistir, a buscar otros locales donde no tuviéramos vetada la entrada a ningún apartado.
Pero a nosotros nos gustaba aquel local. Desde otros sitios nos invitaban, nos animaban a entrar, nos ofrecían jugosos descuentos y atractivas ofertas. Pero aun así, no podíamos dejar de pensar en aquel lugar, que nos había cautivado desde el momento en el que lo vimos. Que nadie se equivoque. No somos tontos. Sabíamos perfectamente que aquello, en algún momento, tenía que acabar. Sin embargo...probablemente éramos una buena pandilla de cobardes. Teníamos miedo a enfrentarnos a aquellos gorilas pendencieros que nos impedían la entrada al reservado que tanto deseábamos. Pero teníamos aún más miedo a perder toda opción de volver a aquel maravilloso local, de dejar de disfrutar de lo poco (o mucho, según se mire) a lo que teníamos acceso.
El tiempo pasaba, las visitas al lugar se repetían...pero nada cambiaba.
Mil y una veces nos juntamos entre todos, para reunir fuerzas y tumbar a aquellos matones. Dos mil y una veces nos conjuramos para no volver nunca más a aquel sitio. Nunca hicimos ni una cosa, ni otra.
Y aquí estamos, sentados en este banco de este parque, cerveza en mano, reunidos mirando al cielo, pensando en que a menudo, lo que podemos hacer, lo que queremos hacer y lo que debemos hacer, suelen ser tres cosas bien distintas.
Y mientras pasa la tarde en el parque, quién sabe, lo mismo el local ha sido traspasado, alquilado, vendido a un buen comprador...o unos nuevos extraños están llegando para atreverse a lo que nosotros no...
Seguiremos pensando...o nos iremos a casa, que vienen nubes, y parece que va a llover.




