De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien

domingo, 29 de agosto de 2010

Nómadas

Añadir leyenda
Esta no es sólo una canción, es mucho más, es un ejercicio de autoestima, es un homenaje a uno mismo, es el diálogo que he mantenido conmigo mismo, encontrando en mí mismo un amigo, alguien a quien contárle todas estas cosas, alguien a quien hacerle saber que vale, y mucho, y que a pesar de sus circustancias, de su historia, de su "caminar", debe sentirse de orgulloso de lo que es y de lo que hace, y hacerle ver que aún quedan muchas más cosas que vivir juntos...





Mira compañero, que el camino no se acaba, 
mira amigo mío, yo quien más desesperaba,
puedo mirar al frente y seguir desesperando,
puedo seguir jodido, mientras sigo caminando.

Que el camino no se acaba, y aunque ya no hay vuelta atrás,
de los errores se aprende, y de las puñaladas, más.
¿Y cuántas puñaladas llevas ya en el corazón,
y aunque a veces medio loco, y perdiendo la razón,
vamos caminando sin volver la vista atrás,
vamos recorriendo nuestro camino sin más?

Poco a poco, amigo mío, encontramos el lugar,
en el que nuestra vida deseamos amarrar,
y casi sin darnos cuenta encontramos el motivo,
de ver que ese lugar es un furioso fugitivo,
que se nos escapa de las manos al pasar,
que no conseguimos nunca jamás agarrar,
que se burla de nosotros sin parar,
que se pierde en lontananza para ya no regresar…


Ese es nuestro lugar,ese es nuestro destino,
nómadas sin descansar, nuestra casa es el camino,
por amiga una guitarra, y en nuestra salita de estar,
un buen árbol centenario, donde poder reposar,
el lavabo un riachuelo,como espejo servirá,
el reflejo de la fuente,aún sin nada que mirar,
y en la noche las estrellas,y la luna alumbrarán,
nuestra modesta camita, en un parque o en el mar,
y por la mañana pronto, sonará el despertador,
ese sol incomprensivo, nos recuerda sin pudor,
que ha amanecido de nuevo,que comienza un día más,
ahora toca levantarse y volver a caminar,
nómadas en cualquier parte,nómadas sin un lugar…

Mira compañero,ya encontramos el lugar,
nuestra querida morada, nuestro casa, dulce hogar.
El lugar es cualquier parte,allá dónde quieras ir,
y cuando llegues a viejo, siempre podrás presumir,
de vivir en mil lugares,y en ninguno desistir,
de seguir buscando un sitio,y cuando nos toque morir,
diré con la cabeza bien alta,que el más grande fue mi hogar
y mi familia la gente,que encontré en mi caminar.

Y he aprendido, amigo mío,que debes desconfiar,
que cualquiera te la juega,te apuñala sin dudar,
pero eso no es lo más importante,lo importante es mucho más,
lo importante no es la herida,lo importante es no parar,
lo importante es seguir viviendo,lo importante es no dejar
de seguir siendo tú mismo,de seguir siendo capaz,
de aprender de lo vivido,de poder volver a amar,
de ser cada día más listo,de no ser nunca jamás,
el blanco de las mentiras,el idiota que atacar,
lo importante es ser más fuerte,lo importante es ser mejor,
y saber bien lo que vales,conocer bien tu valor,
y quien te cambie por otro,que se joda, el sabrá,
que ha perdido, y qué gana,solo él se lo perderá,
y seguir viviendo libre,y seguir creciendo más,
para demostrar al mundo,que no eres como los demás,
que eres un tesoro perdido,una joya por encontrar,
despreciado sin motivo,siempre buscando un lugar,
donde sentirte querido,donde quieran aceptar,
que tú puedes darlo todo,y también recuperar,
un poco de lo que has dado,aunque te lo hayan robado,
aunque lo hayas regalado,un corazón que habitar…

Poco a poco, amigo mío, encontramos el lugar,
en el que nuestra vida deseamos amarrar,
y casi sin darnos cuenta encontramos el motivo,
de ver que ese lugar es un furioso fugitivo,

que se nos escapa de las manos al pasar,
que no conseguimos nunca jamás agarrar,
que se burla de nosotros sin parar,
que se pierde en lontananza para ya no regresar…



Ese es nuestro lugar,ese es nuestro destino,
nómadas sin descansar, nuestra casa es el camino,
por amiga una guitarra, y en nuestra salita de estar,
un buen árbol centenario, donde poder reposar,
el lavabo un riachuelo,como espejo servirá,
el reflejo de la fuente,aún sin nada que mirar,
y en la noche las estrellas, y la luna alumbrarán,
nuestra modesta camita, en un parque o en el mar,
y por la mañana pronto, sonará el despertador,
ese sol incomprensivo, nos recuerda sin pudor,
que ha amanecido de nuevo, que comienza un día más,
ahora toca levantarse y volver a caminar,
nómadas en cualquier parte,nómadas sin un lugar…


Mira compañero,que al final de este camino,
nos espera algo nuevo,algo parecido al vino,
que mejora con los años,que adquiere un nuevo sentido,
y al final de lo vivido,y viviendo lo prohibido,
suerte que te he conocido,y lo que hemos compartido,
todo queda en estas letras,siempre he hecho lo debido,
he sido fiel a lo que he creido,y mira compañero,
después de todo,tan mal, al final, no me ha ido...

viernes, 27 de agosto de 2010

Amigos...

Amigos. Muchos se hacen llamar amigos. Pocos son los que merecen tal honorable mención. Un amigo se gesta, se trabaja, se consigue a lo largo de muchas horas y muchas vivencias. Pero sobre todo se construye a base de hechos, de actitudes, de acciones, al fin y al cabo. Cuando las cosas van bien, cuando todo marcha, cuando no se divisa en el horizonte atisbo alguno de preocupaciones o problemas, los amigos son como las setas, nacen, crecen y se multiplican por doquier. Sin embargo, cuando las cosas se ponen feas, cuando ese horizonte se llena de nubarrones y relámpagos, son muchos los que se disfrazan de ratas y abandonan el barco los primeros. Pero los hay peores. Existen algunos que antes de abandonar tu barco, se dedican a ampliar esos boquetes por donde estas haciendo aguas. Por tanto, en esos momentos, cuando ves que todo se va a pique, es cuando realmente descubres cuáles no tienen careta, sino que son tal y como se muestran, trabajan codo con codo junto a tí, y reparan mejor que tú esos boquetes por los que se te escapa la vida misma.
Por tanto, vigilad bien a quién escogéis como amigos, porque las ratas son una especie, por desgracia, muy numerosa en este planeta, y los amigos, una especie en peligro de extinción.
Y sobre todo, nunca os dejeis engañar por palabras que suenan honestas, pero que esconden grandes mentiras, y se acompañan de un séquito de acciones deplorables.
Por último, y quizá sea lo más importante de todo, sed buenos amigos, sed amigos de verdad, leales, honestos y sacrificados, porque aquel que siembra, siempre recoge.
Gracias, amigos míos.

martes, 24 de agosto de 2010

De vuelta...

Ya estoy de vuelta...de vuelta de todo, me da por pensar a veces, de vuelta de nada, otras muchas. Sin embargo, estoy de vuelta. Ha sido un mes intenso, cargado de emociones, contradictorias la mayoría de las veces, pero emociones al fin y al cabo, que nos van modelando como las manos del alfarero a la arcilla. Mentiría si digo que no cambiaría nada de lo que he vivido, pero también mentiría si afirmo que no he aprendido nada de todo lo que ha acontecido en este verano.
Por tanto, sólo me queda agradecer a todos aquellos que han hecho posible esta montaña rusa de sensaciones, visitas, locuras y sinsabores.
Sólo me queda decir que lo he vivido, y que seguiré viviendo muchas más aventuras, contigo o sin tí, aunque me siga faltando algo constantemente.
Pues eso, de vuelta de meigas, conxuros, queimadas, amaneceres y lágrimas.
De vuelta para seguir viviendo y creando, y tal vez, algún día, para seguir creyendo.
De vuelta.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Los vivieron unidos

"Por desgracia, mi capacidad de moldear su pasado no me ha permitido alterar esa parte de los años que les aguardaban después, años mucho más oscuros y terribles que lo aquí narrado, años que terminarían por alcanzarnos a nosotros. Pero, de cualquier modo, los vivieron unidos".


Nacho Guirado, párrafo final del libro "La lista de los 14".

Me voy...pero te juro que mañana volveré...

Marcho unos días a Asturias y Galicia...para que entre musas, meigas, conxuros y sidriñas, y un poquito de pulpo, claro, pueda traer a la vuelta algo merecedor de plasmarse en este muro para que lo lea...¿alguien?

domingo, 8 de agosto de 2010

Escribir por escribir

Para cuando no se tiene nada que decir, pero se quiere decir todo, y todo eso, y más, queda corto. Para cuando quiero gritar, pero que nadie me escuche, sólo que me oigan, que sepan que estoy aquí. Para cuando las heridas vuelven a doler, como las articulaciones con los cambios de tiempo, y me apetece gemir de dolor.
Para cuando no tengo a nadie a quien decirle todo lo que no quiero decir.
Para cuando me siento solo. Para cuando me siento triste.
Para cuando siento estar perdiendo el tiempo.
Para cuando creo que he perdido la ilusión.
Para cada uno de esos momentos.
Para cuando te echo de menos.
Para este momento, en el cual siento todos esos momentos reunidos en uno.
Para eso escribo por escribir, para eso.

lunes, 2 de agosto de 2010

La brevedad de lo eterno, la eternidad de lo breve

Este es mi primer (y no sé si último, espero que no) relato corto, quizá sin sentido, quizá con todo el sentido del mundo. Invito a todo aquel que pase por aquí a leerlo, y aunque no lo entienda bien (probablemente solo haya un par de personas o tres que lo entiendan en su totalidad), que pare un momento y sienta lo que esto le transmite, mucho o poco, cosas felices o tristes, lo que sea, con eso, si una sola persona lo hace, seré feliz (al menos un poco) Espero que os guste (u os parezca una soberana mierda, pero que no os deje indiferentes).

"Bajaba los peldaños de tres en tres, o de cuatro en cuatro, desafiando a la gravedad y al azar, que a veces hace que demos con los huesos en el suelo. Bajaba como si cuando llegara abajo ya no estuviese la calle, como si la fuesen a recoger, y tuviese que esperar al día siguiente. Por fin vio la luz entrando en su portal, y se cruzó con ella, y con el propio portal, y desembocó en el río de gente que navegaba aquella fluvial calle, curiosamente vacía de coches en ese momento.

Al principió no miró a nadie, porque tampoco nadie le miraba a él. Pero pasado un tiempo eso fue precisamente lo que le llamó la atención. Nadie le miraba, era como si no existiese. ¿Es que esa gente no tenía alma y no eran capaces de ver su maltrecho estado?

Aflojó algo el paso, quizá pensó que se encontraba algo mejor. Sin embargo, y cuando menos lo esperaba, le encontró la noche, o la encontró él a ella, no sabría decirlo bien. De repente, como por embrujo, la gente había desaparecido, y se encontró caminando solo, extrañamente solo, dolorosamente solo. No, quizá no se encontraba tan bien después de todo.

También de repente comenzó a llover. Al principio sólo parecía una amenaza, un aviso para tomar otro camino y regresar a la cordura del hogar y de las cosas del día a día. Pero él, valiente, tonto o desesperado, continuó caminando, sin saber muy bien a dónde se dirigía y qué iba a encontrar allí.

¿Quizá el pobre iluso pensaría que iba a encontrar todo en su sitio y que en ese momento sanarían sus males? Quién sabe, se decía una y otra vez.

Pero el aviso dejó de ser tal para convertirse en una furiosa tormenta que no tenía pinta de amainar en unas cuantas horas, quizá días, quizá meses.

Sin darse cuenta estaba completamente calado, por dentro y por fuera, y por raro que parezca, aquella era una lluvia extrañamente cálida, con ligero regusto a salado. A salado quizá de las aguas del mar que alguna vez vio y disfrutó, a salado de aquel sabor que dejó ese sudor que tanto recordaba. Pero no, era un salado con matices amargos, muy amargos.

Apretó entonces el paso, sin destino fijo en mente. Perseguía sombras que no le llevaban a ningún sitio, o, paradójicamente, siempre le devolvían al mismo lugar desde el cual partía.

A su cama, vacía, fría y algo burlesca, pareciéndole inmensa y recordándole que allí él era el rey, el único rey, el más solitario de los reyes. Y de nuevo bajaba volando, de nuevo la calle, las gentes, la soledad, de nuevo la lluvia salada y cálida, de nuevo las sombras y el regreso al punto de inicio.

Un día, sin saber muy bien cómo, la sombra quedó quieta mientras el llevaba a cabo su particular y ya conocida persecución sin sentido.

La sombra parecía reír, pero no sabría decir si era una sonrisa pícara, irónica, risueña o quizá tan falsa como la que él ya llevaba tiempo practicando ante tanta gente.

La cuestión es que por más prisa que se daba, más lejos parecía estar la sombra, aunque esta no hiciera el menor esfuerzo por dar un solo paso.

Sin embargo, el decorado cambiaba continuamente, hasta que el lisérgico viaje pareció dar con un final. Se detuvo, mirando alrededor, y comprobó, algo sorprendido, que se encontraba en una estación de tren muy vieja. De nuevo fluyeron recuerdos traidores y desalmados, que le trajeron a la memoria historias pasadas, viajes perdidos en el tiempo y la grata compañía de la cual ya no quedaba nada.

Sin saber bien de dónde procedía, escuchó el inconfundible sonido del tren que se detiene, soltando gases por sus torturados frenos, y haciendo gritar el metal contra el metal para dar fin, al menos momentáneamente, al viaje eterno que da sentido a la vida del propio tren.Y allí vio entrar a la sombra, sentarse junto a una ventana, y aún con esa incierta sonrisa, mirarle, decirle adiós con la mano y perderse, junto con el tren, en la oscuridad de un túnel que llevaba a ninguna parte.

Y allí se quedó, con los brazos colgando, la lluvia (incluso debajo del falso refugio del tejado de la estación, lleno de goteras, como su propio músculo impulsor de vida) cayéndole con una furia inusitada en las mejillas, como si quisiera erosionarlas igual que a la roca de una montaña.

Pero no, él no era ninguna roca, no llegaba siquiera a la consistencia de un algodón de azúcar. Cuando ya estaba a punto de desaparecer, sucumbiendo al vacío atronador que había dejado aquella sombra en aquella estación, y cuando la lluvia comenzaba a convertir sus mejillas en una huella que rememoraba el lugar que éstas habían ocupado, todo quedó oscuro, y en extraño silencio.

De repente, un sonido vagamente familiar le hizo regresar al exasperante mundo de la mañana, y efectivamente, vio como por la maltrecha persiana el sol se colaba en su habitación sin invitación previa. El sonido era el terrible martilleo del presentador de turno del noticiero matinal, alguien había encendido el televisor para sentirse menos solo, o para ver la basura de mundo en el que vivimos desde por la mañana temprano, mientras engaña al estómago con un café y un cigarro.

Instintivamente alargó el brazo, no supo si para comprobar el teléfono móvil, dar la luz del horrible flexo de la mesilla o atinar con un cuerpo a su lado, como había ocurrido en menos ocasiones de las que ahora quisiera recordar a lo largo de aquel tiempo maravilloso que alguien le permitió vivir. Quizá el brazo buscaba todo a la vez, pero de nuevo no tuvo más remedio que darle malas noticias.

El móvil no tenía rastro de ningún interés por parte de nadie en contactar con él, el cuerpo que anhelaba encontrar no estaba allí, ni siquiera un frágil indicio de que allí hubiese permanecido alguna vez, y al dar la luz, comprobó, una mañana más que ella seguía allí.

Desde un bonito marco del Ikea la sombra le sonreía, le miraba con aquellos ojos tan especiales, y le decía sin despegar un solo milímetro los labios “sí, me voy, ahí te quedas, con tu lluvia salada y tu móvil vacío”.

Y de nuevo a trasegar por una día yermo sin otra motivación que pasarlo, sabiendo que a la noche volverá a bajar las escaleras de tres en tres, o de cuatro en cuatro, abrazado a la foto de una sombra, y bajando escaleras de no sabe bien dónde, porque incluso el pobre desgraciado vive en un bajo…"