De sabios es reflexionar...



"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta", solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán".

Frodo Bolsón, citando a su tío Bilbo.
El Señor de los Anillos. J.R.R. Tolkien

miércoles, 25 de marzo de 2015

Primavera

Me invitaste a compartir tu compañía,
y aun recuerdo algún detalle, quizá dos,
dos bebiendo en aquella casa vacía,
dos bailando como un pato en tu salón.

Y la tarde se fue yendo en un suspiro,
discutiendo sobre música y alcohol,
me ganaste alguna apuesta y varias uñas,
¿como quieres que ahora toque está canción?

Primavera  comenzabas con desgana,
21 casi ausente de color,
marzo llueve algunas veces en mi cama,
y la lluvia me recuerda tu calor.

Y aunque se que aquello fue solo un momento,
que mañana me dirás que fue un error,
se me han roto un par de muebles aquí dentro,
y no logro desprenderme de tu olor.

Despreciamos el reloj y la cordura,
y la brújula marcaba tu colchón,
y tu boca fue la más dulce locura,
el error más bello fue tu habitación.

Y aunque se que esto me va a doler un tiempo,
porque tu vienes de Marte, yo de Orión,
cuentan que ya han visto mis naves ardiendo,
fue tu guerra quemando este corazón.

Y a tu lado no dormir, pensando,
que la suerte me sonríe, y el olor,
de tu cuello, de tu espalda, estoy soñando...
Primavera que florece en mi balcón.


lunes, 16 de febrero de 2015

El Local

Llevábamos varias horas andando por la ciudad. De hecho, nos parecieron años. El último sitio donde estuvimos fue genial. Música de todo tipo, copas no muy caras, ambiente muy agradable...éramos como de la familia.
Hasta que llegaron aquellos extraños. Parecían buena gente, simpáticos, graciosos...pero poco a poco se fueron adueñando de todo el local...y no nos quedó otra opción más que marcharnos, invitados gentilmente por el dueño. Allí no había sitio para nosotros, gracias a los recién llegados.
Como decía, caminamos, recorrimos avenidas y callejuelas, preciosas e iluminadas, oscuras y poco cuidadas, y dejamos a ambos lados multitud de sitios nuevos y viejos, distintos, muy atractivos...o todo lo contrario. No entramos en ninguno. No eran de nuestro estilo.
Tras mucho andar, comenzamos a preguntarnos... ¿cuál es nuestro estilo? Nada de lo que veíamos nos gustaba, nada nos animaba a acercarnos, la calle nos parecía más atractiva, continuar andando, libres, sin rumbo fijo, a donde los pies nos llevasen.
Sin embargo, tras la esquina menos pensada, en el lugar más insospechado, lo vieron. Era un lugar llamativo...aunque no extravagante. Sin duda, era bonito, muy bonito. Y diferente. Lo que había en el interior...era una incógnita. Estaba cerrado a cal y canto, hermético tanto para entrar...como para dejar escapar a nadie.
No sabemos bien por qué, pero no lo pensamos, nos acercamos, como atraídos por la misma luz que atrapa a las polillas de manera irresistible e irremediable.
Y de manera inesperada, una puerta se abrió ante nosotros, invitándonos a  pasar. Nos miramos unos a otros, atónitos. Dudamos de que se estuviesen dirigiendo a nosotros. Pero sí, así era. Obviamente, pasamos sin mirar hacia atrás.
El lugar parecía aún más bello por dentro. Todo lo que veíamos nos agradaba, nos recordaba a algo, o tenía algo que ver con nosotros...o era justamente lo contrario a nosotros. La música era muy buena, la bebida de calidad, la gente era muy divertida... Fuera como fuese, aquel sitio nos encantó.
Por supuesto, volvimos. Todas las veces que pudimos...o que nos dejaron.
Aquel sitio, a la par que bello, era muy  peculiar. El lugar estaba dividido en, al menos, dos compartimentos bien separados por anchos muros y una estrecha puerta, bien custodiada por dos fieros "gorilas" de la noche. Nosotros sólo podíamos acceder al primero de estos compartimentos, el que estaba más cercano a la puerta de entrada. Intentamos entrar al segundo compartimento, pero aquellos custodios de la estrecha puerta nos dejaron claro, desde el primer momento, que aquel no era nuestro lugar, que ese día no íbamos a entrar...ni ningún otro día. 
A través de unas pequeñas ventanas, de cristales ahumados, adivinábamos qué se podía esconder tras aquella puerta. Más bien intuíamos, o imaginábamos. Nada más.
Seguimos volviendo, una y otra vez. El sitio nos gustaba cada vez más...pero siempre nos íbamos a casa con una extraña sensación de que nos faltaba algo. La atracción que ejercía sobre nosotros aquel reservado cada día era mayor. Queríamos entrar a toda costa, sin embargo, teníamos miedo a que aquellos dos gigantes nos partieran la cara y nos prohibieran la entrada siquiera a aquel primer compartimento más cercano a la entrada.
A fuerza de costumbre, nos habituamos a disfrutar del local, pero siempre con el miedo de querer ir un paso más allá...de volver a intentar acceder al reservado. Unos nos decían "disfrutad de lo que podáis, y olvidaos de ese otro sitio", otros nos insistían "tenéis que atreveros, tenéis que seguir intentándolo", algunos, quizás más realistas, quizás más pesimistas, nos animaban a desistir, a buscar otros locales donde no tuviéramos vetada la entrada a ningún apartado.
Pero a nosotros nos gustaba aquel local. Desde otros sitios nos invitaban, nos animaban a entrar, nos ofrecían jugosos descuentos y atractivas ofertas. Pero aun así, no podíamos dejar de pensar en aquel lugar, que nos había cautivado desde el momento en el que lo vimos. Que nadie se equivoque. No somos tontos. Sabíamos perfectamente que aquello, en algún momento, tenía que acabar. Sin embargo...probablemente éramos una buena pandilla de cobardes. Teníamos miedo a enfrentarnos a aquellos gorilas pendencieros que nos impedían la entrada al reservado que tanto deseábamos. Pero teníamos aún más miedo a perder toda opción de volver a aquel maravilloso local, de dejar de disfrutar de lo poco (o mucho, según se mire) a lo que teníamos acceso.
El tiempo pasaba, las visitas al lugar se repetían...pero nada cambiaba.
Mil y una veces nos juntamos entre todos, para reunir fuerzas y tumbar a aquellos matones. Dos mil  y una veces nos conjuramos para no volver nunca más a aquel sitio. Nunca hicimos ni una cosa, ni otra.
Y aquí estamos, sentados en este banco de este parque, cerveza en mano, reunidos mirando al cielo, pensando en que a menudo, lo que podemos hacer, lo que queremos hacer y lo que debemos hacer, suelen ser tres cosas bien distintas.
Y mientras pasa la tarde en el parque, quién sabe, lo mismo el local ha sido traspasado, alquilado, vendido a un buen comprador...o unos nuevos extraños están llegando para atreverse a lo que nosotros no...
Seguiremos pensando...o nos iremos a casa, que vienen nubes, y parece que va a llover.

jueves, 1 de enero de 2015

The Start

No quería escribir sobre el final. Los finales son cierres, no dan lugar a réplica. Prefiero escribir sobre principios.
Hoy ha comenzado un nuevo ciclo, un nuevo manojo de oportunidades, esperando a ser tomadas...o perdidas.
Atrás quedó un año largo,intenso, y en líneas generales,muy positivo.
Viajes magníficos (España, Francia, Escocia, Inglaterra, País Vasco -oh wait...eso es España aun,creo-), muy buenos momentos, conciertos, canciones, historias...y sobre todo, personas.
Un buen amigo trajo desde Londres un grato regalo, en forma de inglés veinteañero. Un nuevo fichaje para el club, con el que recorrimos parte de España, comimos, bebimos, reimos y aprendimos. Acabaríamos reencontrándonos en Londres, como no podría ser de otro modo. Y este año seguiremos escribiendo nuevos capítulos.
Y cuando el verano moría, la más afortunada de las casualidades hizo que otra persona, como siempre digo, diferente y especial, entrase en mi vida una noche de fiesta, para, según parece, quedarse por un tiempo...largo, espero y deseo.
Sólo con esos dos nuevos aportes, el año me deja un balance muy positivo.
En este año que hoy arranca, confío en seguir trazando caminos, con los nuevos viajeros de mi tren, y cómo no, con los que ya son viejos pasajeros. Algunos desde que el tren estaba apenas estrenado, otros desde hace menos tiempo...pero viajando igualmente en mi vagón de primera clase. Vosotros sabéis quienes sois...no daré nombres.
Dejo atrás el año de mi completa recuperación, de recibir el "alta" definitiva, contrastada y constatada. Aunque siempre quedarán las cicatrices, las heridas ya no existen, ya no duelen, ya no están. Y ahora vuelvo a estar completamente dispuesto para la lucha. Para volver a matar...o morir, tantas veces como hagan falta.
Comienza el año de la Esperanza, de dejarse ilusionar con lo que venga, de pelearlo si es menester y vale la pena, de recomenzar a vivir plenamente.
Porque al final los años no son buenos o malos...somos nosotros quienes los construimos día a día.
Por todo esto...ánimo, suerte...y esperanza para todos los que estéis leyendo esto.
Feliz 2015...comienza el viaje...

domingo, 16 de noviembre de 2014

London week, day 6. The End.

Último día. Últimas horas para exprimir Londres, para beber de sus calles y regalarse los ojos con sus maravillas. Este día siempre es agridulce. Despiertas en esa ciudad única, pero sabes que no dormiras allí, que despertarás lejos al día siguiente. De todos modos, hay que intentar olvidarse de ello por unas horas, y aprovechar cada segundo que resta hasta subir al tren que nos despierte de este sueño.
Así que lo mejor para alejar la melancolía es agarrarse a la rutina. Desayuno contundente, como las mañanas anteriores, y a patear. Hoy el destino principal fue el Imperial War Museum. A través de Vauxhall Bridge, siguiendo por Albert Embankment hasta Lambeth Bridge, y de allí sumergirse en el barrio de Lambeth hasta llegar al museo. Tras un par de años esperando la remodelación de este, en justicia diré que ha quedado peor de lo que estaba. Sigue siendo espectacular, muy visual y llamativo. Aviones colgando del techo, carros de combate en los pasillos, baterías antiaéreas, objetos impregnados de la historia de cada una de las guerras que Reino Unido ha librado, el impresionente y sobrecogedor museo del Holocausto...Una experiencia que hay que probar en esta ciudad, sin duda. Pero para saborear el día del regreso, se queda corto. Así que hemos decidido volver a los lugares por los que hemos pasado todos estos días, no para despedirnos, sino para recordarles que nos veremos en unos meses. Westminster Bridge, Parliament Square, White Hall, Trafalgar, Picadilly Circus, St. James Park, Buckingham Palace...los órganos vitales de esta maravilla hecha ciudad. Comida en Victoria Station,recogida de las maletas...y tren rumbo Gatwick. Y después...vuelo a Barajas, y finalmente llegada a Madrid. Este día sabía que tenía que llegar, y aunque no lo hace más llevadero, mi sabio compañero de kilómetros, acertadamente, me ha dicho que para que comience la próxima vez, primero ha de acabar esta. Y así es. Ya tenemos en mente próximo destino, probablemente y si todo funciona, Gales.
Pero hoy toca poner punto final a estos 11 increíbles días. Días de castillos increíbles, paisajes indescriptibles, noches de whisky y risas, comidas horrorosas y horas de coche maravillosas, aviones con retrasos y reencuentros extraordinarios, metros,kilómetros a pie, trenes y autobuses,discusiones filosóficas y chistes chuscos...En fin.
Sólo puedo dar las gracias a todas y cada una de las personas que se han cruzado conmigo en esta semana y media. A los escoceses que me enseñaron a beber whisky y a diferenciar el gaélico escocés y el irlandés,al holandés errante que compartió un capítulo de su viaje con nosotros, a las nuevas personas que hemos conocido gracias a Mike en Londres, a Carlos por acompañarnos en los días finales de esta aventura, a Mike por hacer el esfuerzo de venir desde Cardiff en un viaje relámpago para compartir unas horas con nosotros, y sobre todo, a mi compañero, amigo, consejero y maestro en estas lides, Don Oskar Campillos, sin el cual, estas aventuras no hubiesen tenido lugar. Nunca te agradeceré suficientemente aquella comida en el Vips hace ya 4 años...gracias compañero.
Pues bien...llegado el momento,el objetivo está cumplido. Me siento más sabio, más rico espiritual, cultural y humanamente, y creo haber crecido como persona en estos pocos días. Y al final es de lo que se trata. Cada uno de estos viajes ha de cambiar un poquito tu vida.
Y ahora sí...toca poner las dos palabras de cierre...THE END...¡por esta vez!

sábado, 15 de noviembre de 2014

London week, day 5. Despedidas

Hoy el día comenzó más tarde de lo usual. Pero igual rutina. La echaré de menos, probablemente. Buen desayuno, y a patear Londres, no hay mejor plan. Metro de Victoria a St. John's Wood. Paseo por Abbey Road, calle donde se encuentra el, probablemente, más famoso paso peatonal en Londres. The Beatles lo inmortalizaron.
Después, paseo de nuevo, muy agradable, ya que el tiempo nos está respetando de una manera inusual, hasta Pimrose Hill. Por el camino, dejamos atrás maravillas centenarias como Lord's, estadio de cricket de 200 años de antigüedad, o Regents Park. Desde Pimrose Hill disfrutamos de una de las vistas más espectaculares sobre el skyline londinense. Lugar con toque mágico, sin duda alguna. Y tras este respiro en el camino, rumbo a Camden Market. Lugar ecléptico, cosmopolita e indefinible donde los haya. En este mercado puedes encontrar prácticamente cualquier cosa, desde una guitarra española a un traje gótico, pasando por juguetes eróticos fluorescentes... Precisamente aquí, en la puerta de una de las tiendas más extrañas que he visto nunca (Cyberdog, invito al lector a descubrir por qué, sólo diré que esta tienda tiene gogos bailando en jaulas), nos encontramos con Mike y Roberta, y degustamos un exquisito menú chino take away de 5 pounds, me aventuraría a decir que nada saludable, pero muy reconfortante. Tras reponer fuerzas, poco desgastadas hoy, cogimos rumbo sur, hacia King Cross. Otro lugar que quedará para la posteridad en la cultura cinéfila y bibliófila. Desde esta estación parten los trenes hacia Howarts, escuela de magos que nació en la imaginación de una escritora en Edimburgo...J.K. Rowling. Quizás les suene...
Concretamente el tren parte del andén 9 y 3/4. Aquí mi amigo inglés y yo hemos disfrutando de una sesión de photocall intentando atravesar el muro infranqueable para muggles. Frikismo puro...¡pero muy divertido!
Desde aquí, rumbo a mi querido centro, pasando por el British Museum, Soho Square y Gerard street (Chinatown). Tras "disfrutar" de un espectáculo callejero en Leicester Square y contemplar por última vez las luces de Picadilly, nos vamos despidiendo de Traffalgar square, White Hall y Morphet Arms. Pero sin pena. Sabemos que en poco tiempo, volveremos. Porque esta ciudad va siendo cada vez más nuestra...o en justicia, nosotros vamos siendo más suyos. Nos unimos a Miriam y una amiga nueva, Flor, en un pub en nuestro "guetto" londinense, cerca de Pimlico. Hemos compartido cervezas, consejos y risas como podríamos hacer cualquier noche fuenlabreña. La normalidad, entendida como saber disfrutar de lo cotidiano, se va apoderando de nosotros poco a poco en esta ciudad. Y es un sentimiento maravilloso. Quizá algún día sea completa esta cotideaneidad.
Acabamos el día en el punto de partida, Victoria Station. Pero aquí llega el momento agrio del día, del viaje. Nos despedimos del que ya podemos considerar un viejo amigo, dear Mikey. Y de nuevas personas que, de un modo u otro, han entrado en nuestra vida, quién sabe por cuanto tiempo, gracias a Mike y a esta increíble ciudad, Roberta y Miriam. Victoria encierra momentos de gran alegría, cada vez que ponemos nuestros pies en ella, y de agria despedida, cada vez que subimos a un tren rumbo a Gatwick.
Pero eso mañana, afortunadamente todavía nos queda medio día por disfrutar...asi que por supuesto, To be continued!!!

viernes, 14 de noviembre de 2014

London week, day 4. Muchos encuentros.

Hoy el día ha sido muy largo. Basta ver la hora a la que escribo esto, y decir que comenzó a las 8 am. El título de la entrada de hoy es perfectamente descriptivo. Sobre las 9:45 llegó nuestro tercer compañero de aventura, aunque se incorpore a los últimos acordes de esta. Carlos, hermano de Oskar, voló hoy desde Madrid para compartir con nosotros estos dos días y medio que nos quedan. Mejor dicho, que nos quedaban. Hoy sólo queda uno y medio. Nuestro primer destino, Westminster Pier.  A través de Millbank, Albert Embankment y Westminster Bridge llegamos al muelle para coger barco rumbo a Greenwinch. Pensé en titular hoy el día "along the river", ya que el Támesis hoy marcó nuestro camino, por voluntad nuestra...y sin preveerlo. Como siempre, el paseo a lo largo de este río es impresionante, dejando estampas a cada metro que se avanza. Saint Paul a la izquierda, Tate Modern y The Spire a la derecha, Tower of London y Tower Bridge más adelante, Canary Wharf de fondo...y finalmente Greenwinch. Lugar donde el mundo se separa, el este y el oeste se oponen más gráficamente que en cualquier otro sitio, y debes poner en hora tu reloj de la manera más exacta posible. Tras subir al observatorio y disfrutar de la vista que este lugar ofrece, comienza nuestra peregrinación a pie. Un nuevo Londres, el enésimo distinto, a estas alturas de viaje, nos acompaña los primeros kilómetros. Zonas de marcado caracter industrial nos dirigen hacia "The Den", último estadio, al menos por esta vez, que nos resta por tachar de la lista. Casa del Millwall, equipo obrero de la capital, inmortalizado en la película "Green Street Hooligan", hace las delicias de Carlos, fan declarado de dicho equipo, aunque sea desde la distancia.
Continuamos ruta hacia nuestra siguiente parada, después de las compras y fotos pertinentes. Tras otro manojo de kilómetros, nos internamos en el Borough Market, tras dejar atras Tower Bridge. Los olores que deambulan en este mercado nos recuerdan que nos hemos ganado un buen bocado. Y nada mejor que un buen bocadillo de cerdo asado a fuego lento, marinado. Y después de calmar el hambre, seguimos caminando por la orilla del río, paseando por lugares tan emblemáticos como The Globe, teatro de Shakespeare, cruzando el Millenium Bridge, dejando atras la catedral de St. Paul, continuando por Fleet Street, hasta llegar al mercado de Covent Garden. De ahí, dirección Carnaby Street, para encontrarnos con otro amigo más. Mike, inglés de nacimiento, galés de ascendencia, español de adopción. Amigo que, gracias a Oskar y su don de gentes, conocimos el pasado marzo, y con el cual hemos gastado muy buenos momentos en Madrid, Toledo, Pamplona, San Sebastián o incluso Burdeos. También hemos conocido a unas amigas de Mike, de su etapa en Brighton.
Después de alguna cerveza previa, y ver el encendido de luces navideñas en Carnaby St, estas dos londinenses de adopción (Roberta es milanesa, Miriam es mallorquina) nos han llevado hasta un lugar australiano en Temple, llamado Walkabout, bastante peculiar. Diré que mi cena ha consistido en hamburguesa de canguro. Y que tras disfrutar de varios clásicos en el karaoke (momentazo con Hey Jude, todo el bar cantando a coro), alucinando con el desparpajo de los ingleses ante el micrófono, hemos acabado la noche en lo más alto Oskar y un servidor, destrozando el Fly me to the Moon de Sinatra. Pero disfrutándolo como críos. En fin, venir a Londres y acabar dándolo todo en uno de sus karaokes...
Tras la minifiesta, paseo entre las luces de la City de fondo, el parlamento a nuestra derecha, y por fin,tras tantas y diversas emociones, el merecido descanso. Peculiar, ya que tenemos polizón en la habitación hoy, Carlos ahorrará una noche durmiendo en nuestro confortable suelo.
Mañana, mi querido Camden...to be continued!!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

London week, day 3. Contrastes.

Hoy ha sido un día sorprendente. Creo que es la palabra que mejor lo define. Tras un buen desayuno, sabiendo que hoy esperaba una buena caminata, hemos paseado bajo la lluvia a través de Parliament Square, para recorrer todo White Hall, y coger el metro en Charing Cross. Rumbo norte, hacia un nuevo destino, desconocido para mí hasta ahora. Archway es la parada más cercana al cementerio de Highgate. Sí sabía de la existencia de este lugar, gracias a uno de los mejores libros que he leído, y que por supuesto se encuentra entre mis favoritos. Me refiero al mundialmente famoso Drácula, de Bram Stoker. En este cementerio entierran a la preciosa Lucy Westenra, para después tener que acabar con su segunda "vida", convertida al vampirismo, a base de estaca y ajo.
El lugar encaja a la perfección con esta novela. Es la plasmación real del romanticismo literario, hecho cementerio. La naturaleza, más viva que en ningún otro lugar, y la ritualización de la muerte, se abrazan mutuamente aquí. Las hiedras cubren las lápidas centenarias, y el cementerio se hace bosque, o el bosque se convirtió en cementerio. Destaca en este camposanto la tumba de una figura importante en el siglo XX, con independencia de si se está de acuerdo con sus planteamientos o no. Hablo de el filósofo Karl Marx. Pero él no es el protagonista. El protagonista es Highgate.
Continuamos nuestra mañana novedosa adentrándonos en el vecino parque de Hampstead Heath.
Cuesta definirlo como parque, porque realmente se trata de un bosque, en la completa extensión de su definición. Y cuesta aun más entender esta maravilla natural enmarcada dentro de una de las ciudades más bulliciosas del globo. Pero así es, Londres siempre guarda alguna sorpresa para quién la busca. Pasear por sus caminos, enmoquetados de hojas de roble gracias al otoño, sentir que detrás de cada árbol podría acechar un ladrón medieval, un ciervo, un lobo...Es difícil describirlo.Al final del camino, la mansión Kenwood premia la constancia del caminante. Algunos podrán recordarla, rememorando varias escenas de Notting Hill. Precioso lugar, rodeado de un paisaje aun más espectacular.
Deshaciendo el camino, abandonamos este remanso de paz y naturaleza, y regresamos de nuevo a la jungla, a la de asfalto y humo.
Tras una comida bien merecida, tomamos el metro, con rumbo aún más al norte.
Nuestro nuevo destino es la estación de Seven Sister. Curioso nombre, del que desconocemos el origen. Llegamos a este barrio, tan alejado del centro londinense, para tachar otro estadio de nuestra lista particular. En este caso, es White Hart Lane, feudo del Tottenham Hotspur. Buen equipo, pero estadio, por qué no decirlo, feo. Pero para poder decirlo, hay que haber estado allí. Nosotros lo hicimos, derecho ganado.
El paseo entre la estación y el estadio nos ha servido para descubrir lo que hemos denomidado el Harlem londinense. Un barrio de mayoría negra y musulmana, donde la gente hace vida corriente a diario, donde los turistas son algo prácticamente inaudito, y donde la mezcla cultural se hace muy patente. Siempre hay algo nuevo por descubrir aquí.
Finalmente, metro directo hasta Victoria, y pronto al hotel a descansar, que el día fue duro.
Mañana tenemos más kilómetros aun.
Pero hoy el día fue excelente. Descubrimientos, contrastes,novedad y asombro. Es Londres.
To be continued...of course!!