De sabios es reflexionar...
viernes, 30 de diciembre de 2016
Bateaux Mouches
Un año más...No, nada más lejos de la realidad. No es uno más. Ni siquiera es uno de los mejores.
Es EL AÑO. Con mayúsculas.
Hace ahora unas 52 semanas, andaba sumido en dudas, en miedos y en crisis. Llegaban los 30, no avanzaba en nada...las patas de mi taburete flaqueaban...nada parecía ir como debía. Todo cambió un 9 de enero. Las mejores cosas son las que no se piden...y yo de verdad que no le pedí nada a los reyes magos. Esto...me encontró...y comenzó en la mejor ciudad de este país...no podía ser de otro modo. Mi querido Toledo.
Desde entonces...podría decir que mi vida ha cambiado, que ha mejorado...mentiría. Mi vida es otra. Abril será mi segundo mes de cumpleaños, el 29...el día señalado para soplar velas.
Y desde entonces...pues no puedo ni debo describirlo, porque las palabras no harían justicia.
En cualquier caso, este último viernes del año...no reflexiono. Sólo recuerdo y agradezco. Grandes cosas han pasado, amigos que han decidido dar pasos de gigante en sus vidas, o que buscan su camino. Pero que siguen en el mío, aunque a veces lo duden, y yo no sepa hacerlo visible. Llegadas de nuevos renacuajos a los que querer y cuidar en los ratos que me quedan. Descubrir que de lo que creías saber...no tenías ni idea. Y dejarme enseñar...y maravillarme aprendiendo y sintiendo como si fuese la primera vez. Porque es la primera vez...aunque no lo sabía. Y viajar...siempre viajar. Esta vez de una manera nueva y distinta...pero tan maravillosa...que también sería dificil explicarlo. En fin...no se por qué...pero la cabeza me lleva involuntariamente a un paseo por el Sena en bateaux, en pleno diciembre. Un frío glaciar por momentos. Y sin embargo...felicidad. Por lo que me rodea...sí, en parte. Pero sólo momentáneamente. La felicidad viene de mi lado, derecho concretamente. De quien me acompaña...me acompaña, me guía y sobretodo, me ilumina. Esto ha sido este año...luz. Luz en las sombras que tenía, limpieza de telarañas...y vivir...y vivir de verdad.
Porque al final...todo se reduce a 3 palabras...y ella las encierra todas. Y ella llegó el 2016...asi que siempre recordaré este año...y le estaré eternamente agradecido. ¡Ah, las 3 palabras!
VIDA, LUZ...y AMOR.
lunes, 21 de noviembre de 2016
Tu Otoño
Hace un tiempo escribí una canción...se llamaba el otoño. Y su última frase decía "puede que el tiempo traiga un otoño mejor". Nada más real, nada más acertado. Este, el de hoy, es el bueno, el de verdad. El que siempre había esperado. Felicidades pequeña, este es Tu Otoño.que no quieres leer,
que te duelen mis canciones, mi pasado.
Que te cuesta creer, que eres todo para mí, que te asusta,
que me vaya de tu lado.
y esta vez me has de escuchar,
que este otoño es el que yo siempre he esperado.
Que yo siempre te soñé, que vivo pensando en ti, que al fin encontré a quien siempre había buscado.
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
mi pequeña, has de saber,
que si canto cuando se caigan las hojas,
lo haré pensando en ti, tu piel será mi papel, y mi piel será todo lo que tu mojas.
De sudor y lágrimas,
pero de felicidad,
que mi mano sólo escriba en tus caderas,
Que tu luz me guiará, que nunca me alejaré, que convertiste el otoño en primavera.
este otoño es mi regalo,
el otoño más perfecto
que yo nunca he imaginado.
junto a ti estaré mojado
y que el viento del otoño,
no me aparte de tu lado,
Que sólo sople por tí
Que sólo vivo por tí...
¡Que eres todo cuanto amo!
lunes, 29 de agosto de 2016
Una estación
En cualquier caso...el tiempo es oro. A tu lado. Gracias pequeña.
Hace ya algún tiempo, escribí un par de canciones,
hoy he descubierto que entonces me equivocaba,
que primavera y otoño, son sólo dos estaciones,
hojas de algún calendario, tiempo que empieza y acaba.
Hoy hemos inventado una nueva estación,
y podría hacer calor, me da igual que llueva o nieve,
cuatro meses que han volado en los que sólo veo el sol,
mi número favorito ahora es el veintinueve.
martes, 2 de agosto de 2016
Tres
Y con ella...cambió el mundo. Y mi vida.
Tres noches,
Tres noches bastan para sudar alegría.
Tres noches para nadar en tu espalda, para morir en tus ojos, para vivir en tus días.
Y dormirme en tus brazos,
y perderme en tu pelo,
y amanecer en tu cielo,
y en tus pupilas, las mías.
Tres meses,
Tres meses bastan para cambiar una vida.
Tres meses para empezar el camino, para cambiar el destino, para encontrar la salida.
La salida de un largo túnel,
de camas sin alma,
de dudas sin calma,
de letras vacías.
Tres vidas,
Tres vidas no bastan, mi vida.
Tres vidas para decir lo que quiero, para vivir lo que siento, para explicar a quien pida.
Entender lo que escribo,
describir lo que amo,
despertar con tu mano,
sentirme el alma...
más querida.
viernes, 5 de febrero de 2016
Fervorosa, ilustre, calurosa e hidalga felicitación
miércoles, 28 de octubre de 2015
Roma-Firenze Oct. 2015. Día 4. Mucho más que piedras.
Las piernas ya pesan toneladas. Hoy no era día para madrugar, aun así, las 9 llegaron demasiado pronto. En cualquier caso, el último regalo sin abrir de este viaje me estaba esperando, al final de la Via Cavour...desde hace 2000 años. He comenzado mi viaje a través del tiempo en el arco de Tito, puerta de entrada a los Foros Imperiales, para ir descubriendo, paso a paso, a traves de la Via Sacra, todas las maravillas conservadas en este valle que separa el Campidoglio del Colosseo. La Basilica de Magencio, el templo de Vesta y la casa de sus Vestales, el templo de Antonino y Faustina, lamentablemente reutilizado en iglesia barroca, pero afortunadamente también, ya que ello propició que se conservase mejor, la basílica Giulia (del señor Julio César) o la basilica Emilia, y al final el arco de Septimio Severo. En fin...pasear por la cuna donde nació gran parte de lo que somos, imaginar gente en peplum y togas sujetas con el antebrazo, hablar todos en latín...un sitio donde cada piedra transpira historia. Ajustado por la hora de visita al Coliseo, he paseado por el laberinto del Palatino, bastante peor conservado que los foros,donde cuesta imaginar qué hubo allí mucho más. Triste, pues esta colina Palatina es realmente la cuna de Roma, donde comenzó todo lo que llegaría a ser un imperio. Y finalmente, el Anfiteatro Flavio. Comúnmente conocido como Coliseo, por el Coloso enorme de Neron erigido en su lado noroeste. A poco que le pongamos algo de imaginación aderezada por Hollywood, podemos escuchar rugir a las fieras, entrechocar las espadas de los gladiadores y gritar agonizando a los sentenciados. Una sola pega...demasiada gente.
Una vez exprimidos los encantos de la antigua Roma, toda la tarde por delante sin nada concreto que visitar. Comenzar con el Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli no está nada mal. Y un capuccino en la cafetería del altar de la patria en Piazza Venezia también es buena manera de hacer sobremesa, sin duda. De ahí, he seguido el Corso Vittorio Emanuele II, para ir haciendo paradas en otras iglesias con encanto. La primera, El Gesú, donde reposa San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas. La segunda, por motivos personales que no vienen al caso, la Chiesa Nuova o Santa Maria in Vallicella, cuna del Oratorio de San Felipe Neri, y tumba de éste.
Tras anochecerme en esta última, he cruzado el Tiber por Ponte Sant'Angelo, para ir rumbo norte y descubrir el espectacular Palacio de Justicia de Roma. Y finalmente, regreso por mi querida Piazza Navona, Fontana de Trevi (ya no tiene ningún andamio, la abrirán en breve...!tendré que volver a verla!) y Via del Tritone...a Termini. Esto se termina...pero me queda una mañana y poco más. ¡A descansar ahora!
Roma-Firenze Oct. 2015. Día 3. Firenze...única.
Es fácil quedar defraudado si se generan muchas expectactivas. Y las mías con Florencia eran muy altas. Sin embargo, se han visto más que cumplidas.
Hoy tocó madrugar más de la cuenta, para coger el tren en Roma Tiburtina rumbo Firenze St. Maria Novella sin contratiempos. Con una puntualidad más británica que italiana, el Frecciarossa llegaba a la hora prevista a destino. Desde ahí, mi primer intento ha sido ver el famoso David de Miguel Ángel, en el museo de la Academia. La cola que ya cubría media manzana me ha hecho desestimar la visita...y es que siempre hay que dejarse algo, para poder volver. Sumo a ese "algo" la galería Uffizi y su Nacimiento de Venus de Botticeli, por los mismos motivos. Librado de esperas, la primera parada ha sido el Hospicio de los Inocentes, orfanato histórico de Florencia, donde aun conservan la "ventana de entregas", afortunadamente ya tapiada, para dejar en el anonimato a los recién nacidos inoportunos. Desde ahí, mis pasos se han dejado guiar por la omnipresente cúpula de Brunelleschi, hacia la catedral, Santa Maria del Fiore. La belleza exterior de esta catedral, adornada en mármol de los tres colores de la bandera italiana, contrasta con la sobriedad y simpleza de su interior, y resulta llamativo precisamente que no lo sea.
Buscando por tanto algo que sí lo fuese, me he dirigido a la Basílica de Santa Croce. Esta iglesia cercana al Arno guarda tesoros que pocos conocen, a juzgar por la ínfima cantidad de visitantes con los que me he topado. Pero lo más sobresaliente de dicha iglesia son las tumbas de tres genios reconocidos universalmente. Galileo Galilei, acusado, perseguido y finalmente "perdonado" por la Iglesia, tiene aquí su reconocimiento, pese a descansar "eternamente" durante un buen tiempo en una capilla escondida y minúscula de la iglesia, hasta ser trasladado a su lugar actual. Nicolás Maquiavelo, pese a su apellido, tambien encuentra su reposo en esta basílica. Y por último, ayer disfrute de una de sus obras cumbre, en la Capilla Sixtina, y hoy he podido presentar mis respetos en su tumba a Michelangelo Buonarroti. Impresionante también el túmulo (pero no tumba real) a Dante, y la figura precursora que sirvió como modelo para la famosa Estatua de la Libertad de Nueva York.
Una vez finalizada la visita a Santa Cruz, el hambre ha hecho su entrada en escena, y deambulando de un lugar a otro, me he topado con un puesto callejero donde servían "panino con lampredotto". La curiosidad y la buena pinta que tenia el bocadillo me ha hecho degustar uno de los bocados típicos de Florencia. Realmente son callos cocidos con salsa verde y picante, en bocadillo. Callos a la florentina. Muy buenos, y si los comes sentado en la Logia de la Signoria, bajo la estatua de Perseo frente al Palacio Vechio, saben mucho mejor. Con el estomago restaurado, he ido a cumplir con la tradición de dar una moneda de comer al Porcellino, para asegurarme la vuelta a Florencia. Desde ahí, a través de la Piazza de la Signoria y los Uffizi, he desembocado en la orilla del Arno, al que he acompañado hasta el precioso Puente Vechio. Es una maravilla verlo de lejos, con las joyerías adosadas a sus costados, y es un viaje al pasado atravesarlo, imaginando los duelos a florete que más de una vez se habrán librado en él. Una vez cruzado el Arno, los pasos a través del barrio de Oltrarno me han llevado a la casa de los Médici, el Palazzo Pitti. Y desde ahí, siguiendo la ribera sur del Arno, poco a poco he ido ascendiendo hasta la Piazza de Michelangelo.
He gastado un par de horas en ella, y aun me han parecido pocas. Sin nada que hacer, solo disfrutar. Una bolsa de patatas sabor carbonara (hemos de importar esto), 3/4 de litro de Birra Moretti, una guitarra de fondo, y a mis pies Florencia anocheciendo poco a poco. El hechizo estaba hecho. Contra mi voluntad, una vez escondido el sol por completo, he desandado mis pasos, redescubriendo la ciudad de noche, más bella aun si cabe. Finalmente, cumplida visita al estadio de la Fiorentina, Artemio Franchi, he cogido mi tren de vuelta a Roma en Firenze Campo Di Marte. Un día largo...pero inolvidable. Grazie Firenze.
Mañana no viajamos en tren...¡viajaremos en el tiempo!



